Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 14
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Capítulo 14

CAPÍTULO CATORCE

—¿Así que no vio a nadie allí arriba, después del deslizamiento? —le preguntó Lesley al agente Anderson.

Estaba sentado frente a ellas en una vieja silla de madera. La agente Sharman, su compañera, estaba a su lado. Sus voces resonaban en la celda mientras Lesley tiritaba de frío. Alguien había traído un calefactor que no conseguía calentar el espacio.

—No, señora —dijo el agente Anderson—. Allí no había nadie. Era temprano y el tiempo no era bueno. —Miró a la agente Sharman, que asintió.

—Aun así —dijo Lesley—, supongo que habrá excursionistas a cualquier hora y con cualquier tiempo.

—Por lo general, sí —dijo la agente Sharman—. Pero no un miércoles de marzo.

Lesley asintió.

—Normalmente, buscaríamos pruebas de que alguien ha estado allí arriba hace poco.

—Pero dado que los cuerpos llevaban allí tanto tiempo… —añadió Tina.

Lesley la miró.

—Sí. Pero existe la posibilidad de que quienquiera que los enterrara haya vuelto. Si oyeron lo del deslizamiento, puede que hayan querido comprobar que los cuerpos no se habían movido.

—Y sí que lo hicieron —dijo el agente Anderson.

—No habría sido posible que alguien los moviera, con lo lejos que se habían desplazado. Me gustaría saber si se vio a alguien allí arriba. ¿Quién dio parte del corrimiento?

—Samuel Waller —respondió el agente Anderson—. Vive en dirección a Charmouth. Hay una vista despejada de los Spittles desde las ventanas de su casa.

—Vale —dijo Lesley—. Tendremos que hablar con él.

—Es un poco… peculiar.

Lesley enarcó una ceja.

—Lo peculiar no me inquieta, agente.

—No —dijo Anderson mientras le lanzaba a Tina una mirada que pareció de complicidad.

El teléfono de Tina sonó.

—¿Te importa si…?

—Cógelo —dijo Lesley. Se preguntó si sería la madre de Tina para preguntarle a qué hora llegaría a casa para cenar.

—Subinspectora Abbott —dijo Tina, enfatizando lo de «subinspectora». Lesley sonrió: cuatro meses en el equipo de investigación de delitos graves y Tina todavía estaba orgullosa de su logro.

Tina asintió. Puso la mano libre sobre la mesa y tamborileó con las yemas de los dedos.

—Sí, sargento —dijo—. ¿Quieres hablar con la jefa?

Lesley extendió una mano, esperando que le pasara el teléfono.

—Ah, de acuerdo. —Tina colgó el teléfono y se volvió hacia Lesley.

—Era el sargento.

—Eso ya lo he supuesto. ¿Qué ha pasado?

—El superintendente ha dado el visto bueno para que traigamos a la subinspectora Patterson.

—Bien. ¿Y?

—Estará aquí por la mañana.

Lesley miró su reloj: las seis de la tarde.

—Parece que entonces nos quedamos a dormir.

Tina se removió en su silla.

—Mi madre se va a poner loca de contenta.

—Ya —dijo Lesley. Se preguntó si sería de mala educación reservar una habitación en un hotel. Sí. Lo sería. Y Annie Abbott había sido muy amable.

—Llama a tu madre, Tina. Parece que vamos a estar aquí un tiempo.

—Lo haré. La buena noticia es que la subinspectora Patterson va a traer el expediente del caso con ella.

Lesley apretó un puño.

—¿No lo va a enviar por correo electrónico?

—Me temo que no.

Lesley negó con la cabeza.

—¿Cuál es el número de teléfono de esta mujer? Si podemos repasar el expediente esta noche, nos dará ventaja para mañana por la mañana.

—Voy a buscarlo.

—Vale. —Lesley se puso de pie y miró a los agentes—. ¿Puede uno de ustedes ponerse en contacto con el señor Waller y decirle que iremos a verle por la mañana?

—Así se hará —dijo la agente Sharman—. Es madrugador.

—Bien. Quizás podamos hablar con él antes de que aparezca nuestra amiga de Devon.