Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 13
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Capítulo 13

CAPÍTULO TRECE

Elsa Short estaba a punto de salir del despacho cuando llamaron a la puerta. Levantó la vista e hizo un gesto a la persona para que entrara.

Aurelia Cross, su socia en el bufete Nevin, Cross y Short, tomó asiento en la silla de enfrente. Se echó hacia atrás, con los codos apoyados en los reposabrazos y los dedos extendidos. Era la viva imagen de la relajación.

Elsa conocía a Aurelia lo suficiente para no fiarse de aquel lenguaje corporal. Algo iba mal.

—¿Qué pasa? —preguntó.

Aurelia le dedicó una sonrisa irónica.

—¿Y quién dice que no he venido a charlar un rato entre amigas?

Elsa miró el reloj.

—Son las seis y cuarto. Normalmente a estas horas ya te has ido.

—¿Tan predecible soy?

—Soy abogada, Aurelia. Me pagan por fijarme en los detalles. Te vas de aquí todos los días a las seis menos cinco en punto. Vas a visitar a tu madre.

Aurelia se tensó. Se enderezó en la silla y frunció el ceño.

—¿Cómo sabes eso?

—Me lo dijo Harry.

Harry Nevin había sido asesinado por su amante hacía seis meses. Lesley había sido la inspectora a cargo de la investigación y la situación fue de lo más incómoda, dado que la relación de Elsa y Lesley apenas empezaba por aquel entonces.

—Disculpa —continuó—. ¿Se suponía que no debía habérmelo dicho?

—No, no —suspiró Aurelia—. No es ningún secreto. Es solo algo de lo que prefiero no hablar en el despacho.

—Vale. —Elsa observó a su socia—. Estaba a punto de irme a casa. ¿En qué puedo ayudarte?

—No pensaba que tendrías prisa por llegar a casa. Tu novia está en Lyme Regis.

—¿Cómo lo sabes?

—Estoy al tanto de las cosas —respondió con una sonrisa—. En fin, quería hablar contigo de tu cliente especial. —Aurelia hizo el gesto de las comillas con los dedos.

—¿Mi «cliente especial»?

Elsa sabía perfectamente a quién se refería Aurelia.

No les gustaba mencionar a Arthur Kelvin por su nombre.

Aportaba mucho dinero al bufete, pero Elsa sabía que algún día también traería muchos problemas.

Llevaba intentando desvincularse como abogada de Kelvin desde que Harry murió y le cedieron las riendas, pero estaba resultando complicado.

—Me dijiste que habías progresado —dijo Aurelia.

—¿Con qué?

—Ya sabes —respondió Aurelia mientras miraba hacia la puerta.

—No deberíamos hablar de esto aquí.

Elsa sacó el bolso de debajo del escritorio y se lo puso en el regazo. Empezó a meter papeles en él, esperando que Aurelia captara la indirecta.

—¿Vas a darme algún detalle? —preguntó Aurelia—. ¿O me voy a quedar con las ganas?

Elsa se detuvo, con la mano dentro del bolso.

—Todavía no —le dijo a su colega—. Te lo diré cuando esté lista.

—Más te vale. No voy a consentir que arrastren a este bufete por el fango. Ya fue bastante cuando murió Harry.

—¿Estamos más cerca de encontrar a otro socio nominal? —preguntó Elsa.

—No es fácil. La decisión de no ascender a un socio menor de la casa reduce bastante nuestro margen. Bournemouth no está precisamente repleto de gente en la que podamos confiar ahora mismo. —Se inclinó hacia delante—. Y por eso necesito que aceleres las cosas.

Elsa asintió. Sabía que para el bufete sería más fácil encontrar un nuevo socio cuando su «cliente especial» ya no estuviera en su cartera. Había cosas que Harry había hecho para ese hombre de las que sería preferible no informar a un recién llegado. Se puso de pie y se colgó el bolso al hombro.

—Bueno, ¿eso es todo?

Aurelia se levantó y la miró a los ojos.

—Mantenme informada —dijo—. ¿De acuerdo?

—Por supuesto. —Elsa le dedicó una sonrisa amable.

Aurelia refunfuñó y se giró para salir del despacho.