Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 12
11%

Capítulo 12

CAPÍTULO DOCE

Lesley se guardó el móvil en el bolsillo y aceleró el paso. Tina y ella estaban cruzando el aparcamiento de la comisaría de Lyme Regis.

—¿Todo bien, jefa? —preguntó Tina.

Lesley gruñó.

—Era Dennis. La policía de Devon está siendo un verdadero incordio.

—¿Y eso?

—Tienen un caso sin resolver de una pareja que desapareció hace seis años en el sendero costero. No nos enviarán el expediente a menos que incluyamos a una de sus subinspectoras en la investigación.

Lesley miró a Tina, que asentía con lentitud.

—La subinspectora Patterson. ¿Has oído hablar de ella?

—Me temo que no, jefa —dijo Tina—. No he tenido ningún trato con la policía de Devon y Cornualles.

Lesley suspiró. Involucrar a otro cuerpo de policía complicaría las cosas. Sabía que a Carpenter le molestaría.

Pero la realidad era que la escena del crimen estaba a menos de cuatro kilómetros del límite con Devon. Era muy probable que aparecieran pruebas al otro lado de esa línea. Quizá tuviera sentido involucrar a esa mujer.

—Tendré que hablar con el superintendente —dijo—. No le veo ningún problema, pero...

Tina le lanzó una mirada.

—¿Crees que el superintendente no lo aprobará?

Lesley puso la mano en la puerta de la comisaría. La abrió y le hizo un gesto a Tina para que entrara primero.

—Si te soy sincera, Tina —respondió—, no tengo ni puñetera idea de lo que dirá el superintendente Carpenter.

Tina sonrió y entró, satisfecha de no tener que lidiar con líos políticos entre cuerpos policiales.

Dentro las esperaba un joven de pelo oscuro bien peinado, con un rostro que parecía curtido por los elementos.

—Agente Anderson —dijo Lesley—, gracias por reunirse con nosotras.

—No hay de qué, señora.

—Necesito saber más sobre lo que su compañero y usted descubrieron esta mañana. ¿Podemos hablar? —dijo.

—Claro, señora. Iré a buscar a Wendy. Podemos usar el calabozo número dos.

—¿Un calabozo? —preguntó Lesley—. ¿Acaso no tienen una sala de reuniones?

Al agente se le tensó la mandíbula.

—Lo siento, señora, la sala de reuniones está en obras. Hubo una gotera en el techo. El único espacio privado son los calabozos, y el primero está ocupado.

Lesley miró a Tina, que se encogió de hombros.

—De acuerdo —le dijo—. Lléveme a sus calabozos.

Lesley estaba a punto de seguir al agente hacia los calabozos cuando la puerta a su espalda se abrió y una mujer entró como un torbellino.

—¡Tina! —gritó, abalanzándose sobre la subinspectora Abbott.

Tina se giró y sujetó a la mujer.

—¡Mamá! —La apartó—. Estoy trabajando.

La mujer soltó a su hija y se volvió hacia Lesley.

—Usted debe de ser la inspectora Clarke. He oído hablar mucho de usted.

—¿Ah, sí? —Lesley le dedicó una sonrisa a Tina y le tendió la mano.

—No, no, yo no soy de apretones de manos. —La madre de Tina se inclinó para darle un abrazo. Lesley se puso rígida mientras la mujer la rodeaba con los brazos. Al cabo de un instante, se apartó por fin.

—Quédense en mi casa —insistió—. Tina, ya sabes que tu habitación siempre está lista para ti. Y la inspectora Clarke... puede dormir en la antigua habitación de Naomi.

—No se preocupe —dijo Lesley—. Volveremos a la central después de que hayamos...

—No, no, de eso nada. —La señora Abbott le dirigió a su hija una mirada severa—. Mi Tina no ha venido a casa en casi seis meses. No voy a dejar que se vaya ahora.

—Mamá —dijo Tina en voz baja—, déjame hacer mi trabajo. Hablaré contigo cuando hayamos terminado aquí. —Dudó—. Si hay tiempo.

—¿Tiempo? Más te vale que haya tiempo. —La señora Abbott miró a Lesley con severidad—. Espero que le dé permiso para ir a ver a su madre una hora.

—Veré qué puedo hacer. Ahora, si no le importa...

—Annie —dijo el agente Anderson—, ¿y si pido que te preparen una taza de té y esperas aquí?

—¿Vendrás a buscarme cuando termines? —le preguntó la mujer a Tina.

—Sí, mamá —respondió sin levantar la vista.

—Más te vale. Ha pasado demasiado tiempo y quiero saber por qué.

Tina se apartó un paso de su madre. Lesley se dio cuenta de que no había mirado a la mujer a los ojos ni una sola vez.

No era asunto suyo.

—Vamos, subinspectora Abbott. Tenemos un caso en el que trabajar. Encantada de conocerla, señora Abbott.

—Igualmente. —La madre de Tina le sonrió radiante a Lesley mientras un agente uniformado aparecía por una puerta y la conducía a una silla.

Tina les dio la espalda y abrió de un empujón la puerta por la que estaban a punto de entrar.

—Lo siento, jefa. —Cerró la puerta en cuanto Lesley y el agente Anderson hubieron pasado.

—Solo está preocupada por ti, Tina —dijo el agente Anderson.

—Lo sé. Y te agradecería que no te metieras.

—Te la he quitado de encima, ¿no?

—Va a estar sentada en recepción bebiéndose ese té durante horas.

—A no ser que vayas a hablar con ella.

Lesley le puso una mano en el hombro a su colega.

—Puedo darte media hora.

Tina la miró, con el ceño fruncido.

—¿De verdad?

—Claro. Es tu madre.

—Vale. Gracias. —Miró al agente—. Pero todavía no. Dougie, sigamos con esta charla.