Capítulo 10
CAPÍTULO DIEZ
Lesley y Gail estaban juntas. Contemplaban la escena del crimen desde la zona segura de la playa, más allá del cordón. Gail se encogió de hombros y cambió el peso de un pie a otro.
—Te destroza la espalda estar tanto tiempo agachada —dijo.
Lesley la miró.
—¿Estás segura de que no corres peligro trabajando ahí arriba?
—Alguien tiene que hacerlo —respondió Gail intentando restarle importancia.
Lesley alzó la vista hacia la colina. El patólogo estaba allí con su ayudante, quien había llegado unos diez minutos antes.
Brett, el colega de Gail, observaba desde el interior del cordón, y dos agentes de uniforme vigilaban desde la playa.
Una cuadrilla del ayuntamiento con una excavadora había llegado a la playa.
Lesley tenía que averiguar para qué estaban allí.
—El objeto que estaba debajo del hombro de la víctima… —empezó Lesley.
—Brett se va a asegurar de que se altere lo menos posible. Si conseguimos mantenerlo intacto, tal vez podamos asociarlo con la herida.
—Estaba oxidado.
—Tenemos soluciones de limpieza, ¿no te has enterado? —Gail le dio un codazo a Lesley.
—Claro. Supongo que no será posible sacarle huellas, ¿no?
—Es poco probable, pero nunca se sabe.
Lesley vio cómo el ayudante del patólogo y Brett cubrían el primer cuerpo con una bolsa protectora.
—Tengo que subir a ayudar —anunció Gail.
Lesley hizo un gesto a Tina y señaló a los dos agentes de uniforme en la playa.
—Que lo hagan los de uniforme.
—Ahora mismo se lo digo —dijo Tina y caminó hacia ellos.
Ahora que Gail y ella estaban a solas, Lesley por fin dijo lo que llevaba rato queriendo preguntar:
—¿Qué os pasa al doctor Bamford y a ti? No parece que os llevéis bien.
—Perdona, ¿se notaba tanto?
Se oyó un grito desde lo alto del acantilado. Lesley vio que Brett le gritaba al ayudante de Bamford.
—¿Qué demonios pasa ahí arriba? —dijo.
—Brett lo tiene controlado. Quizá sea mejor que no mires.
—Al contrario, debería prestar atención. Así que, el patólogo y tú… ¿Te cabreó en un caso antiguo?
—No. Es muy competente. Lento, como todos aquí, pero sabe lo que hace.
—¿Es bueno?
—Jodidamente brillante. Trabajó en Dorset hasta hace ocho años y se trasladó a Devon. Por lo visto, prefería las playas de allí.
Lesley resopló.
—¿Ah, sí? ¿Playas como esta?
—Todavía estamos en Dorset, ¿recuerdas?
—Cierto.
Gail puso las manos en las caderas y giró el torso de un lado a otro.
—Vale. Si te empeñas en saberlo, salí con él hace un tiempo.
Lesley se giró hacia su amiga, conteniendo una exclamación.
—¿Bamford y tú?
—No se lo digas a Brett. Fue antes de conocer a Bob, mi ex. Al poco de licenciarme. Acabó mal.
—Eso explica el ambiente que hay entre vosotros.
Gail aprovechó para girar el torso de nuevo.
—Me aseguraré de que no interfiera, Lesley. Siento que te hayas dado cuenta. Ha sido muy poco profesional por mi parte.
—No digas tonterías. Eres la viva imagen de la profesionalidad.
Lesley observó al equipo en los acantilados. El patólogo no dejaba de mirarlas. En realidad, Lesley se dio cuenta de que era a Gail a quien observaba. Esperaba que aquello no causara problemas.
—Mierda —dijo Gail—. Creo que voy a tener que ir al fisio.
—¿Te da problemas la espalda?
—Sí. Quizá sea el colchón. No sé. Perdona, me estoy distrayendo. Pero sí, si alguien es capaz de determinar la causa de la muerte en unos cadáveres tan complicados, ese será Gaz Bamford.
—¿Gaz?
—Gareth.
—Eso me tranquiliza —respondió Lesley—. ¿Va a ser un problema que sea de Devon?
—No —le dijo Gail—. Con cualquier otro lo sería. Si fuera Whittaker por ejemplo. Pero no, con él no hay problema.
—La ropa —dijo Lesley—. La víctima con la puñalada, la mujer. Llevaba un forro polar. ¿Podéis usarlo para ayudarnos a identificarla?
—Podemos intentarlo. Con suerte, haremos coincidir las fibras con las de un fabricante. Si tienes mucha suerte, tendrá una etiqueta de M&S.
—Yo nunca tengo tanta suerte.
—No.
Ya habían metido el cuerpo de la víctima femenina en la bolsa y Brett lo bajaba por los acantilados con la ayuda del ayudante de Bamford.
—Necesito volver a subir —dijo Gail— para echarle un mejor vistazo a esa posible arma.
Lesley asintió.
—Tráela, ¿vale? Y dime si encuentras algo más.
—Por supuesto.