Los crímenes de la playa de fósiles (Inspectora Lesley Clarke 6) Capítulo 4
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Capítulo 4

CAPÍTULO CUATRO

Lesley abrió la puerta de su despacho y llamó a su equipo.

—¿Entráis un momento, por favor?

Tina estaba al teléfono. Levantó un dedo y Lesley asintió. Mike y Stanley se levantaron de sus escritorios y entraron en el despacho.

—Jefa —dijo Stanley al pasar.

Lesley le dedicó una sonrisa. Habían incorporado a Stanley al equipo de forma permanente, en sustitución de Johnny Chiles. Y ahora el ascenso de Tina les daba un equipo de un tamaño razonable.

Vio cómo Tina colgaba el teléfono y se ponía de pie. La joven llevaba una chaqueta verde, una de las dos que se había comprado desde su traslado al CID. La chaqueta granate que había usado sin parar durante los primeros días de paisana, había acabado en la tienda de segunda mano.

—¿Con quién hablabas? —le preguntó Lesley.

—Con la policía de Lyme Regis —respondió Tina—. Estaba poniéndome al día.

—Así que ya lo sabes.

—Sí, jefa.

—Entra. Repasemos lo que sabemos.

Lesley fue hacia la pizarra, que por ahora estaba vacía.

—A ver —empezó—, se han descubierto dos cuerpos esta madrugada tras un deslizamiento de tierras en Lyme Regis. ¿Dennis?

Dennis gruñó.

Tina levantó la mano.

—Tina —suspiró Lesley—. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?

—Lo siento, jefa.

—¿Qué te ha dicho la policía de Lyme Regis?

—El agente Douglas Anderson fue quien los vio. Bueno, él y Wendy Sharman.

—¿Es otra agente? —preguntó Lesley.

Tina asintió.

—Dougie es mi cuñado.

Lesley enarcó una ceja.

—¿Eres de Lyme Regis?

—Mi madre todavía vive allí.

—Muy bien —dijo Lesley—. El conocimiento de la zona será útil. Nunca he estado en Lyme Regis. No sé nada del lugar.

Se apoyó en su escritorio y cogió el paquete de galletas que había dejado allí antes. Se metió una en la boca, luego vio la mirada de Mike y le ofreció una. Cuando el paquete hubo dado la vuelta a la sala, miró a Tina.

—Será mejor que tomes las riendas, agente Abbott. Cuéntanos qué tenemos.

Tina se frotó las manos y cogió un rotulador. Dibujó un plano rápido de Lyme Regis en la pizarra: el puerto, una carretera que se curvaba hacia él y la playa al norte.

—Esto se llama Spittles —dijo señalando la playa—. Es un lugar donde los deslizamientos son frecuentes. No ha parado de llover las dos últimas semanas, lo cual habrá debilitado el terreno. Anoche los acantilados finalmente cedieron y dejaron al descubierto dos cuerpos.

—¿Quién dio el aviso? —preguntó Mike.

—Ni idea. Seguro que Dougie ya está con ello. El agente Anderson, me refiero. —Tina sonrió—. Esto va a ser raro.

—¿A qué altura? —preguntó Stanley.

Tina pinchó el dibujo con el rotulador.

—Más o menos a la mitad, pero probablemente estaban más arriba cuando los enterraron.

—¿La policía local cree que los enterraron? —preguntó Dennis.

—Esa es la teoría —dijo Tina—. Dougie dice que hay indicios de que llevaban ahí bastante tiempo.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó Lesley, recostándose en su silla.

Tina se encogió de hombros.

Dennis se volvió hacia Lesley.

—Gail Hansford y su equipo ya están allí; examinarán la escena a fondo.

Lesley estaba gratamente sorprendida. El trayecto desde la casa de Gail en Swanage hasta Lyme Regis era quizá el más largo que había en la zona sin salir del condado. Pero, por otro lado, Gail parecía tener un sexto sentido que la hacía llegar rápidamente a las escenas del crimen.

—Por ahora —continuó Tina—, parece que llevaban allí bastante tiempo.

—¿Qué significa «bastante tiempo»? —preguntó Dennis.

—No lo sé con exactitud, sargento. Unos cuantos años como mínimo.

Mike silbó.

—Muy bien —dijo Lesley—. Así que podríamos estar ante un caso sin resolver. ¿Cuándo sabremos exactamente cuánto tiempo llevaban allí?

—El forense está de camino —respondió Tina—. Con suerte, lo podrá determinar con mayor precisión.

—No tanta precisión —protestó Dennis—. Ni el mejor forense del mundo podría confirmar la fecha de la muerte tantos años después.

—Van a llamar a un especialista —le informó Tina—. Un arqueólogo forense. Especialista en la composición del suelo de ese tramo de costa. Eso habrá influido en la descomposición.

—Y luego están los casos antiguos —añadió Lesley—. Mike, Stanley, quiero que busquéis en HOLMES. A ver si encontráis algún caso de doble desaparición.

—De acuerdo, jefa. —Mike tomó nota en su libreta—. Zona de Lyme Regis.

Dennis puso los ojos en blanco.

—A ver, Mike. No va a ser la zona de Bournemouth.

Mike hizo una mueca pero no dijo más que «sargento».

Dennis miró a Lesley.

—Tenemos que ir para allá, averiguar qué está pasando y hablar con los que están en la escena.

—Sí —asintió Lesley—. Pero cambio de planes, Dennis. Quiero que Tina venga conmigo. Tú quédate aquí y dirige esta parte de la investigación.

—¿A Tina? —Dennis frunció el ceño—. No sería mejor…

Lesley le lanzó una mirada severa.

—Tina es de Lyme Regis. Conoce a la policía local, a los vecinos y, si no me equivoco —miró a Tina para buscar la confirmación—, estará familiarizada con el terreno.

Tina asintió.

—Llevo pateando esos acantilados desde que era niña.

—Perfecto —dijo Lesley—. Eso igual nos ayuda a identificar dónde se abandonaron los cuerpos.

—De acuerdo, jefa —dijo Tina.

—Dennis, alguien tendrá que encargarse de cotejar las pruebas y hacer el seguimiento de los análisis forenses y patológicos. —Consultó su reloj: pasadas las tres de la tarde. Iba a ser una noche larga—. Vamos, Tina, pongámonos en marcha.