Capítulo 5
CAPÍTULO CINCO
—¿Quieres que conduzca, jefa? —preguntó Tina mientras se dirigían al coche de la inspectora.
—No te preocupes, Tina. Conduzco yo —le respondió Lesley—. Tú aprovecha para hacer unas llamadas.
—De acuerdo.
Tina se deslizó en el asiento del copiloto. No le gustaba ir de pasajero. Cuando trabajaba de uniforme había pasado cuatro años muy feliz al volante de coches patrulla y disfrutaba de la sensación de control que le daba conducir. Ir sentada junto a otro conductor le daba ganas de coger el volante.
Para cuando llegaron a la A35, Tina ya había hecho su primera llamada. Dejó el teléfono en su regazo.
—Era Dougie. El agente Anderson. No hay novedades.
La inspectora resopló.
—Llegaremos pronto. ¿Por qué no llamas a Gail y le preguntas cómo va el análisis forense?
—¿Crees que encontrarán algo?
—El análisis forense no consiste solo en la búsqueda de objetos abandonados. La ubicación de los cuerpos también es importante. Quizá encuentre pruebas de dónde los enterraron.
—¿Damos por hecho que se trata de un asesinato?
La inspectora la miró de reojo.
—Si hubiera sido un suicidio, estarían al pie de los acantilados o la marea se los habría llevado. Una muerte accidental es una posibilidad, pero poco probable. Los habrían encontrado hace años. Estoy bastante segura de que los enterraron.
Tina asintió.
—En lo alto de los Spittles.
—¿De los qué?
—Es el nombre que le dan en la zona a los acantilados.
La inspectora se encogió de hombros.
—¿Quieres que te releve un rato al volante, jefa?
—Sí, en el próximo apartadero cambiamos. Háblame de tu familia. ¿Douglas Anderson es tu cuñado?
—Está casado con Naomi. Mi hermana. —Tina se mordió el labio—. Jefa, ¿podré escaparme diez minutos para visitarla mientras estemos allí?
Todavía no conocía a Poppy, la hija de Naomi.
Entre el trabajo y el examen de inspectores no había tenido tiempo.
La niña tenía cuatro meses. Seguro que estaría irreconocible en comparación con las fotos que Naomi le había enviado las primeras semanas.
La madre de Tina estaba enfadada porque aún no había ido a visitarla. Esperaba que a Naomi le alegrara verla.
—No puedo prometerte nada —dijo la jefa—. Pero como tu cuñado está involucrado en el caso, estoy segura de que no habrá problema si te escapas diez minutos.
—Gracias. —Tina apretó el puño en su regazo. Había estado evitando a Naomi, esquivando sus llamadas.
—¿A qué se dedica tu hermana? —preguntó la inspectora.
—Es profesora. Aunque ahora está de baja por maternidad.
La jefa enarcó una ceja.
—Ahora entiendo por qué quieres visitarla. ¿Qué tiempo tiene el bebé?
—Cuatro meses. —Tina sintió que el calor le subía por el cuello. No estaba de humor para hablar de bebés en ese momento—. Voy a intentar llamar a Gail otra vez. —Cogió el móvil antes de que la inspectora se pusiera a hacerle más preguntas sobre su familia.
—Vale —dijo la inspectora. Pasó de largo un apartadero.
Tina lo vio desaparecer tras ellas mientras marcaba.
—Gail, soy Tina Abbott.
—Hola. ¿Estás con Lesley?
—Sí, vamos de camino. Llegaremos en unos... —miró el navegador— veinticinco minutos.
—Pregúntale por el médico forense —dijo la inspectora.
—La pongo en altavoz. —Tina colocó el teléfono en su regazo.
—Lesley, ¿qué sabes? —preguntó Gail.
—Los cuerpos llevan allí unos años. ¿Estáis más cerca de saber exactamente cuánto tiempo?
—He buscado indicios de dónde los dejaron, pero no siento que haya avanzado mucho. Están en mal estado. Espero que el médico forense nos diga más.
—¿Va a ser Whittaker o Fiona Brightside?
—Ninguno de los dos. Nos encontramos más cerca de Exeter. Viene alguien de allí.
—Eso está fuera del condado —dijo la jefa con el ceño fruncido.
—Es el depósito de cadáveres más cercano —intervino Tina.
—Los médicos forenses no trabajan con las mismas demarcaciones que nosotros —añadió Gail.
—De acuerdo —dijo la inspectora, mientras pasaban por otro apartadero.
—Jefa —masculló Tina—, creía que ibas a dejarme conducir.
—Ya casi estamos. Conduces tú a la vuelta.
Tina se encogió de hombros y jugueteó con las manos en el regazo.
—¿Se está poniendo marimandona, Tina? —preguntó Gail.
—Claro que no.
Gail se rio.
—Conozco a Lesley. No le pases ni una.
Tina se sonrojó. La inspectora era su jefa. Si alguien tenía que aguantar algo, era ella.
—Gail tiene razón —dijo la inspectora—. En este caso, tú tienes conocimiento de la zona. No te cortes si hay algo que deba saber. Gente, lugares...
—Por supuesto, jefa.
—Díselo tú, Lesley —dijo Gail—. Tina, nos alegramos de tenerte aquí.
«No me trates con condescendencia», pensó Tina. Miró por la ventanilla.
—Avísame si surge algo más —dijo la jefa, alzando la voz para que se la oyera por el teléfono—. Te diremos cuando estemos cerca.
—Gracias. —Gail colgó. Tina dejó el móvil en su regazo.
—Entonces, ¿cómo es Lyme Regis? —preguntó la jefa mientras giraban a la izquierda en la rotonda para evitar Bridport—. ¿Un pueblo pequeño?
—Bastante. Y muy unido. El tipo de lugar donde todo el mundo se conoce. Excepto en verano.
—¿Turístico?
Tina sonrió.
—Y eso no es nada. La población se cuadruplica en verano.
Naomi siempre intenta convencer a Dougie de que se vayan en agosto, para quitarse de en medio, pero a él le gusta quedarse.
Y ya sabes cómo va esto. Cuando los guiris están en el pueblo, es cuando sube la delincuencia.
Dougie dice que no pueden prescindir de él.
Yo creo que simplemente le gusta trincar a los borrachos de fuera.
—¿Él también es de allí? —le preguntó la jefa.
Asintió. Había ido al colegio con Dougie. De hecho, salieron durante tres años hasta que decidió que la policía local no era para ella. Él se quedó en el cuerpo de policía local y empezó a salir con su hermana. Ahora estaban casados y tenían a la niña.
Se volvió para mirar por la ventanilla, secándose una lágrima del ojo.
—¿Va a ser difícil para ti? —La jefa la estaba mirando—. Por favor, no me digas que el agente Anderson y tú no os lleváis bien.
Tina negó con la cabeza.
—Con él todo bien. Es solo que...
La última vez que había estado en casa durante un tiempo considerable fue la primavera pasada, para el funeral de su padre. Desde entonces, había visitado a su madre, pero no lo suficiente.
¿La perdonarían?
—¿Hay algo que deba saber? —preguntó la inspectora.
—No. —Tina se frotó los ojos. Se le habría corrido el rímel—. Solo cosas de familia. Dougie es majo y es un buen poli. Me alegro de que fuera él quien los encontrara.
—Vale. Faltan dieciséis kilómetros. ¿Dónde aparco?
—Yo te doy las indicaciones.
—Bien.
El móvil de Tina sonó. Activó el manos libres, agradecida por la distracción.
—Subinspectora Abbott —dijo, resistiendo una sonrisa. Todavía se estaba acostumbrando a su nuevo cargo.
Una voz masculina sonó por la línea: grave, sin acento.
—¿Hablo con la persona adecuada sobre los cuerpos que se han encontrado a las afueras de Lyme Regis?
Tina se enderezó en su asiento.
—Sí. Estoy con la inspectora Clarke, la jefa de la investigación. Vamos de camino. ¿Es usted el médico forense encargado?
Tina esperó a que la inspectora hablara. No lo hizo.
—Lo seré —respondió el médico forense—, en cuanto salga de este atasco. Solo quería avisarles de que estoy en camino.
—¿Cuándo calcula que llegará?
—Un momento... ¡Oiga, que no puede ir por ahí! Perdone, era solo... Tardaré una media hora más o menos, pero no puedo asegurarlo.
—De acuerdo. Gracias.
Colgó.
La inspectora miró a Tina.
—¡Qué bien! Nos ha tocado un médico forense con un poco de iniciativa.
—Está atrapado en un atasco.
—Pues por eso.
—Esperemos que sea capaz de datar los cuerpos, darnos una edad más específica.
—Esperemos —repitió la inspectora.
Redujeron la velocidad al acercarse a Lyme Regis. Tina sintió un escalofrío de familiaridad recorrerle la piel. Estaba en casa.
—Vale —dijo la jefa—. Llama rápido a Mike y dile que junto con Stanley busquen en los casos archivados. Si encuentran algo que coincida, nos ayudará a corroborar lo que diga el médico forense.
—Sí, jefa —respondió Tina.
Marcó el número de Mike mientras pasaban la señal de «Bienvenidos a Lyme Regis». Tenía que traerlo algún día. Le gustaría enseñarle a Mike dónde había crecido. Pero no estaba preparada para presentárselo a su familia. Todavía no.