Capítulo 2
CAPÍTULO DOS
La inspectora Lesley Clarke levantó la vista cuando llamaron a la puerta de su despacho.
Hizo un gesto y el sargento Dennis Frampton, su segundo al mando, entró.
—Jefa —empezó—. Tengo malas noticias.
Lesley se recostó en la silla y se rascó la barbilla.
—Adelante.
—La policía local de Lyme Regis ha encontrado dos cuerpos tras un deslizamiento de tierras esta mañana. —Hizo una pausa.
—¿Eso es todo? ¿Alguna información más?
—El deslizamiento los ha dejado al descubierto. Podrían llevar ahí diez años o solo un par de días —sorbió por la nariz—. O miles de años.
—Entonces, puede que no sea la escena de un crimen.
Dennis se encogió de hombros.
—Estoy esperando a que puedan echar un vistazo más de cerca.
Lesley le hizo un gesto para que se sentara.
—¿A qué te refieres con un deslizamiento exactamente?
Dennis retiró la silla que estaba frente a ella.
—Ocurre con frecuencia en ese tramo de la costa. Los acantilados no son estables, así que, si llueve lo suficiente, la tierra se desprende. Deja al descubierto todo tipo de cosas. Por eso Lyme Regis se llena de buscadores de fósiles cada verano.
—Así que, por lo general, estos deslizamientos solo descubren huesos viejos.
—Fósiles. Trilobites, amonites, trozos de ictiosaurio si tienes suerte.
—Te lo estás inventando.
—No —respondió con una sonrisa.
—Entonces —suspiró Lesley—, ¿dices que la policía local acudió al aviso?
—Sí, los agentes Douglas Anderson y Wendy Sharman de la comisaría de Lyme Regis. Los habrán enviado para asegurarse de que nadie se acerque demasiado a la zona de peligro.
—¿Y creen que tenemos un crimen entre manos? ¿Ha desaparecido alguien por allí últimamente?
—Que ellos sepan, nadie, jefa. Y Lyme Regis es el tipo de lugar donde la policía local sabe todo lo que pasa.
—Vale. —Lesley se puso en pie—. Quiero verlo. Es mejor que este papeleo.
—No está precisamente a la vuelta de la esquina.
—¿No?
—No —dijo—. Vives en Bournemouth, justo al este del condado. Lyme Regis está en el oeste. Justo en la frontera.
—Un paseo en coche, Dennis. Nos sentará bien.
El sargento tosió.
—Si la A35 se porta bien, tardaremos una hora y media.
—¿Puedes sobrevivir tanto tiempo conmigo, encerrado en un coche?
—¿Tres horas ida y vuelta? No sé…
Lesley se rio. Jamás se habría imaginado a Dennis diciéndole algo así ocho meses atrás, cuando acababa de incorporarse a trabajar allí. No cabía duda de que su sargento se había ablandado.
—Podemos ponernos al día, Dennis. Cuéntame tus hazañas de senderismo.
El sargento apretó los labios.
—Estoy seguro de que no querrás...
—Estoy segura de que no. Pero puedes contarme más sobre Lyme Regis por el camino y que el equipo investigue posibles vínculos con personas desaparecidas mientras conducimos. Vamos.
Él se hizo a un lado para dejarla pasar.
—¿Autorizas horas extra?
—¿Horas extra? —Miró el reloj: las dos de la tarde—. Por Dios, sí. Dile a Pam que llegarás tarde a casa. Seguro que puede guardarte la cena caliente.
Dennis se sonrojó.
—Y supongo que tendré que comprarme un sándwich en la cafetería. ¿Quieres uno?
—Pues no, jefa.
—Como quieras. Venga, vamos a darle la noticia al equipo.