Los crímenes de «Erebos Nyght» (Erebos Nyght 1) CAPÍTULO 34
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CAPÍTULO 34

A la caza del titiritero

A eris no perdió un segundo. Sacó el móvil de su bolsillo y marcó el número de Parra con dedos crispados por la rabia. Caminó hacia la ventana de la habitación, intentando mantener la compostura mientras el tono de llamada sonaba en su oído.

—Dime, Harper —contestó Parra, su voz cargada de agotamiento.

—Escucha con atención y no hagas preguntas hasta que acabe —soltó Aeris, con un tono seco, afilado—.

Quiero a la científica en casa de Nya Palacios AHORA MISMO.

Acabo de hablar con el médico. Han encontrado «Clozapina» y «Zolpidem» en la sangre de Palacios.

Niveles altísimos. Demasiado altos para ser un tratamiento terapéutico.

Alguien la ha estado drogando durante semanas, quizás meses.

Y no tiene ni puta idea de cómo. Así que quiero que busquéis esas putas drogas en su comida, en el agua, en su ropa… donde sea.

El silencio en la línea fue demoledor.

—¿Me estás diciendo que…?

—Sí —lo interrumpió Aeris—. Que alguien la ha estado drogando a propósito. Y lo peor no es eso. Nya tiene epilepsia del lóbulo temporal.

Escuchó cómo Parra exhalaba bruscamente al otro lado del teléfono.

—Joder.

—Exacto. Ahora dime lo que estás pensando —Aeris lo desafió.

Parra no tardó en responder, su voz grave y tensa.

—La testigo del caso de Asturias. Mismo puto patrón. Se encontraba en un estado de desconexión y sin memoria, durante veinticuatro horas, alguien la manipuló bajo la influencia de drogas.

Aeris cerró los ojos un segundo, sintiendo que la verdad se cerraba en torno a ellos como una trampa mortal.

—Necesito que la localices. Me importa una mierda dónde esté. Y que la cites en una comisaría, no me importa cuál. Hablaré con ella aunque sea por videoconferencia.

—Entendido —afirmó Parra sin dudar—. Haré que la busquen ahora mismo.

Aeris asintió, su mente iba a mil por hora. Pero antes de colgar, Parra agregó algo que lo dejó helado.

—Por cierto… he hablado con la amiga de Nya. Lucía. La del café literario. Hicimos una copia de sus datos antes de devolver el teléfono.

Aeris se tensó.

—¿Y?

—Confirmó lo que dijo Nya. Llegó al café sobre las seis y se fue sobre las ocho y cuarenta y cinco.

Pero aquí viene lo jodido… —Parra hizo una pausa, y Aeris sintió la anticipación arderle en la garganta—.

Hubo un momento en el que Nya cambió de repente.

Estaban charlando normal, y de golpe… dejó de hablar.

Se quedó ida, completamente fuera de la conversación, como si se hubiera encerrado en su propia cabeza.

Un frío nauseabundo recorrió la espalda de Aeris. Su mandíbula se endureció, sintiendo cómo el rompecabezas comenzaba a tomar una forma retorcida.

—Pide las putas cámaras de la cafetería —Su voz fue un latigazo.

—¿Crees que la asesina estaba allí? —Parra captó al instante la implicación.

—Si la asesina tenía pensado matar a Helena Ortiz esa noche… y necesitaba llevar a Nya hasta allí, tenía que asegurarse de que pudiera hacerlo.

Hubo un silencio al otro lado de la línea. Parra estaba procesando la información a la misma velocidad que Aeris.

—¿Quieres decir que…?

Aeris apretó los dientes.

—Que la asesina estaba en el café literario. Que fue allí para administrarle una dosis adicional de droga y para llevársela discretamente del local. Joder, Parra. La convirtió en la marioneta perfecta.

Parra maldijo en voz baja.

—Voy a por las cámaras ahora mismo. Esto tiene que estar registrado.

—Quiero los vídeos en cuanto los tengas.

—Hecho.

Aeris colgó, sintiendo que la sangre le hervía en las venas.

La asesina había estado delante de todos.

Había actuado con precisión quirúrgica.

Y había utilizado a Nya como un instrumento.

Pero ahora, se estaban acercando.

Muy pronto, la cazarían.

Sin embargo, la cosa no pudo más que retorcerse todavía más.

—Harper…

La voz de Nya lo sacó de su ensimismamiento.

—Dime.

Cuando la miró, vio el desconcierto en sus ojos.

—¿Qué pasa, Nya?

Nya le tendió su móvil, con las manos temblorosas.

—Acabo de recibir un mensaje de mi padre…

Aeris se acercó y cogió el móvil sin dejar de mirarla a ella.

—¿Y…?

Nya respiró hondo.

—Léelo tú mismo.

Aeris bajó la mirada a la pantalla.

Y su sangre se heló en sus venas.

A.Palacios -12:23

« La próxima vez que vengas a la Finca ten la decencia de saludar a familia, Estefanía. Te recuerdo que sigues siendo mi hija »

Solo había dos opciones.

O Antonio Palacios se estaba volviendo loco.

O Nya tenía el don de la ubicuidad para estar en dos sitios a la vez.

Y tanto Aeris como la propia Nya, sabían que ni la primera opción ni la segunda era posible.