Los crímenes de «Erebos Nyght» (Erebos Nyght 1) CAPÍTULO 25
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CAPÍTULO 25

Tic, tac

Al día siguiente

E l amanecer apenas se asomaba en la casa de Aeris Harper, cuando el ambiente en la cocina comenzaba a cambiar sutilmente.

La luz suave de la mañana colaba su claridad a través de la ventana, y el aire frío se mezclaba con el olor a café recién hecho.

El día anterior había sido un callejón sin salida.

Datos repasados hasta la extenuación. A la espera de Parra.

O simplemente de algo. Nya se despertó en sofá de la biblioteca de Aeris.

No recordaba cuándo se quedó dormida, pero lo cierto es que tenía una sensación de fortaleza.

Como si su cuerpo estuviera menos tenso, menos agotado.

Se dirigió a la cocina, pero bajar las escaleras, se encontró apoyada frente al gran espejo del vestíbulo.

Al mirarse, notó que su piel, aunque todavía marcada por el cansancio, ya no estaba tan pálida; las ojeras seguían ahí, pero menos definidas, como si algo en su interior hubiese empezado a recomponerse.

Y lo peor de todo, no sabía por qué.

Porque la ansiedad seguía presente.

La presión de su pecho era un recordatorio.

Apenas tuvo tiempo de asimilarlo cuando Aeris salió de la cocina. Con pasos medidos, se detuvo a unos pocos pasos de ella, observándola en silencio. Tras un instante que pareció eterno, soltó, con la misma frialdad que lo caracterizaba.

—Buenos días. Es un alivio ver que hoy no pareces un fantasma.

Nya alzó la cabeza, esbozó una sonrisa sarcástica y replicó con voz seca.

— Wow . Gracias, Harper. Me halagas.

Aeris se cruzó de brazos.

—No te acostumbres, no volverá a suceder.

Aeris no dijo nada más, se dio la vuelta y caminó hasta la cocina, seguido de cerca por ella. En completo silencio, se limitó a servirle una taza de café, mientras sus ojos seguían analizando cada gesto de Nya, como si cada pequeño cambio en su expresión fuera una pista para descifrar.

—Espero que podamos avanzar en esta mierda… —Murmuró Aeris mientras se sentaban en la mesa de la cocina.

—Oye, ehm… —Nya no sabía cómo empezar a hablar— ¿Podrías luego acercarme a casa para traer mi coche?

Aeris metió la mano en el bolsillo de su pantalón y lanzó las llaves del coche de Nya suavemente sobre la mesa, junto con las llaves de su casa.

—Cuando te quedaste dormida, supuse que querrías tener tu coche aquí.

Llamé a un taxi, fui a por él, que por cierto entré en tu casa.

No creo que te acepten unas previas por allanamiento por eso, y me traje tu coche.

Por cierto, se conduce muy suave. Tienes buen gusto por la marca de coche, al menos en eso coincidimos.

Nya miró los dos juegos de llaves y levantó la mirada hacia Aeris, sorprendida.

—Joder, Harper. Estás en todo.

Aeris sacó el paquete de tabaco y se encendió un cigarro.

—Es mi trabajo, Palacios. Estar en todo…

Nya se estiró haciendo crujir sus cervicales, y tomó un sorbo de café. Aeris le tendió un pendrive .

—¿Qué es esto? —Dijo Nya mientras abría su portátil de nuevo.

Aeris dio una calada al cigarro.

—Lo que tenemos hasta ahora… Parra me ha remitido una carpeta en .

zip con los atestados que coinciden con las fechas y datos que Helena Ortiz hizo en su investigación.

También me envió esta mañana el informe de tóxicos de Daniel Heredia.

Como imaginábamos, coincide con el de Helena Ortiz: «Midazolam».

Estuvo mirando en periódicos locales durante meses, hasta que encontró un total de cuatro asesinatos más en varios puntos de la península.

Era meticulosa, ciertamente. Así que imagino…

que nuestra asesina, al ver que Helena no desistía en sus intentos de encontrar a quien mató a su pareja, decidió ponerle un cebo para atraerla.

Si era fotógrafa, seguramente colaboraría con alguna revista, eso le daría métodos y formas para investigar como una periodista.

Nya escuchó con atención mientras conectaba el pendrive a su portátil. Copió rápidamente los datos al escritorio y, tal como Aeris se lo había entregado, se lo devolvió.

—¿Crees que viendo las notas de Helena y los atestados podrías decir si coinciden con tus relatos ?

Nya arqueó una ceja, sorprendida.

—Los escribí yo, Harper —Respondió.

Aeris respiró hondo ante lo absurdo de lo que acababa de preguntar. La respiración de Nya se tornó más pesada, pero forzó su atención en la pantalla cuando abrieron el « Atestado 1 – Galicia ».

« ASESINATO 1 - GALICIA (UN AÑO ANTES DE GERVASIO ARTEAGA)

Lugar: Ría de Vigo.

Fecha: 01 de Noviembre de 2021.

Víctima: Daniel Freire, empresario del sector pesquero.

Causa de muerte: Ahogamiento inducido.

Detalles: El cuerpo apareció flotando en la ría, con cortes circulares en la piel y algas enredadas en su cuello y extremidades ».

Nya parpadeó, sintiendo un escalofrío. Reconocía cada detalle.

—Dios… —murmuró, inclinándose hacia la pantalla—. « El Círculo de los Ahogados ».

Aeris la miró de reojo.

—¿Coincide?

—Encaja demasiado bien… —murmuró ella, sintiendo la familiaridad del horror deslizarse por su espina dorsal—.

En el relato, los cuerpos aparecían en la orilla con marcas en espiral, y todos decían que era un ritual antiguo.

Pero la verdad es que el asesino hacía que tragaran agua salada hasta que colapsaban los pulmones.

Aeris frunció el ceño y pasó a la siguiente carpeta. « Atestado 2 – Asturias ».

« ASESINATO 2 - ASTURIAS (TRES MESES ANTES)

Lugar: Oviedo, despacho de una psiquiatra.

Fecha: 21 de Julio de 2022.

Víctima: Dra. Elvira Santos, psiquiatra.

Causa de muerte: Asfixia por sofocación controlada.

Detalles: Fue hallada en su despacho, sentada en una silla, con las manos apoyadas en su propio rostro, sosteniéndolo en una posición antinatural ».

Nya respiró hondo.

—« Las manos que te sostienen ».

Aeris asintió en un gesto de aprobación.

—El relato trataba sobre un antiguo sanatorio mental en ruinas que escondía la historia de una enfermera que asesinaba pacientes diciéndoles que « los sostenía para que no cayeran en la locura ».

Todos los cuerpos fueron encontrados con los brazos en una posición extraña, como si alguien los hubiera colocado tras su muerte.

Pero lo que más llamó la atención de Nya fue la segunda página del informe.

—¿Espera… hubo una testigo?

Aeris asintió.

—Sí. Una paciente con epilepsia del lóbulo temporal. Tenía cita con la víctima justo antes de desaparecer durante veinticuatro horas. La encontraron desorientada y sin memoria.

Nya sintió que la taza temblaba entre sus manos.

—Dime que le hicieron análisis toxicológicos.

Aeris buscó en el archivo.

—Cito textualmente. Sustancias en sangre: «Midazolam», «Clonazepam» y «Zolpidem». Además de Fentanilo en dosis bajas .

Nya tragó saliva.

—El «Midazolam» coincide con lo que Helena tenía en la sangre, pero…

¿y el resto? El «Clonazepam» creo recordar que es un antipsicótico atípico, y el «Zolpidem» creo que es un hipnótico…

—Murmuró Nya para sí misma mientras buscaba en internet , hasta que encontró la respuesta—.

Efectivamente. El sedante, un antipsicótico, y un hipnótico.

Creo que ninguna se utiliza para la epilepsia que dices que tenía.

Aeris tamborileó los dedos sobre la mesa, pensativo.

—Si esta mujer hubiera tenido un sistema nervioso sin afecciones, habría tenido una laguna de unas pocas horas…

pero la epilepsia del lóbulo temporal pudo amplificar los efectos.

Leí algo en su día en un informe forense del IML donde hablaban de los efectos de la medicación en personas con enfermedades neurológicas y psiquiátricas.

Algunas son más sensibles que otras en virtud de su historial médico.

—¿Quieres decir que pudo haber estado despierta… viendo todo lo que pasó? —preguntó Nya con un nudo en la garganta.

Aquella frase rebotó en su mente, la del día del Polígono.

« Ya pasó… son solo reflejos… vamos a casa, dormilona ».

Nya sacudió la cabeza.

Aeris no respondió de inmediato a su pregunta.

Solo pasó al siguiente informe. « Atestado 3 – Valencia ».

« ASESINATO 3 - VALENCIA (UN MES ANTES)

Lugar: Clínica privada.

Fecha: 31 de Agosto de 2022.

Víctima: Dra. Carmen Rovira, cirujana plástica.

Causa de muerte: Inyección letal de toxina botulínica en el cerebro.

Detalles: Fue encontrada en una camilla, con el rostro intacto pero el cráneo perforado con agujas finas ».

Nya sintió que el aire se espesaba.

—« La Mujer de las Mil Agujas »…

Aeris la observó fijamente.

—Sigue.

—En mi relato, una anestesista se dedicaba a perforar los cráneos de sus pacientes mientras los mantenía paralizados. Decía que así los libraba del sufrimiento. Y aquí… aquí lo ha hecho de verdad.

Aeris golpeó suavemente la mesa con los nudillos.

—Esto no es un imitador cualquiera, Nya. Está siguiéndote desde hace mucho tiempo.

Nya respiró hondo intentando centrarse.

—Está bien, el siguiente es Gervasio Arteaga, que ya lo conocemos… —Respondió Nya.

Aeris asintió y, sin más preámbulos, abrió el último. « Atestado 5 – Córdoba ».

« ASESINATO 5 - CÓRDOBA (DOS MESES DESPUÉS)

Lugar: Teatro vacío en el centro de Córdoba.

Fecha: 22 de noviembre de 2022.

Víctima: Juan Pardo, conductor de autobús.

Causa de muerte: Infarto inducido por epinefrina.

Detalles: Apareció sentado en la primera fila de un teatro vacío, con una moneda de 1860 en la boca ».

Nya sintió un escalofrío correrle por la espalda.

—…« Los Pasajeros de Medianoche ».

Aeris cruzó los brazos.

—¿Qué hacía la moneda en la boca?

—En el relato, el taxista dejaba a sus pasajeros en un sitio donde ya no podían regresar, como si les cobrara un último viaje. La moneda es el pago.

Silencio.

Aeris inhaló profundamente.

—Luego mató a Helena acorde a « El Último Reflejo », y a Daniel Heredia, representando « La Orquesta de los Condenados ».

Nya asintió tratando de mantener la calma.

—Siete crímenes… y cada uno sigue tu historia al pie de la letra.

Nya sintió una presión en el pecho.

—No es solo que los imite. Es como si estuviera metida en mi cabeza. Y los dos últimos son los que se han sucedido en menor espacio temporal… y más cerca de mí.

Aeris fijó la mirada en la pantalla del portátil.

—¿Sabes lo peor?

Nya lo miró.

Él giró el portátil hacia ella.

En la imagen, una foto del atestado del asesinato de Daniel Heredia. Junto al piano ensangrentado.

Un punto de libro. Plateado. Con la inicial «N» grabada.

El mundo de Nya se congeló.

—No…

Nya sintió cómo la saliva se le atragantaba en la garganta.

Se precipitó a su mochila, buscando en la funda donde guardaba su agenda, pero el punto de libro no estaba. El silencio se adueñó de la habitación mientras la mente de Nya se fragmentaba, incapaz de reconciliar la imagen con sus recuerdos.

El punto de libro no estaba en su sitio.

Estaba donde no debía estar.

En la escena de un crimen.

Su garganta se cerró.

—…Yo no estuve allí —susurró.

Aeris la miró en silencio.

En ese instante, el móvil de Nya vibró sobre la mesa de la biblioteca. Con manos temblorosas, levantó el dispositivo y leyó un mensaje anónimo que heló su sangre.

Id sin identificar -10:00

« Se te acaba el tiempo, Erebos Nyght »

El ambiente en la cocina se volvió insoportable.

La verdad, fría y brutal, se asentaba en cada rincón: la asesina llevaba meses replicando los relatos de Nya, marcando cada crimen con el mismo patrón macabro.

Y ahora, Nya no era solo la autora de esas historias, sino la pieza clave de un rompecabezas que amenazaba con devorarla.

La combinación de la información que Parra les había proporcionado, la prueba fotográfica y el mensaje anónimo dejaba a Nya en un estado de total incertidumbre y pánico. La asesina, invisible pero presente, había decidido que su próximo movimiento sería sobre ella.

Y en ese instante, el silencio se volvió absoluto.

Aeris miró a Nya, y en la frialdad de sus ojos se reflejó la cruda realidad.

—Te está cazando.

Y mientras Nya daba vueltas por la cocina con un cigarro en los dedos, esta vez fue el móvil de Aeris el que vibró.

Un mensaje.

A.Parra -10:16

« Harper, necesito hablar contigo. Quedamos en el Juzgado. Ven solo. Es sobre Estefanía »