Los crímenes de «Erebos Nyght» (Erebos Nyght 1) CAPÍTULO 24 #3
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CAPÍTULO 24 #3

Nya tuvo el impulso de ponerle una mano en el hombro, pero en un último instante, decidió no hacerlo.

—Quedé devastado. La culpa me corroía por dentro, porque se quitó la vida por mi culpa. Por eso todo lo que toco con emoción, lo destruyo.

Nya le miró, como quien sabía identificar cuándo alguien estaba ahondando en una herida dolorosa.

—Años después… ya siendo Juez, al principio de mi carrera. Me encontré con un conocido de la facultad. Un antiguo profesor que era compañero de David. Sin saber lo que había pasado entre nosotros, me contó algo que terminó de matarme.

Respiró hondo.

—David no se suicidó por mí. Ni por su homosexualidad.

Llevaba años con una relación clandestina con un alto cargo de la universidad.

Un hijo de puta que estaba casado y que le ocultaba a todos su orientación sexual.

Incluida su esposa. Lo manipuló hasta el punto en el que hizo que se suicidara…

pero a pesar de eso, el daño ya estaba hecho. Y me juré a mí mismo dos cosas.

Nya lo observaba sin decir absolutamente nada. Estaba completamente conmocionada con lo que estaba escuchando.

—La primera, que jamás volvería a involucrarme emocionalmente con un hombre. Y la segunda, que jamás volvería simplemente a sentir… porque todo lo que toco con sentimiento, lo destruyo. Soy un monstruo, Nya. Pura y simplemente.

Nya se separó de la pared y quedó a escasos centímetros de él, mirando sus ojos.

—Eso no es verdad, Harper…

Aeris rio amargamente.

—Esa es la única verdad que me ha mantenido cuerdo durante tantos años, Nya. David siempre me perseguirá, incluso después de muerto. Ya conoces el nombre de mi demonio.

Nya, agotada mentalmente por la magnitud de lo que ambos habían compartido, se dejó caer de nuevo en el sofá. Aeris, con la mirada fija en ella, se sentó en la mesita baja frente a ella.

—Creo que ya hemos hablado de suficiente mierda por hoy —dijo él, con una voz que no forzaba intimidad.

Nya sonrió de medio lado.

—Gracias… por compartirlo conmigo —respondió, con un leve asentimiento, sin querer profundizar.

El silencio entre ambos no era incómodo. Eran dos personas que estaban viendo sus cicatrices y dejar que otros las vieran. Como una muestra de que se consideraban iguales.

Pero el silencio no duró mucho tiempo. El teléfono de Aeris. El nombre en la pantalla quedó patente para los dos.

Parra.

Aeris cogió el móvil y descolgó, poniendo el manos libres.

—Dime, Parra.

La voz del inspector se mezcló con el murmullo de la casa.

—Harper, hemos encontrado un patrón. Un centro de salud en Madrid informó de un robo de medicamentos dos días antes del asesinato de Gervasio Arteaga.

El «midazolam» sustraído coincide con el que se usó en los crímenes de Helena Ortiz y Daniel Heredia.

Acabo de recibir el informe de tóxicos. Misma droga en las tres víctimas.

Los tres casos están relacionados no solo por los relatos del blog de Estefanía, sino por las drogas y el ADN. Te envío los atestados al correo.

Aeris apretó los labios y asintió. Pero sabía que la cosa no quedaba ahí. Tenía esa corazonada. No dejó de mirar a Nya ni un solo segundo, siendo la voz de Parra el conductor entre las palabras no dichas de ambos.

—Y hay algo más. Un problema mayor. Helena Ortiz no era una víctima al azar. Era la pareja de Gervasio Arteaga. Parece que Helena investigaba la muerte de su pareja al ver que los resultados de la policía eran infructuosos. Su nombre consta como la persona que encontró el cadáver.

El rostro de Nya se volvió aún más pálido, y el ambiente en la habitación se llenó de un silencio casi insoportable.

Aeris tomó aire y, con voz grave, confirmó lo peor.

—Mierda… la asesina la trajo a Jerez para matarla. Helena estaba siguiendo el rastro y descubrió algo peligroso. No podía dejarla con vida. Su muerte no fue accidental, fue un cabo suelto… y a la vez una advertencia.

La tensión era palpable, y Nya apenas pudo contener un estremecimiento.

—¿Sabemos algo más del mensaje?

—De momento nada más —Dijo Parra.

—Rastread desde dónde se envió. Quizá podamos averiguar algo más. Y quiero el contenido de su correo electrónico, y de su portátil… ¿lo encontrasteis en el coche?

—Sí. Estaba en el maletero del coche. La científica ya lo está examinando.

Aeris apretó los puños.

—Lo quiero todo… cualquier puto detalle que haya ahí dentro, puede darnos más datos. Si Helena llegó hasta la asesina, sabía más que nosotros .

—Perfecto, Harper. Te mantengo informado. Por ahora trata de dormir, que se te nota cansado.

«¿No me digas?», pensó con ironía.

Aeris colgó la llamada. Su rostro se tornó de acero y, con tono inquebrantable, pronunció.

—Esto ya no es solo un caso, Nya. Esto es más grande de lo que pensamos.

Ambos se miraron. La próxima muerte estaba cerca. En aquel instante, la verdad se asomó en la mirada de Aeris, y en un pensamiento silencioso, lo dejó claro.

«La está cazando».

Y aquello quedó claro cuando el móvil de Nya vibró sobre la mesa. Ambos miraron la pantalla. Un mensaje anónimo.

Id sin identificar -12:23

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