Los crímenes de «Erebos Nyght» (Erebos Nyght 1) CAPÍTULO 23 #2
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CAPÍTULO 23 #2

En ese instante, la puerta de la habitación de Nya se entreabrió, y ella apareció en el umbral, con los ojos enrojecidos y el cabello hecho un desastre.

Llevaba una sudadera ancha y pantalones de algodón, como si lo único que ansiara fuera cobijarse en tela gruesa para soportar la tormenta interna.

Se frotó la cara con la mano y avanzó hasta la cocina, vacilante.

—Buenos días ¿has podido dormir algo? —preguntó, en un murmullo.

Aeris chasqueó la lengua.

—Nada —admitió—. ¿Tú?

Nya negó con la cabeza, abrazándose a sí misma. Se fijó en el portátil abierto, percibió la atmósfera cargada. Tomó aire, notando el hilo de café que emanaba de la taza casi vacía.

—¿Has visto…?

—Lo he visto —La interrumpió Aeris, con un ceño implacable. Se giró hacia ella, cerrando de golpe el portátil—. Nya, tenemos un problema más grande de lo que pensaba.

La joven se quedó en silencio, sintiendo que un vacío se abría bajo sus pies. Tenía la piel erizada de escalofríos.

—¿Qué ocurre…?

Aeris tomó el móvil y le mostró un mensaje en la pantalla: el atestado de Madrid que Parra acababa de remitirle. Se veía el sumario con la descripción de la escena y las fotografías del escenario del crimen.

—Seis meses atrás, en Madrid, alguien mató a un coleccionista de arte. Lo ataron a una silla frente a un lienzo. Cada tajo en su piel fue copiado en la tela —Aeris hizo una pausa antes de soltar lo peor—. Exactamente como en «El Hombre del Cuadro».

Nya sintió un vacío abrirse bajo sus pies.

—No… no puede ser…

—Sí puede ser —El tono de Aeris era un martillo.

—¿Y cómo…?

—Porque la asesina te ha estado leyendo desde hace meses. Y cada palabra que escribiste… la convirtió en realidad.

Se hizo un silencio cargado de angustia. Los dos se miraron, y por un segundo, la tensión pareció estallar en el ambiente.

—Entonces… —susurró ella— ¿Seis meses…? ¿Una desconocida está matando gente, inspirándose en mis historias? ¿Pero… por qué?

Aeris apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.

—No lo sé, Nya. Pero es lo que está sucediendo.

Ha replicado «El Hombre del Cuadro» en Madrid, «El Último Reflejo» con Helena Ortiz, y «La Orquesta de los Condenados» con Daniel Heredia.

¿Y cuál es el siguiente relato que tienes?

—ladeó la cabeza—. «El Reloj de Carne». Lo publicaste hace dos días, y no lo recuerdas.

Es una bomba de relojería esperando a estallar.

El siguiente asesinato está escrito. Y lo peor es que no sabemos ni dónde, ni cuándo…

Nya notó un sabor metálico en la boca, como si estuviera a punto de marearse de nuevo. Se sostuvo contra la encimera, respirando de forma entrecortada.

—Dios, Aeris… esto es una locura. ¿Cómo…?

El juez la escrutó, con un matiz de rabia contenida.

—No tengo todas las respuestas. Solo sé que te quiere a ti en esta historia.

No como simple inspiración, sino como protagonista.

Alguien está esperando el momento para llevarte hasta el límite —Bajó el tono, pero su firmeza aumentó—.

Parra e Iker Santamaría están en contacto.

Tienen coincidencias de ADN en dos de los tres crímenes: Gervasio Arteaga, Helena Ortiz, y Daniel Heredia estamos a la espera de confirmación.

Y ahora, al ver esto, encaja a la perfección. Te está siguiendo a través de tu blog .

Nya se cubrió la boca con la mano, sin saber si gritar o llorar.

Todo su cuerpo temblaba, y un terror frío le calaba los huesos.

Recordó la sensación de lagunas mentales, el relato nuevo que no recordaba haber escrito, la imposibilidad de explicar su desvanecimiento en el polígono.

Era como si todo se conjurase en su contra.

Aeris desvió la mirada hacia la entrada de la casa, como si calibrara la seguridad del lugar.

—Voy a pedirte algo —sentenció—. Ven conmigo. No estarás a salvo aquí sola. Este hijo de puta… o hija de puta, mejor dicho… no piensa parar. Lleva demasiado tiempo siguiéndote como para parar ahora. Y si llevamos razón, se está acercando más a ti de lo que imaginas.

Nya lo miró, con un brillo de pánico en los ojos.

—¿Quieres que me largue de mi propia casa? ¿Así de fácil?

—A mi casa, sí. —La voz de Aeris sonaba innegociable—.

Es eso o a la Finca con tu amado padre —dijo con un deje de ironía—, pero no aquí.

He visto las cerraduras de tu puerta, y no son gran cosa.

Además, tenemos que investigar todo a fondo, y prefiero tenerte controlada…

y protegida —agregó, notando la mirada incrédula de ella—.

Eres la clave de este caso. Y también el objetivo final.

La respiración de Nya se volvió una sucesión de jadeos ahogados.

Su mente gritaba que no podía largarse así como así, pero la otra parte de sí reconocía que la seguridad era prioridad, y si tenía que elegir entre la casa de Aeris o el infierno de la Finca, Aeris no podía ser peor compañero de piso que su padre.

El blog , sus relatos, los crímenes… todo estallaba ante sus ojos.

—Está bien —cedió, en un susurro, cerrando los párpados—. De acuerdo.

Aeris dejó la taza de café en la encimera con un leve golpe .

—Prepara tus cosas. Nos vamos en media hora.

Nya sintió un nudo en la garganta, pero asintió. Cuando se giró hacia el pasillo para recoger algo de ropa, las palabras de Aeris se clavaron en su mente con la fuerza de una sentencia inapelable.

«La están cazando».

No las había pronunciado en voz alta, pero en la frialdad de sus ojos grises quedó claro lo que pensaba. Tras guardar su portátil en la mochila, cogió el móvil y llamó a Parra.

—Dime, Harper.

—Parra. Voy a enviarte un enlace de internet por WhatsApp .

Tengo el mapa de ruta de nuestra asesina.

El crimen de hace seis meses coincide con un relato publicado en esas fechas.

Concretamente, «El hombre del cuadro». Replicado a la perfección.

El de Helena Ortiz con «El último reflejo».

Y el de Daniel Heredia con «La Orquesta de los Condenados».

Aeris supo al instante, por el silencio al otro lado de la línea, que Parra estaba alucinando con lo que le estaba contando.

—¿Cómo…?

Aeris respiró hondo.

—Lo que oyes. Santamaría tiene razón. La base de datos debe tener más muertes con este patrón. No creo que haya empezado con el coleccionista de arte. Esto lleva más tiempo en marcha. Busca crímenes sin resolver que coincidan con los relatos de ese blog . Quiero ver hasta dónde llega esta mierda.

—Vale… un momento que lo abro —Respondió Parra—. ¿Crees que entre el crimen de Madrid y los de Jerez hay más?

—Creo… que lo que haya cometido antes de Helena Ortiz han sido entrenamiento… perfeccionando su método y su modus operandi . El objetivo de esa mujer está en Jerez.

Parra respiró hondo.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Porque cada puto asesinato empezó en la cabeza de Estefanía Palacios —Dijo, tajantemente.

El silencio.

Real.

Intenso.

—Va a por ella… —Murmuró Parra.

—Y está más cerca de lo que pensamos. No pienso dejar que se acerque más…

Parra se sobresaltó.

—Harper… ¿has leído el último relato ?

—Ajá… hace dos días. «El Reloj de Carne».

—¿Estás pensando lo mismo que yo?

— Tic, tac , Parra… Tic, tac …

El siguiente asesinato ya estaba escrito.

Solo faltaba ejecutarlo.

Y lo peor de todo…

Nya no sabía si sería la autora o la víctima.