Los crímenes de «Erebos Nyght» (Erebos Nyght 1) CAPÍTULO 17 #3
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CAPÍTULO 17 #3

« Buenos días, Aeris. Ya tengo mi coche »

No pasaron ni dos minutos antes de que el teléfono vibrase con la respuesta.

Harper -12:03

« Bien. ¿Cómo estás? »

Nya no pudo evitar sonreír con sarcasmo.

Nya -12:04

« Pues para que puedas llamarme, quizá es mejor que tengas mi número. Tú me diste el tuyo. Yo no »

Harper -12:05

« Sabía que acabarías preguntando por el caso. ¿Te has estabilizado? »

Nya -12:06

« No te preocupes, ya pasó. Solo ansiedad, ya te lo dije. Oye, estaba pensando… ¿sigues queriendo que te ayude? »

Esta vez Aeris no contestó de inmediato. Nya dejó el teléfono en la encimera y se sirvió un vaso de agua del dispensador. Bebió lentamente, para tratar de relajarse un poco.

Tragó saliva. Aún tenía el sabor metálico del golpe en la boca, y notaba los latidos pulsándole en la mejilla.

Aun así, la idea de ver a Aeris y hablar de la investigación le pareció un escape perfecto.

Le debía una por haberse ocupado de ella la tarde anterior, y además necesitaba algo que la mantuviera ocupada.

La respuesta de Aeris llegó.

Harper -12:17

« Termino unas declaraciones, reviso informes y voy. No conduzcas si sigues con la cabeza hecha un lío »

Nya puso los ojos en blanco.

Nya -12:19

« No me mates tan rápido. Pero no me parece mala idea, mi despacho es grande y tenemos espacio para ver toda la documentación »

Harper -12:21

« En un par de horas como máximo estaré allí »

Nya dejó el móvil sobre la mesa, soltando un leve suspiro. Al menos iba a centrarse en algo práctico. El caso. Sí, el asesinato de Helena Ortiz. Había demasiados cabos sueltos:

El medicamento que usaron para drogarla: «midazolam». Parra, por indicación de Aeris, buscaba si había habido algún robo en farmacias.

El ADN encontrado bajo las uñas de Helena. El laboratorio estaba cotejándolo en bases de datos nacionales y europeas.

No pudo evitar recordar lo ocurrido con su padre.

Algunas sombras se esconden en la familia. Otras, en las calles. Pero al final, todas dejan marcas en la piel.

El móvil de la víctima, con documentación falsa en el contrato. El IMEI también estaba siendo rastreado.

El yonqui que habían encontrado en el polígono. Había dado una descripción ambigua, pero quizá algo útil si escarbaban más.

Nya dio unos pasos por el salón, con las manos en la cintura.

Sentía el rostro caliente y un ligero mareo, pero la idea de colaborar con Aeris le daba una energía nueva.

Tal vez -se dijo- podía encontrar un hilo del que tirar sobre Helena Ortiz.

Era fotógrafa profesional. ¿Y si buscaba algo en redes sociales, en su página web ?

Tal vez descubriera conexiones con gente de Jerez.

Quizá había estado haciendo encargos para alguien.

O podía tirar del tema del sedante, o de la ruta que siguió antes de morir.

Eso podría estar en las ubicaciones del móvil de la víctima.

Estaba tan sumida en sus pensamientos que casi no se percató de que el teléfono vibraba de nuevo. Era un audio de Aeris. Se llevó el móvil al oído, escuchando la voz firme, aunque con un ligero matiz de preocupación:

—Nos vemos en un rato. Sobre el caso: Parra sigue con lo de las farmacias y el móvil. Aún nada concluyente. Si tienes algo en mente, lo hablamos.

Nya dejó caer el brazo, asimilando sus propias emociones mezcladas con la urgencia de la investigación.

Sí, tal vez enfocarse en lo de Helena Ortiz fuera la mejor vía de escape posible.

No cambiaría lo que había pasado esa mañana con su padre, pero al menos la alejaría de quedarse rumiando el dolor y la culpa.

Le escribió un mensaje en respuesta a su audio.

Nya -12:40

« ¿Podrías pedirle a Parra que te pase, si lo tiene, el histórico de la cronología de la cuenta Google del móvil? ¿Y sus redes sociales? Quizá por la ubicación de los días previos, podamos encontrar algo »

Harper -12:43

« ¿Tienes algo en mente? »

Nya -12:45

« Te lo cuento mientras comemos, todavía tengo que hilar la teoría en mi cabeza »

Algo se removió en su interior, una parte de ella que se negaba a mostrar vulnerabilidad. Pero sabía que necesitaba hablar, moverse, hacer algo útil .

Volvió a mirarse fugazmente en el espejo de la entrada y comprobó que la marca del golpe se notaba.

Se mordió el labio, dudando entre disimularla o dejarla tal cual.

Al final, se encogió de hombros. No tenía por qué ocultar nada.

Y si Aeris lo notaba, ya vería qué explicación darle.

Era absurdo, él ya le preguntó cuántas veces le pegó.

Así que le diría la verdad: un padre maltratador y una hija harta de arrastrar cadenas.

Fuera como fuese, había tomado una decisión sobre sí misma. Y aunque ese golpe ardiera en su mejilla, su alma se sentía un poco más libre. Dicho esto, se sentó en el sofá y puso algo de música para intentar mantener la concentración.

« Wolves », de Sam Tinnesz, fue la elección.

Si algo ayudaba a pensar a Nya Palacios, era la música. Y con ello, la decisión que se asentaba en su interior cada vez con más contundencia.

Nunca más.