Los cerezos de Central 5 de diciembre de 1921, lunes
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5 de diciembre de 1921, lunes

Nueva York

Querido Richard:

Al fin ha llegado la inauguración de los grandes almacenes de John.

A pesar de que podría contarte lo increíble que ha quedado todo, no puedo dejar de pensar en algo más personal: me hubiera encantado verte allí, correteando con tu hermana y con Evan, sintiéndote tan orgulloso como yo lo estaba al ver lo que es capaz de construir tu tío.

Es un gran hombre y me demuestra día a día que me aprecia tanto como a Mary.

Muchas veces he recordado lo grosera que fui la primera vez que nos vimos y sé que quizá mi comportamiento alentó todo lo que sucedió después.

Estuv o muy mal por mi parte, pero supongo que las historias nunca son como se empiezan, sino como terminan, y he acabado encontrando un hermano del que me siento orgullosa.

Te confieso que hoy estaba muy nerviosa por ver expuestas mis fotografías, pero todo han sido halagos y a nadie le han parecido inoportunas, supongo que porque aquí tampoco importa quién soy.

Eso me gusta de Nueva York, esa libertad que respiro y que en Londres no me puedo permitir ni soñar.

Pesa mucho la educación que recibí, quién es mi familia, quién se supone que debo ser yo y cómo debo comportarme.

Ahora entiendo más que nunca por qué mi hermana se deshizo de todo en cuanto pudo y la admiro más.

Yo… yo no sé si seré capaz de volar como ella.

Victoria me habla de permitirme vivir y aprovechar el que no tengo que rendirle cuentas a nadie.

Se refiere a Ian. Es verdad, ya no hay un padre, ni un esposo al que dar explicaciones, pero siento que estaré quebrantando las reglas con las que he crecido.

Y si yo no tengo reglas, ¿cómo voy a saber cómo educar a tu hermana?

Pero, a la vez, no dejo de pensar en lo que me ha dicho Victoria, que tengo que recordar que esto también son solo unas vacaciones, unos meses de tregua hasta que vuelva a casa.

Contigo, mi amor.

Tal vez deba tomar todo esto como una pausa en mi vida, el respiro que vine a buscar. Me he dado permiso para averiguarlo.

Espero que no te importe.

Tu madre, que te ama,

Elisabeth Davenport