Los cerezos de Central 4 de diciembre de 1921, domingo
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4 de diciembre de 1921, domingo

Nueva York

Querido Richard:

Desde que conocí al fotógrafo que encontró a tu hermana, algo ha cambiado dentro de mí, y no sé muy bien por qué. Su prese ncia me ha hecho recordar sensaciones que creía dormidas y me ha inquietado; una parte de mí que permanecía en silencio parece haber despertado sin mi permiso.

No entiendo por qué sucede. Hace tiempo que me juré no dejar que nadie traspasara las murallas que levanté en torno a mi corazón, pero las emociones se están abriendo paso, como si mi alma recordara algo que mi mente trata de apartar.

Vine con el objetivo de hallar paz y reencontrarme conmigo misma y ahora, mientras recreo los minutos en el saloncito y la liviana conversación —a todas luces alejada de cualquier intención romántica—, mi letra se desliza insegura, reflejo de la confusión que me habita.

No deseo sentirme así, Richard. Vine aquí buscando calma, un lugar donde curar las heridas, y sin embargo me descubro vulnerable, como si la vida insistiera en recordarme que sigo viva, que aún hay puertas que creí cerradas con siete llaves.

He escuchado murmullos en el pasillo; creo que ya se ha marchado. Ojalá no volvamos a encontrarnos. No por falta de ganas, sino porque me desconcierta la inquietud que me provoca su presencia.

¿Tú me entiendes, mi amor? Yo, no.

Tu madre,

Elisabeth Davenport