Los cerezos de Central 18 de noviembre de 1921, viernes
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18 de noviembre de 1921, viernes

Océano Atlántico

Camarote del Aurore

Querido Richard:

Pensé que el trayecto a bordo del transatlántico me resultaría más difícil, pero la realidad ha sido que hasta ha habido momentos en los que he disfrutado de él.

Ha cumplido la promesa de ser unas pequeñas vacaciones antes del destino.

Te hubiera gustado esto y estoy segura de que habrías disfrutado tanto como lo han hecho Evan y Catherine.

Se han pasado los días jugando, entretenidos con los espectáculos que ofrecía una compañía que viaja con destino a Broadway, correteando por las cubiertas y explorando los pasillos.

A la vuelta a Inglaterra, tendremos que repasar las buenas normas de comportamiento y buscarle una institutriz a tu hermana; me temo que me hace menos caso que nunca.

Pero ha merecido la pena.

Me siento expectante ante lo que ha de llegar, deseosa de saber qué me depara el destino en esta tierra extraña. Y lista para volver a ilusionarme. Ya siento cierto calor en el pecho y que las ganas de sonreír, aunque intermitentes, están regresando.

El tiempo, a pesar del frío de noviembre, ha sido benévolo y solo durante una jornada sufrimos los embates del mar, cuando nos sorprendió un temporal.

El barco, aunque no se mueve apenas, ese día se bamboleaba tanto que tu hermana comenzó a llorar.

Yo estaba tan aterrada como ella, pero debía tranquilizarla; reuní fuerzas para relatarle una historia.

¿Recuerdas la de las ovejas de Hertfordshire que os contaba por las noches?

Cath quiso que se la repitiera al menos siete veces, y la verdad es que las dos logramos no pensar demasiado en lo que sucedía fuera del camarote.

Cuando todo se calmó, hacía rato que nos habíamos quedado dormidas.

Mañana está prevista nuestra llegada a Nueva York.

Te lo contaré todo.

Tu madre,

Elisabeth Davenport