Los cerezos de Central 7 de octubre de 1921, viernes
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7 de octubre de 1921, viernes

Almond Hill

Residencia de los condes de Barton

Querida Mary:

Como ya te anticipé la última vez que nos vimos, y como ya he informado en otra carta a nuestro hermano, esta mañana he cerrado Almond Hill.

Ha sido doloroso ver los pasillos llenarse de oscuridad, a medida que el servicio iba corriendo las cortinas; me dolía el alma pisar las habitaciones vestidas con sábanas para preservarlas del polvo, era como si nuestra hermosa casa se hubiera llenado de fantasmas.

Pero lo más devastador ha sido cerrar la puerta principal.

No he querido dejarles esa tarea a Martin o a la señora Durrell, he sido yo misma quien ha girado la llave.

Con el sonido de la cerradura, he sentido también un crujido en mi interior.

Me aterra volver a poner los pies en esta casa que nos vio nacer en calidad de visita, que cuando entre a la biblioteca no esté presidiéndola el olor de papá.

He recogido todo lo que podía llevarme a Chignall y mis recuerdos personales, pero hay objetos, como el retrato de mamá, que son tan grandes que no tienen cabida en una pequeña casa como esa.

Quizá podrías tenerlo tú en la tuya, no quiero que se estropee o que alguien se deshaga de él, como hice yo con el de Charles: lo tiré a la chimenea el otro día.

Fue maravilloso ver cómo la cara de mi marido desaparecía consumida por las llamas.

No se merece quedarse ni como un recuerdo en este mundo.

Espero que cerrar Almond Hill no la acabe deteriorando de manera irremediable y que entre los tres encontremos una solución para ella. De ningún modo me gustaría ser la responsable última de su ruina.

Voy a hacerte una visita a Londres con Catherine. Necesitamos tratar esto en persona, pero, sobre todo, necesito verte, hermana. Dime si quieres que te haga llegar el retrato de mamá.

Tuya,

Elisabeth Davenport