Los cerezos de Central 1 de octubre de 1921, sábado
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1 de octubre de 1921, sábado

Almond Hill

Residencia de los condes de Barton

Querido John:

Me encuentro abrumada por las finanzas de Almond Hill.

Solo el dinero que Mary y tú hacéis llegar a mis manos cubre los gastos y gracias a él la situación de la propiedad no es desesperada.

Mi temor es tomar alguna decisión que ponga en riesgo este precario equilibrio en el que se encuentra desde que acabó la guerra y terminemos perdiéndola.

No me siento con energía para seguir al frente, John.

Apenas entiendo lo que me dice el administrador cada vez que me visita.

Prometo que lo intento, que escucho con atención, pero nada de lo que me explica se asienta en mi cerebro.

A veces creo que lo hace a propósito, porque soy una mujer y quiere dejar en evidencia mi torpeza, pero, de un tiempo a esta parte, creo que también mi propia tristeza está poniéndomelo difícil.

Sé que nuestro padre se volvería a morir si tuviera la oportunidad de leer esta carta y ver que me estoy rindiendo con esta propiedad que ha significado tanto para los condes de Barton.

Pero no es solo eso lo que me sucede, también necesito alejarme de estas tierras y poder respirar de nuevo.

Necesito… Te soy sincera, hermano, no sé qué es lo que necesito.

Recuperarme del mazazo de perder a nuestro padre y a mi hijo en unos días, llenar mi cabeza de otros asuntos que no sean cifras que no entiendo y vaciarla de esta soledad que, como una paradoja extraña, lo llena todo.

Almond Hill se ha vuelto enorme desde que ellos no están.

El administrador dice que tenemos una pequeña casa en Chignall, que lleva cerrada años, y que puedo ocupar con la señora Durrell, la señora Smith, Peter y Martin, el único personal que necesito.

Me voy a trasladar allí mientras tomamos una decisión entre los tres hermanos.

Mary ya lo sabe, le escribí a Londres hace unos días y fue ella quien me indicó que te informase yo misma de lo que sucede.

Espero tus noticias.

Tu hermana,

Elisabeth Davenport