Capítulo 33 — Un túnel bajo la casa
Esa tarde regresé a la mansión con una idea fija.
Había visto los pasajes dentro de las paredes. Había escuchado pasos durante la noche. Y ahora sabía que el terreno de la propiedad ofrecía lugares suficientemente apartados para ocultar algo durante años.
Pero faltaba una pieza.
Los pasajes dentro de la casa servían para moverse sin ser visto. Eso ya estaba claro. Sin embargo, para que alguien pudiera entrar o salir de la propiedad sin levantar sospechas debía existir otra cosa.
Una salida.
Volví al corredor del segundo piso donde había descubierto el pasaje detrás del retrato.
Miré a ambos lados del pasillo.
Nadie.
Deslicé el cuadro a un lado y abrí la abertura.
El corredor oculto seguía allí.
Encendí la pequeña lámpara y entré.
Avancé lentamente por el pasaje, iluminando las paredes de madera con la luz débil. El polvo acumulado en los bordes indicaba que el corredor tenía muchos años, pero las marcas del suelo mostraban algo diferente.
Alguien lo usaba.
Caminé varios metros.
El corredor giraba hacia el interior de la casa y luego descendía ligeramente.
Me detuve.
No recordaba haber visto una parte descendente del pasaje la noche anterior.
Seguí avanzando.
La madera del suelo cambió gradualmente por piedra.
Eso me sorprendió.
El corredor terminaba en una pequeña puerta baja de hierro.
Probé el picaporte.
No estaba cerrada.
Empujé con cuidado.
La puerta se abrió hacia un espacio más amplio.
Era un túnel.
Las paredes eran de piedra húmeda y el techo bajo obligaba a caminar inclinado. El aire era frío y olía a tierra.
Avancé unos pasos.
El túnel continuaba hacia adelante.
Seguí caminando.
Después de varios metros apareció una escalera de piedra que subía.
Apagué la lámpara por un momento.
Silencio.
Subí los escalones lentamente.
Al llegar arriba encontré otra puerta.
Empujé con cuidado.
La puerta se abrió.
La luz gris del exterior entró inmediatamente.
Salí.
Me encontré entre los árboles.
A unos metros del lago.
Me quedé mirando el agua durante varios segundos.
Ahora todo tenía sentido.
La casa tenía pasajes ocultos.
Los pasajes conducían a un túnel.
Y el túnel salía directamente al jardín.
Alguien podía moverse desde cualquier parte de la casa hasta el lago sin que nadie lo viera.
Cerré la puerta detrás de mí.
Luego regresé lentamente hacia la mansión.
La última pieza del rompecabezas acababa de aparecer.