Capítulo 34 — El pasado de la mansion
Regresé a la casa por el sendero del jardín.
Ahora que conocía la salida del túnel, el lago ya no parecía simplemente un elemento del paisaje. Estaba colocado exactamente donde alguien lo habría querido si necesitara un lugar apartado de la casa.
Entré por la puerta lateral.
El mayordomo estaba en el vestíbulo.
—Detective.
—Señor Harrow.
—¿Todo en orden?
—Sí.
No añadí nada más.
Subí al estudio del barón. Esta vez no pedí permiso para entrar; simplemente llamé y abrí la puerta.
El barón estaba de pie frente a una estantería llena de libros.
—Detective Truman.
—Señor.
—¿Ha descubierto algo?
Cerré la puerta.
—Sí.
El barón esperó.
—Su abuelo construyó esta casa.
—Así es.
—Y también mandó construir los pasajes dentro de las paredes.
El barón no se sorprendió.
—Le mencioné eso ayer.
—Pero no mencionó el túnel.
Hubo un breve silencio.
—¿Túnel?
—Un túnel que sale de la casa y llega hasta el jardín.
El barón me observó unos segundos antes de responder.
—No tenía conocimiento de eso.
Saqué la libreta.
—¿Está seguro?
—Completamente.
Caminé por el estudio mirando los retratos de la pared.
—Su abuelo era un hombre muy particular.
—Eso dicen los retratos.
—Un hombre que quería ver todo lo que ocurría en su casa sin ser visto.
El barón cruzó las manos.
—Sí.
—Y también un hombre que desconfiaba de sus empleados.
El barón asintió lentamente.
—Mi abuelo creía que el personal debía ser vigilado.
—¿Por qué?
—Decía que en una casa grande siempre hay secretos.
Me detuve frente a la ventana.
—¿Alguna vez desapareció alguien en esta casa antes?
El barón tardó más en responder esta vez.
—No que yo recuerde.
Lo miré.
—¿Está seguro?
El barón dudó.
Luego suspiró.
—Hace muchos años… hubo un incidente.
No dije nada.
—Una empleada abandonó la casa repentinamente.
—¿Cuándo?
—Antes de que yo naciera.
—¿Se investigó?
—No.
—¿Por qué?
El barón bajó la mirada.
—Porque mi abuelo dijo que simplemente se había marchado.
Guardé la libreta.
—Entonces esta no es la primera vez que ocurre algo así en la mansión.
El barón permaneció en silencio.
Durante varios segundos ninguno de los dos habló.
Finalmente me acerqué a la puerta.
—Detective —dijo el barón.
Me detuve.
—Sí.
—Si hay algo oscuro en esta casa… quiero saberlo.
Lo miré.
—Yo también.