Capítulo 29 — El error del detective
Pasé el resto de la tarde revisando nuevamente mis notas.
Cuanto más pensaba en el caso, más lógico parecía que el mayordomo estuviera involucrado. Tenía acceso a toda la casa, conocía los horarios de cada persona y controlaba las llaves.
Si alguien podía moverse por los pasillos durante la noche sin levantar sospechas, era él.
Esa noche decidí hablar directamente con el barón.
Lo encontré en su estudio, sentado frente a un escritorio lleno de papeles.
—Detective Truman —dijo al verme entrar.
—Señor.
—¿Ha descubierto algo?
Cerré la puerta detrás de mí.
—Tengo algunas sospechas.
El barón apoyó la pluma sobre la mesa.
—¿Sobre quién?
Saqué la libreta.
—Su mayordomo.
El barón no respondió de inmediato.
—Explíquese.
—Es el único que controla las llaves de la casa.
—Sí.
—Conoce cada parte de la mansión.
—Así es.
—Y puede moverse por los pasillos sin que nadie se sorprenda.
El barón me observó con calma.
—Eso no lo convierte en un asesino, detective.
—No.
—¿Tiene alguna prueba?
Guardé silencio un momento.
—No todavía.
El barón apoyó las manos sobre el escritorio.
—Harrow trabaja con mi familia desde hace más de quince años.
—Lo sé.
—Es el hombre más confiable que he conocido.
—Eso dicen todos los empleadores antes de descubrir algo desagradable.
El barón frunció ligeramente el ceño.
—Detective, espero que esté equivocado.
—Yo también.
En ese momento se escucharon pasos en el pasillo.
La puerta se abrió.
El mayordomo apareció en el umbral.
—Señor.
Sus ojos pasaron del barón a mí.
—Disculpe la interrupción.
El barón lo miró.
—¿Qué ocurre?
—La baronesa desea hablar con usted.
El barón se levantó.
—Iré enseguida.
Harrow inclinó la cabeza y se apartó para dejarlo pasar.
Cuando el barón salió del estudio quedamos solos.
El mayordomo cerró la puerta.
Me miró con la misma calma de siempre.
—Detective.
—Señor Harrow.
—Escuché parte de su conversación.
No dije nada.
—Sospecha de mí.
—Es parte de mi trabajo.
El mayordomo asintió lentamente.
—Entonces espero que encuentre pronto lo que busca.
—Yo también.
Harrow abrió la puerta.
—Buenas noches, detective.
Lo observé alejarse por el pasillo.
Mientras lo veía marcharse, una idea incómoda empezó a formarse en mi mente.
Si el mayordomo no era el culpable…
entonces alguien más en esa casa estaba mintiendo.