Capítulo 25 — El secreto del barón
El resto de la mañana lo pasé revisando la planta baja de la casa con más atención.
Ahora que sabía que existían corredores ocultos dentro de las paredes, cada puerta, cada panel y cada retrato me parecía sospechoso. Sin embargo, no encontré ninguna otra abertura visible.
A media tarde decidí hablar nuevamente con el barón.
El mayordomo me condujo al mismo salón donde lo había visto el primer día. El barón estaba sentado junto a una mesa pequeña revisando algunos documentos.
—Detective Truman —dijo al verme entrar.
—Señor.
Me indicó una silla.
—¿Ha avanzado en su investigación?
—Un poco.
Me senté frente a él.
—Quisiera hacerle algunas preguntas sobre la casa.
El barón apoyó los papeles a un lado.
—Adelante.
—¿Hace cuánto pertenece esta mansión a su familia?
—Varias generaciones.
—¿Fue construida por sus antepasados?
—Sí.
Saqué la libreta.
—¿La casa ha sido modificada con el tiempo?
El barón pensó un momento.
—Algunas reformas menores.
—¿Alguna modificación estructural?
—No que yo recuerde.
Lo observé unos segundos antes de hacer la siguiente pregunta.
—¿Sabe si la casa tiene pasajes ocultos?
El barón pensó unos segundos antes de responder.
—Detective… hay algo que debería saber sobre esta casa.
Esperé.
El barón se levantó y caminó lentamente hacia uno de los ventanales.
—Esta mansión fue construida por mi abuelo.
—¿El mismo que aparece en el retrato del pasillo?
—Sí. Eduard van Vauhter.
Se quedó mirando el jardín unos segundos antes de continuar.
—Mi abuelo era un hombre… extremadamente cuidadoso con lo que ocurría dentro de su casa.
—¿A qué se refiere?
El barón dudó un momento.
—Mandó construir pasajes dentro de las paredes.
No dije nada.
—Corredores ocultos —continuó— que conectan diferentes partes de la casa.
—¿Para qué?
El barón volvió a sentarse.
—Decía que una casa grande funciona mejor cuando el dueño puede observar lo que ocurre… sin ser visto.
Cerré lentamente la libreta.
—¿Todavía existen esos pasajes?
—Supongo que sí.
—¿Usted los utiliza?
El barón negó con calma.
—No.
—¿Sabe quién más los conoce?
El barón me miró con una expresión difícil de interpretar.
—No muchos.