Capítulo 24 — El retrato antiguo
Después de hablar con los niños salí nuevamente al pasillo.
Las palabras de Pauline seguían dando vueltas en mi cabeza.
Pasos en la noche.
La niña había dicho exactamente lo mismo que yo había escuchado unas horas antes.
Caminé sin rumbo por el corredor del segundo piso.
A esa hora la casa estaba tranquila. Desde el fondo se oían voces lejanas que probablemente venían de la cocina. La vida normal de la mansión continuaba como si nada estuviera ocurriendo.
Me detuve frente a uno de los retratos de la pared.
Era grande, más antiguo que los demás. Representaba a un hombre de barba oscura vestido con ropa de otra época. El marco era pesado y estaba cubierto por una capa fina de polvo.
Leí la placa de metal que había debajo.
Eduard van Vauhter1863
Observé el retrato con atención.
La pintura estaba hecha con gran detalle. El artista había trabajado cuidadosamente el rostro del hombre, dándole una expresión severa que parecía seguir a quien lo mirara desde cualquier ángulo.
Había algo extraño en el cuadro.
Me acerqué un poco más.
El retrato no estaba completamente pegado a la pared.
Había un pequeño espacio entre el marco y la madera del panel.
Pasé la mano por el borde.
El cuadro se movió ligeramente.
Lo sostuve con ambas manos y lo deslicé hacia un lado.
Detrás del retrato apareció una abertura rectangular en la pared.
Una abertura oscura.
Encendí la lámpara del pasillo y acerqué la luz.
Era otro pasaje.
Un corredor estrecho escondido dentro de la estructura de la casa.
El mismo tipo de corredor que había descubierto durante la noche.
Miré dentro.
El pasaje se extendía hacia ambos lados del interior de la pared.
El suelo tenía marcas.
Huellas recientes.
Alguien utilizaba esos corredores.
Volví a colocar el retrato en su lugar.
La pintura cubrió la abertura como si nunca hubiera estado allí.
Di un paso atrás.
Ahora entendía algo importante sobre la mansión.
No era solo una casa grande.
Era una casa diseñada para observar sin ser visto.