LOS CASOS DE OSVALD TRUMAN Capítulo 23 — El miedo de Pauline
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Capítulo 23 — El miedo de Pauline

A la mañana siguiente la casa volvió a la normalidad.

Los pasos en los pasillos, el ruido lejano de la cocina y el movimiento del personal hacían difícil imaginar que durante la noche alguien hubiera estado caminando por corredores ocultos dentro de las paredes.

Bajé al comedor donde la familia tomaba el desayuno.

El barón estaba leyendo el periódico. La baronesa conversaba con sus hijas mientras el hijo mayor permanecía en silencio frente a su plato.

—Buenos días, detective —dijo la baronesa con cordialidad.

—Buenos días.

Tomé asiento unos minutos con ellos. No era extraño que un investigador conversara con los habitantes de una casa durante una investigación.

—¿Durmió bien? —preguntó el barón.

—Lo suficiente.

El desayuno continuó con una conversación ligera que no tenía relación con el caso.

Después de unos minutos me levanté.

—Si me disculpan, me gustaría hablar nuevamente con los niños.

El barón asintió.

—Por supuesto.

Los encontré más tarde en la sala de estudio.

Ben estaba leyendo un libro. Camille escribía en un cuaderno y Pauline miraba por la ventana.

—Buenos días —dije.

Los tres levantaron la vista.

—Buenos días, detective —respondió Ben.

Me acerqué a la mesa.

—Solo quiero hacerles unas preguntas más.

Los niños asintieron.

Saqué la libreta.

—Ayer mencionaron la escalera del fondo de la casa.

Ben respondió primero.

—Sí.

—La que baja al sótano.

—Exacto.

—¿La usan mucho?

—No.

—¿Por qué?

El muchacho se encogió de hombros.

—No hay nada interesante allí.

Miré a las niñas.

Camille parecía tranquila.

Pauline no.

La niña evitaba mirarme.

—Pauline —dije con suavidad—, ¿puedo hacerte una pregunta?

La niña levantó la vista lentamente.

—Sí.

—¿Alguna vez has bajado al sótano?

Negó con la cabeza.

—No.

—¿Por qué?

Pauline dudó antes de responder.

Miró a su hermano.

Luego volvió a mirarme.

—Porque no me gusta.

—¿No te gusta?

La niña negó otra vez.

—¿Por qué?

Pauline tardó unos segundos en contestar.

—Porque alguien camina allí por la noche.

La habitación quedó en silencio.

Ben frunció el ceño.

—Eso no es cierto.

Camille miró a su hermana con curiosidad.

—¿Quién camina?

Pauline bajó la mirada.

—No lo sé.

—¿Lo has visto?

—No.

—Entonces ¿por qué dices eso?

La niña habló en voz baja.

—Porque lo escucho.

Nadie dijo nada durante unos segundos.

Guardé la libreta.

—¿Cuándo escuchas esos pasos?

Pauline levantó los ojos lentamente.

—Por la noche.