Capítulo 20 — La noche en la mansión
Esa tarde no regresé inmediatamente a la oficina.
Había algo en la casa que todavía no terminaba de encajar. Demasiadas respuestas tranquilas, demasiadas coincidencias, demasiado silencio.
El mayordomo me encontró nuevamente en el vestíbulo.
—¿Se retira, detective?
—No todavía.
Harrow esperó.
—Me gustaría quedarme esta noche.
El mayordomo no mostró sorpresa, aunque tardó un segundo en responder.
—¿En la casa?
—Sí.
—¿Con qué propósito?
—Observar.
El mayordomo inclinó ligeramente la cabeza.
—Hablaré con el barón.
—Gracias.
Esperé en el vestíbulo unos minutos.
La luz del día comenzaba a desaparecer detrás de las ventanas altas y la casa se llenaba de sombras largas que se extendían por el suelo de madera.
El mayordomo regresó.
—El barón no ve inconveniente.
—Lo agradezco.
—Podemos prepararle una habitación de invitados.
—Eso estará bien.
Harrow me condujo al segundo piso, esta vez por la escalera principal. La habitación que me asignaron era mucho más grande que las del personal. Tenía una cama amplia, una mesa de trabajo y una ventana que daba al jardín trasero.
—Si necesita algo, detective, puede llamarme.
—Gracias.
El mayordomo salió y cerró la puerta.
Esperé.
El tiempo en una casa grande cambia después del anochecer. Durante el día todo parece normal: la gente trabaja, se mueve, habla.
Por la noche la casa respira de otra manera.
Pasaron varias horas.
La mansión se fue quedando en silencio poco a poco. Primero desaparecieron los pasos en los pasillos. Luego las voces. Finalmente solo quedó el sonido ocasional del viento contra las ventanas.
Cerca de la medianoche decidí salir de la habitación.
Abrí la puerta con cuidado.
El pasillo estaba oscuro, iluminado apenas por una lámpara al final del corredor.
Caminé lentamente.
Cada paso resonaba más de lo normal en el silencio de la casa.
Llegué a la escalera.
Desde allí se podía ver el vestíbulo del primer piso, completamente vacío.
Me quedé escuchando.
Durante varios minutos no ocurrió nada.
Entonces escuché algo.
Un sonido breve.
Como un paso.
Venía de la planta baja.
Bajé los escalones lentamente.
El vestíbulo estaba vacío cuando llegué.
Miré hacia los pasillos.
Todo parecía igual que antes.
Me quedé quieto.
El sonido no se repitió.
Tal vez había sido el viento.
Tal vez una puerta moviéndose.
Tal vez alguien caminando por la casa.
Regresé a la escalera y subí nuevamente al segundo piso.
Antes de volver a mi habitación miré hacia el corredor del fondo.
El mismo donde estaba la puerta del sótano.
El pasillo estaba oscuro.
Completamente vacío.
Pero por primera vez desde que había llegado a la mansión tuve la sensación de que alguien más estaba despierto en la casa.