Capítulo 17 — El lago del jardín
Después de salir del sótano decidí volver al jardín.
Había algo en las casas grandes que siempre me incomodaba: cuando un lugar tenía demasiados espacios cerrados, era fácil olvidar que el terreno alrededor también formaba parte de la historia.
Salí por la puerta lateral.
El aire frío de la mañana seguía cubriendo el terreno y el cielo permanecía gris. El jardín estaba húmedo por la lluvia de la noche anterior.
Caminé hacia la parte trasera de la propiedad.
El jardinero trabajaba cerca de los árboles, podando algunas ramas bajas. Levantó la vista cuando me vio acercarme.
—Detective.
—Buenos días.
Me detuve a unos metros.
—Ayer no recorrí todo el terreno.
El hombre apoyó la herramienta contra el suelo.
—Es grande.
—Eso parece.
Miré hacia el fondo del jardín.
Los árboles formaban una línea espesa que ocultaba parte del terreno.
—¿Qué hay detrás de esos árboles?
El jardinero tardó un momento en responder.
—Un lago pequeño.
—¿Un lago?
—Sí.
—¿Puedo verlo?
El hombre dudó un segundo, pero finalmente asintió.
—Por aquí.
Caminamos por un sendero estrecho que atravesaba la parte más alejada del jardín. El suelo estaba cubierto de hojas húmedas y ramas caídas.
Después de unos minutos el terreno se abrió.
El lago apareció entre los árboles.
No era muy grande, pero era profundo. El agua estaba oscura y quieta, con algunas hojas flotando en la superficie.
Me acerqué a la orilla.
—¿Pertenece a la propiedad?
—Sí.
—¿Se utiliza para algo?
—No.
—¿Nadie viene aquí?
—Casi nunca.
Miré el agua en silencio.
—¿Clara venía alguna vez al jardín?
El jardinero se encogió de hombros.
—A veces.
—¿Hasta aquí?
—No lo sé.
El viento movía ligeramente la superficie del lago.
—¿Cuándo fue la última vez que alguien estuvo aquí?
El hombre pensó unos segundos.
—No lo recuerdo.
Observé el terreno alrededor.
No había huellas visibles. Solo barro húmedo y hojas.
—¿El personal viene aquí con frecuencia?
—No.
—¿Los niños?
—Tampoco.
Volví a mirar el lago.
Un lugar así, tan cerca de la casa y al mismo tiempo tan aislado, podía pasar desapercibido durante mucho tiempo.
Me quedé unos segundos más observando el agua.
Luego me di la vuelta.
—Gracias por mostrarme el lugar.
El jardinero asintió.
—De nada.
Regresamos caminando hacia la mansión.
La casa volvió a aparecer entre los árboles, grande y silenciosa como siempre.