LOS CASOS DE OSVALD TRUMAN Capítulo 16 — El sótano
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Capítulo 16 — El sótano

A la mañana siguiente regresé a la mansión.

La niebla cubría nuevamente el jardín y el aire tenía ese olor húmedo que suele preceder a la lluvia. El mayordomo abrió la puerta antes de que tuviera que llamar por segunda vez.

—Detective Truman.

—Buenos días, señor Harrow.

Entré al vestíbulo.

—Ayer dejamos pendiente algo —dije.

El mayordomo inclinó ligeramente la cabeza.

—¿El sótano?

—Exactamente.

Harrow no hizo ningún comentario. Caminó por el pasillo hasta el lugar donde habíamos estado el día anterior.

La puerta seguía allí.

La misma madera oscura.

La misma cerradura pesada.

El mayordomo sacó el llavero del bolsillo.

Escuché el sonido metálico de las llaves mientras elegía una.

—Por aquí, detective.

Introdujo la llave en la cerradura.

La giró.

El mecanismo hizo un ruido seco.

Abrió la puerta.

Una escalera de piedra descendía hacia abajo.

El aire que subía desde el sótano era más frío que el resto de la casa.

—Las lámparas están abajo —dijo Harrow.

Comencé a bajar los escalones.

El sonido de mis pasos resonaba contra las paredes de piedra. El mayordomo descendió detrás de mí y encendió una lámpara de pared cuando llegamos al final de la escalera.

La luz reveló una habitación amplia.

Había estanterías con botellas de vino, varias cajas de madera apiladas contra las paredes y algunos muebles viejos cubiertos con telas. También había herramientas y barriles alineados en un rincón.

Caminé lentamente por el lugar.

El suelo era de piedra y el techo bajo.

—¿Quién utiliza este espacio? —pregunté.

—Principalmente para almacenamiento.

—¿El personal baja con frecuencia?

—No demasiado.

Me acerqué a una de las estanterías.

Las botellas estaban cubiertas de polvo fino.

—¿El jardinero o el chofer bajan alguna vez?

—Cuando necesitan herramientas o provisiones.

Continué recorriendo el sótano.

No había nada desordenado.

Nada roto.

Nada que indicara una pelea o un accidente.

Solo una habitación grande y fría bajo la casa.

—¿Hay otra salida? —pregunté.

—No.

—¿Ninguna puerta trasera?

—No.

Miré alrededor otra vez.

El espacio era demasiado simple para lo que esperaba encontrar.

Regresé hacia la escalera.

Subimos nuevamente al pasillo.

El mayordomo cerró la puerta con llave.

El sonido de la cerradura girando volvió a resonar en el corredor silencioso.

—¿Encontró lo que buscaba, detective? —preguntó Harrow.

Miré la puerta una vez más.

—Todavía no lo sé.