LOS CASOS DE OSVALD TRUMAN Capítulo 13 — El cuarto vacío
32%

Capítulo 13 — El cuarto vacío

Cuando el mayordomo regresó, llevaba una pequeña libreta encuadernada en cuero.

La colocó sobre la mesa frente a mí.

—Aquí están los registros del personal doméstico de los últimos años.

Abrí la libreta.

Las páginas estaban cuidadosamente escritas con una letra firme y ordenada. Cada empleada aparecía registrada con su nombre, la fecha de ingreso y, en algunos casos, la fecha en que había dejado el trabajo.

Pasé varias páginas.

Margaret O'Neil.

Eliza Carter.

Otros nombres.

Finalmente encontré el de Clara Whitmore.

La fecha de ingreso estaba anotada con precisión.

La línea donde debía aparecer la fecha de salida estaba en blanco.

Cerré la libreta.

—Quisiera ver su habitación.

El mayordomo no pareció sorprendido.

—Por supuesto.

Subimos por la misma escalera estrecha que conducía a las habitaciones del personal. El pasillo del segundo piso era sencillo, con puertas iguales a cada lado.

Harrow caminó hasta una de ellas.

—Aquí.

Sacó una llave del bolsillo y abrió la puerta.

La habitación era pequeña.

Una cama individual contra la pared, una mesa junto a la ventana, una silla y un armario. Nada más.

Entré.

El lugar estaba limpio.

Demasiado limpio.

La cama estaba hecha con precisión. La mesa estaba vacía. La ventana cerrada.

Me acerqué al armario.

Lo abrí.

Dentro no había ropa.

Ni cajas.

Ni objetos personales.

Solo las perchas de madera.

—¿Quién ordenó esta habitación? —pregunté sin volverme.

—La señora Whitaker.

Cerré el armario.

—¿Cuándo?

—Poco después de que la muchacha dejara el trabajo.

Miré la mesa.

—¿Había pertenencias aquí?

—Sí.

—¿Qué tipo de cosas?

—Ropa. Algunos objetos personales.

—¿Y ahora?

—No sabría decirle.

Me acerqué a la ventana.

Desde allí se veía el jardín trasero y la línea de árboles que marcaba el límite de la propiedad.

Una joven de diecinueve años había dormido allí durante tres meses.

Trabajaba en la casa.

Dormía en ese cuarto.

Y ahora no quedaba nada que indicara que alguna vez había estado allí.

Volví hacia la puerta.

El mayordomo seguía esperando en el pasillo.

—¿Terminó, detective?

Miré la habitación una vez más antes de salir.

—Por ahora sí.

Cerré la puerta detrás de mí.

El pasillo volvió a quedar en silencio.