LOS CASOS DE OSVALD TRUMAN Capítulo 12 — Historias que no coinciden
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Capítulo 12 — Historias que no coinciden

A la mañana siguiente regresé a la mansión.

La lluvia de la noche había dejado el jardín cubierto de humedad y el cielo seguía gris. El carruaje me dejó frente a la verja y recorrí nuevamente el sendero de grava hasta la puerta principal.

Golpeé con el llamador.

El mayordomo abrió casi de inmediato.

—Detective Truman.

—Buenos días, señor Harrow.

—Buenos días.

Entré al vestíbulo.

La casa estaba tan silenciosa como el día anterior.

—Quisiera hacer algunas preguntas más —dije.

—Por supuesto.

—Sobre las empleadas que trabajaron aquí antes de Clara.

El mayordomo inclinó levemente la cabeza.

—Si tiene la amabilidad de seguirme.

Me condujo hasta una pequeña sala cerca del vestíbulo. Esta vez no cerró completamente la puerta.

Saqué la carpeta que había revisado en los archivos.

—Ayer revisé algunos registros.

Harrow permanecía de pie frente a mí.

—Entiendo.

—Encontré los nombres de varias empleadas que trabajaron aquí en los últimos dos años.

El mayordomo no dijo nada.

—Margaret O'Neil.

—Sí.

—Eliza Carter.

—Sí.

—Y otras más.

Harrow seguía escuchando sin interrumpir.

—Todas trabajaron aquí durante algunos meses —continué— y luego dejaron el empleo.

—Eso ocurre con frecuencia.

Abrí la carpeta sobre la mesa.

—Sin embargo, ninguna de ellas presentó una denuncia ni avisó formalmente que dejaba el trabajo.

—No todas las empleadas siguen los procedimientos formales.

—Tal vez.

Lo miré.

—¿Recuerda cuándo se marchó Margaret O'Neil?

El mayordomo pensó unos segundos.

—Hace cerca de un año.

—¿Y Eliza Carter?

—Unos meses después.

—¿Las vio irse?

—No.

Anoté la respuesta.

—¿Quién se encarga de contratar al personal?

—El ama de llaves organiza el trabajo doméstico. El barón aprueba las contrataciones.

—¿Conservan registros en la casa?

—Sí.

—Me gustaría verlos.

Harrow asintió.

—Puedo traerlos.

Antes de que se moviera añadí otra pregunta.

—Señor Harrow.

—¿Sí?

—¿Alguna de esas empleadas regresó a recoger pertenencias después de irse?

—No.

—¿Alguien preguntó por ellas?

—No.

El silencio se instaló un momento en la sala.

Cerré la carpeta.

—Entonces todas dejaron la casa de la misma manera.

—¿A qué se refiere?

—Trabajaron algunos meses.

—Sí.

—Y luego desaparecieron de la casa sin despedirse.

El mayordomo me miró con calma.

—Detective, las muchachas jóvenes cambian de trabajo con frecuencia.

No respondí inmediatamente.

—Tal vez.

Harrow permanecía de pie con la misma postura impecable.

—Buscaré los registros de la casa —dijo finalmente.

Salió de la sala.

Me quedé solo mirando la carpeta abierta sobre la mesa.

Los nombres de las empleadas aparecían uno debajo del otro.

Margaret O'Neil.Eliza Carter.Clara Whitmore.

Tres nombres entre varios más.

Tres jóvenes que habían trabajado en la misma casa.

Tres que habían dejado el empleo.

La diferencia era que esta vez alguien había presentado una denuncia.