Capítulo 14 — La puerta que siempre está cerrada
Después de salir de las habitaciones del personal volví a recorrer el pasillo principal de la casa.
El mayordomo había desaparecido nuevamente en alguna parte de la mansión, y por primera vez desde que llegué no había nadie observando cada uno de mis movimientos.
Caminé sin prisa por el corredor.
Las casas grandes tienen algo en común: muchos pasillos que no conducen a ningún lugar importante. En ocasiones esos lugares dicen más sobre una casa que los salones principales.
Llegué a la parte más alejada del corredor.
Allí el pasillo se estrechaba ligeramente y la luz era más débil. Solo una ventana pequeña dejaba entrar la claridad gris de la tarde.
Fue entonces cuando vi la puerta.
No tenía nada especialmente distinto de las otras puertas de la casa, salvo por un detalle.
La cerradura.
Era más grande.
Y estaba cerrada.
Me acerqué.
Probé el picaporte.
No se movió.
Miré la madera con atención. La puerta estaba bien cuidada, pero el metal de la cerradura mostraba señales de uso frecuente.
En ese momento escuché pasos detrás de mí.
Me di vuelta.
Era el mayordomo.
—Detective.
—Señor Harrow.
Se detuvo a unos pasos de la puerta.
—¿Necesita algo?
Señalé la puerta.
—¿Qué hay aquí?
El mayordomo miró la cerradura.
—El acceso al sótano.
—¿Por qué está cerrada?
—Siempre lo está.
—¿Por alguna razón en particular?
—Para evitar que los niños bajen.
Miré nuevamente el picaporte.
—¿Quién tiene la llave?
—Yo.
—¿Siempre?
—Sí.
El mayordomo permanecía completamente tranquilo.
—¿Se utiliza mucho el sótano?
—No demasiado.
—¿Quién baja allí?
—A veces el jardinero o el chofer cuando necesitan herramientas o provisiones.
Volví a mirar la puerta.
—¿Puedo verlo?
El mayordomo dudó apenas un segundo.
—Si lo desea.
Sacó un pequeño llavero del bolsillo del chaleco.
Varias llaves colgaban de un aro metálico.
Eligió una de hierro oscuro.
La sostuvo frente a la cerradura.
—Esta es la llave.
No la giró.
Esperó mi respuesta.
La observé un momento.
Luego miré nuevamente la puerta.
—Tal vez más tarde —dije.
El mayordomo guardó la llave.
—Como prefiera.
Nos quedamos en silencio unos segundos frente a la puerta cerrada.
Luego regresamos por el pasillo.
La cerradura quedó detrás de nosotros.