LOS CASOS DE OSVALD TRUMAN Capítulo 8 — El chofer
20%

Capítulo 8 — El chofer

El mayordomo me condujo hacia la salida lateral de la casa.

Atravesamos un corredor estrecho que desembocaba en una puerta que daba al exterior. Cuando la abrió, el aire frío de la tarde entró inmediatamente.

El jardín trasero era más amplio de lo que había imaginado desde las ventanas. El terreno se extendía hasta una fila de árboles altos que marcaban el límite de la propiedad.

A la derecha, cerca de un pequeño edificio de ladrillo, había un automóvil.

Un hombre estaba inclinado sobre el motor.

Vestía una chaqueta gruesa y tenía las manos manchadas de grasa. Cuando escuchó nuestros pasos levantó la cabeza.

—Señor Harrow.

—Samuel —respondió el mayordomo—. El detective Truman desea hablar con usted.

El hombre cerró el capó del automóvil y se limpió las manos con un trapo.

—Claro.

El mayordomo me dejó con él y regresó a la casa.

Samuel me miró con curiosidad.

—¿Policía?

Le mostré la credencial.

—Detective.

—Ya veo.

El hombre parecía tener unos cuarenta años. Tenía la expresión tranquila de alguien acostumbrado a trabajar solo durante largas horas.

—Trabajo como chofer para la familia —dijo.

—¿Hace mucho tiempo?

—Cinco años.

Saqué la libreta.

—Estoy investigando la desaparición de Clara Whitmore.

El nombre no pareció sorprenderlo.

—Sí. La muchacha que trabajaba en la casa.

—¿La conocía?

—La veía por aquí.

—¿Hablaban?

—A veces.

—¿La vio el último día que estuvo aquí?

Samuel pensó unos segundos.

—No sabría decirle con exactitud.

—¿La llevó alguna vez a la ciudad?

—No.

—¿Llevaba a las empleadas cuando necesitaban salir?

—Solo si la señora lo pedía.

—¿Y Clara?

—Nunca me pidió llevarla.

Anoté la respuesta.

—¿Recuerda si recibió visitas mientras trabajaba aquí?

Samuel negó con la cabeza.

—No que yo haya visto.

Guardé la libreta por un momento.

—Usted pasa mucho tiempo fuera de la casa.

—Sí.

—Llevando al barón o a la baronesa.

—Exacto.

—Entonces probablemente ve la casa desde otra perspectiva.

Samuel me miró con una leve sonrisa.

—¿Qué quiere decir?

—Que observa cosas que los demás no.

El chofer apoyó el trapo sobre el capó del automóvil.

—En esta casa todos hacen su trabajo y nada más.

—¿Nunca ha notado algo extraño?

—No.

El silencio se extendió unos segundos.

—¿Y la noche en que Clara desapareció?

Samuel negó con calma.

—No sé qué noche fue.

Asentí.

—Gracias por su tiempo.

El hombre volvió a abrir el capó del automóvil.

—Si necesita algo más, estaré aquí.

Miré el terreno antes de regresar a la casa.

El jardín se extendía en silencio hasta los árboles del fondo. La mansión se levantaba detrás de mí con la misma quietud con la que la había visto al llegar.

Regresé hacia la puerta lateral.