Capítulo 6 — El mayordomo
El mayordomo me esperaba en el pasillo.
Parecía no haberse movido desde que me dejó entrar a la sala de los niños. Tenía las manos cruzadas delante del cuerpo y la postura perfectamente recta, como si llevara horas en esa posición.
—¿Terminó con los jóvenes, detective?
—Sí.
Harrow inclinó levemente la cabeza.
—¿Desea hablar con alguien más?
—Con usted.
El mayordomo no pareció sorprendido.
—Por supuesto.
Caminamos hasta una sala más pequeña cerca de la escalera principal. No era una habitación de uso familiar; probablemente estaba destinada a recibir visitas o a conversaciones privadas.
Harrow cerró la puerta detrás de nosotros.
—¿En qué puedo ayudarle?
Saqué mi libreta.
—Quisiera hacerle algunas preguntas sobre Clara Whitmore.
—Entiendo.
—¿Cuánto tiempo trabajó aquí?
—Alrededor de tres meses.
—¿Era buena empleada?
—Sí.
—¿Puntual?
—Siempre.
—¿Tuvo algún problema con alguien de la casa?
—No.
Las respuestas llegaban sin vacilación.
—¿Cuándo fue la última vez que la vio?
—No recuerdo el día exacto.
—¿La vio salir de la casa?
—No.
Anoté la respuesta.
—Entonces simplemente dejó de presentarse al trabajo.
—Eso parece.
—¿Es algo frecuente?
El mayordomo tardó un segundo en responder.
—En el servicio doméstico ocurre a veces.
—¿Que las empleadas se marchen sin avisar?
—Sí.
—¿Clara se llevó sus cosas cuando se fue?
—No sabría decirle con certeza. El ama de llaves se encarga de las habitaciones del personal.
—¿Quién se encarga de las llaves de la casa?
—Yo.
—¿Todas?
—Todas las principales.
—¿Incluyendo las entradas al sótano?
El mayordomo no cambió la expresión.
—Sí.
Guardé la libreta un instante.
—¿Se utiliza mucho el sótano?
—No especialmente.
—¿Qué hay allí?
—Almacenes. Vino. Herramientas.
—¿El personal trabaja allí?
—Rara vez.
El silencio se extendió unos segundos.
—Señor Harrow —dije finalmente—, ¿cuántos empleados trabajan actualmente en la casa?
—Cuatro.
—Usted, el ama de llaves, el chofer y el jardinero.
—Correcto.
—¿Nadie más?
—No.
—¿Y antes?
El mayordomo me miró.
—¿Antes?
—Hace algunos meses.
—Había más personal.
—¿Cuántos?
—Dos o tres empleadas domésticas además de Clara.
Anoté la respuesta.
—¿Siguen trabajando aquí?
—No.
—¿Se marcharon?
—Sí.
—¿Recuerda sus nombres?
El mayordomo pensó unos segundos.
—Tendría que revisar los registros.
Cerré la libreta.
—Me gustaría verlos.
—Puedo buscarlos.
Asentí.
El mayordomo caminó hacia la puerta.
Antes de abrirla se detuvo.
—Detective.
—¿Sí?
—En casas grandes como esta, el personal cambia con frecuencia.
—Lo entiendo.
Harrow abrió la puerta.
—Le avisaré cuando tenga los registros.
Salimos al pasillo.
La casa seguía tan silenciosa como cuando llegué.