LOS CASOS DE OSVALD TRUMAN Capítulo 3 — El barón
7%

Capítulo 3 — El barón

Los pasos se detuvieron frente a la puerta.

Se abrió con suavidad.

El hombre que entró debía tener alrededor de cuarenta años. Vestía con elegancia sobria, sin adornos innecesarios, y su postura era recta, como la de alguien acostumbrado a ser observado. Tenía el cabello oscuro peinado hacia atrás y una expresión tranquila que no revelaba demasiado.

Caminó hacia mí con paso firme.

—Detective Truman, supongo.

Me puse de pie.

—Así es.

—Braund van Vauhter.

Me estrechó la mano. Su apretón era firme, pero breve.

—Gracias por recibirme, señor.

El barón indicó una de las sillas frente a la chimenea.

—Por favor.

Nos sentamos.

Durante un momento ninguno habló. El barón parecía observarme con una curiosidad tranquila, como si intentara medir qué clase de hombre tenía delante.

Saqué mi libreta.

—He venido por una denuncia presentada por la familia Whitmore.

El barón asintió levemente.

—Sí. El señor Harrow me lo mencionó.

—Se trata de su hija, Clara Whitmore. Según la denuncia, trabajaba aquí como empleada doméstica.

—Así es.

—Sus padres dicen que hace tres semanas no tienen noticias de ella.

El barón cruzó las manos sobre el brazo del sillón.

—Comprendo su preocupación.

—Me gustaría saber cuándo fue la última vez que la vio.

Van Vauhter pensó unos segundos.

—No suelo tratar directamente con el personal de servicio. Ese tipo de asuntos los supervisa el ama de llaves.

—¿Pero la recuerda?

—Sí.

—¿Cuánto tiempo llevaba trabajando aquí?

—Unos meses.

Anoté la respuesta.

—¿Sabe cuándo dejó la casa?

—No sabría decirle el día exacto.

—¿Se marchó por voluntad propia?

El barón me miró con calma.

—Eso creo.

—¿Lo cree o lo sabe?

Hubo un breve silencio.

—En esta casa, detective, las empleadas vienen y van con cierta frecuencia. No siempre informan antes de marcharse.

Escribí la frase en mi libreta.

—¿Clara avisó que se iba?

—No que yo sepa.

Levanté la vista.

—Entonces simplemente dejó de presentarse al trabajo.

—Eso parece.

Cerré la libreta por un momento.

—¿Cuántas personas trabajan actualmente en la casa?

—El mayordomo, el ama de llaves, el chofer y el jardinero.

—¿Y las empleadas domésticas?

—En este momento no tenemos ninguna.

Anoté también eso.

—¿Clara vivía aquí?

—Sí.

—¿En una habitación del personal?

—Correcto.

—Me gustaría verla.

El barón asintió.

—No veo inconveniente.

Hizo una pequeña pausa antes de añadir:

—El ama de llaves podrá acompañarlo. Ella se encargaba de supervisar el trabajo de la muchacha.

En ese momento el mayordomo apareció nuevamente en la puerta.

—¿Señor?

—Harrow —dijo el barón—. El detective desea hablar con la señora Whitaker y ver la habitación de Clara.

—Muy bien, señor.

El mayordomo me miró.

—Si tiene la amabilidad de seguirme, detective.

Me levanté.

Antes de salir de la sala miré nuevamente al barón.

Seguía sentado exactamente en la misma posición, observando con atención tranquila.

Luego salí al pasillo detrás del mayordomo.

Caminamos hacia el fondo de la casa.