Los Caballeros de Galanthus QUINCE #3
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QUINCE #3

Wolfram se abrió paso entre los escuderos y les hizo un gesto para detener su avance hacia el interior de la torre que había jurado proteger en ausencia de su Gran Maestre.

—¿Por qué habéis cruzado el puente de los caballeros esta vez, sir Edelweiss? —le preguntó ladeando ligeramente la cabeza, no era la primera vez que se reunían y buscaban ayuda mutua el uno en el otro.

A su lado, se deslizó sir Raynear Nightingale, desprovisto de su uniforme de la Fuerza Tenebris y ataviado con una levita propia de un comerciante más que de un caballero, seguramente vestía así cuando realizaba tareas de espionaje para los Revelados.

Por alguna extraña razón, a Wolfram no le resultó extraño verle sin la ropa de caballero.

Tras él, emergió el recién ascendido Luther —a quien todos seguían viendo como el antiguo escudero de la Fuerza Lux—, pero con una determinación incuestionable en su mirada, que logró helar la sangre de Ivoriel.

Los tres caballeros y los tres novicios de Tenebris eran lo que ellos necesitaban para completar su pequeña cuadrilla para atacar el castillo.

Ahora solo quedaba convencerles de que se unieran a ellos.

—Tenemos un solo objetivo —le respondió Ivoriel Edelweiss—: Sir Albion Soligant.

El senescal de Tenebris asintió, cruzando los brazos.

—Ya me lo imaginaba... —masculló.

—¿Y bien? —quiso saber Ivoriel—, ¿estáis dispuestos a uniros a nosotros y atacar el castillo del emperador?

Raynear dio un paso al frente, apoyándose en la penumbra como si lo envolviera.

—Los Revelados hace tiempo que sospechan que alguien en la cúspide de la Orden manipula a su antojo a los caballeros. Y, mucho me temo, que ese alguien es sir Endymion Braithwhite —les dijo sir Nightingale.

—Los Revelados andan en lo cierto, Braithwhite siempre ha confabulado contra nosotros, ha cumplido las órdenes de las líderes aun cuando creíamos que estaba de nuestro lado.

La verdad no es importante para él, ni ninguno de nosotros lo es tampoco —admitió Ivoriel finalmente—, solo le importa ser leal a las líderes.

—¿Por qué sabes tú lo que los Revelados sospechan? —quiso saber Cephirus.

—Porque trabajo para ellos desde hace un tiempo, mucho antes de la muerte de Blanchester...

Los planes de su líder, Colton Maskwell, empezaron hace años, cuando querían sumar a Braithwhite a su causa y derrocar la Orden, pero él prefirió traicionar a quienes estuviesen en contra de la doctrina Luxtenebris con tal de mantener su posición...

El Gran Maestre no es el hombre que todos creéis... —les dijo sir Nightingale.

—¿Tú sabías que Raynear era leal a los Revelados? —le preguntó Ivoriel a Wolfram.

—Me lo dijo poco después del Concilio, cuando todo salió a la luz y yo ya no pude fingir hacer la vista gorda con lo que estaba pasando —admitió Wolfram Umbert—. Supongo que a ti te ocurrió lo mismo, ¿no es así?

—Lo es... Necesito la ayuda de los hermanos de Tenebris, sin vosotros, los caballeros de Lux no podremos ayudar a Albion.

—Si Soligant está en peligro, significa que están acelerando los planes... La razón de que trajesen a Stella Noctis, la falsa novicia, y Braithwhite se lo llevase al castillo... —intervino Cephirus.

Tanto Wolfram como Raynear sintieron al mismo tiempo un escalofrío. Para que sus hermanos de Lux decidiesen intervenir, la situación debía ser más grave de lo que imaginaban.

El antiguo escudero Luther Quellcrist levantó la barbilla con un valor que aún no terminaba de ajustarse a su recién adquirido juramento como caballero de Tenebris.

—Darclan no se merecía lo que le pasó. Sé que fue injustamente condenado, pero me eligieron para ocupar el lugar de sir Registhorn porque creyeron que les sería leal —les dijo Luther a sus antiguos compañeros de Alabashtra.

—¿Y lo eres, Quellcrist? —le preguntó Seraffyn—. Ahora que te han brindado en bandeja aquello que más deseabas, ¿les serás leal? ¿O lucharás por la verdad como nosotros?

—Debéis saber que, cuando tuve ocasión, traicioné a Albion —confesó el muchacho—, sin embargo, quiero redimir mi pecado. Si podemos evitar otra traición, aunque sea una sola, lo haré... Os ayudaré a salvarlo.

Ante la mirada atenta de los tres escuderos de Tenebris, los seis caballeros —Ivoriel, Cephirus, Seraffyn, Wolfram, Raynear y Luther— quedaron frente a frente bajo la luz de la lámpara central del vestíbulo del piso en el que se encontraban, con el puente como testigo de su alianza.

Las llamas rojizas de las lámparas parecían envolverlos en un aura clandestina.

Se formó un círculo natural, un voto silencioso que los convertía en lo que siempre les habían dicho que eran: hermanos.

Un senescal marcado por la culpa, sir Ivoriel Edelweiss.

Dos caballeros de la Fuerza Lux, sir Cephirus Highclere y sir Seraffyn Lushienn.

Un senescal de la Fuerza Tenebris que había sido testigo de demasiados secretos y se había cansado de mirar hacia otro lado, sir Wolfram Umbert.

Un espía rebelde disfrazado de caballero, sir Raynear Nightingale.

Y un caballero recién nacido para velar por la verdad y dejar a un lado las mentiras, sir Luther Quellcrist.

No necesitaban juramentos. El peligro, la urgencia y las sombras de los dos Grandes Maestres los unía mejor que cualquier ritual.

—Vamos a necesitar a todo el mundo que quiera unirse a nosotros —dijo Cephirus con voz firme—. Nuestras novicias y el único escudero que nos queda se están organizando en el patio de armas de Alabashtra.

—Los Revelados llevan aguardando este momento demasiado tiempo, también se unirán a nosotros si les digo que habéis decidido finalmente derrocar la Orden de Luxtenebris —les dijo sir Nightingale.

—Nuestros escuderos, aquí presentes, se unirán a la causa también —le respondió Wolfram—. ¿Aceptáis seguirnos en esta batalla, escuderos Valentine, Corvath y Ashmole?

Cassien y sus dos compañeros asintieron.

—¿Crees que las novicias Noctis se unirán también? —quiso saber Seraffyn.

—Lo harán si ven que toda la Fuerza Tenebris marchamos hacia el castillo del emperador —les aseguró Wolfram.

El senescal Umbert tomó una antorcha y la alzó, iluminando la escalera que descendía hasta el vestíbulo de la torre.

—¡Seguidme! —exclamó mientras la luz oscilante teñía su rostro de reflejos imposibles—. Reuniremos fuerzas ante las puertas de las torres gemelas y partiremos todos juntos a tomar el Castillo del Trono Carmesí.

Las sombras envolvieron al grupo formado por los seis caballeros y los tres escuderos nada más dar el primer paso.

Desde ese instante, la alianza estaba formada y nada de lo que estaba por ocurrir sería sencillo de detener, especialmente cuando su voluntad era tan férrea y sus intenciones tan justas.