CATORCE #2
Darclan levantó la mirada con una mezcla de miedo, ira y una chispa nueva —una chispa antigua, quizá— que empezaba a despertar en su interior.
Su padre tenía razón, ahora que conocía su nuevo don era capaz de usarlo para su propio beneficio y no para el de los demás.
Si controlaba su proyección astral, tal vez podría comunicarse con Albion en la distancia.
—Padre… ¿qué voy a hacer ahora?
El antiguo caballero sonrió; cansado, pero orgulloso.
—Quiero que recuerdes quién eres, hijo mío —dijo Akilles—. No el caballero que ellos moldearon… sino el hijo que yo crie. El que siempre caminó entre dos mundos: cuerpo y espíritu, carne y sombras. Encuentra la verdad. Y no permitas que nadie decida tu destino por ti.
El viento azotó las contraventanas, como si el mundo respondiera a las palabras de ánimo de su padre. Darclan respiró hondo y, por primera vez en días, sintió algo parecido a la esperanza… o a fuego en lo más profundo de su ser. Un fuego que, muy pronto, esperaba ver arder.
La lluvia siguió golpeando los cristales cuando Darclan salió del salón y se dirigió hacia el vestíbulo, con la mente aún sacudida por la conversación con su padre. El caserón respiraba un silencio denso, solo quebrado por el chasquido ocasional de la madera antigua bajo sus pies.
Por suerte para él, mientras estuviese en casa de nuevo, no estaría solo.
El señor Hossack salió tras él y lo detuvo al pie de la escalera.
—Darclan —dijo Heron con voz grave—. Necesito hablar contigo. Y es importante...
Él asintió ligeramente, aunque exhausto tras pasar días y noches en las mazmorras de la torre de Obssidyan y haber tenido que soportar el juicio sin ni siquiera poder defenderse apenas.
Necesitaba descansar, pero su regreso no solo significaba la alegría de su padre, sino las preocupaciones de aquellos que lo querían.
Darclan y Heron intercambiaron una mirada rápida.
Una conversación silenciosa. Después, el señor Hossack dio un paso al frente.
—¿Ocurre algo con mi padre? —se preocupó Darclan.
—No, no —intervino él rápidamente—. Tu padre está bien. Ygwen lo cuida bien, ambos lo hacemos... Es sobre ti.
Darclan frunció el ceño. Las palabras del anciano solo hicieron que aumentara la inquietud que ya traía desde su expulsión.
—¿Sobre mí?
Heron se acercó un poco más, hablando apenas por encima del susurro de la lluvia.
—Sabemos lo que te hicieron en el juicio. Sabemos que te culparon de crímenes que no cometiste. Sabemos… que hay fuerzas dentro de la Orden que no quieren que la verdad sea expuesta ante todos —le confesó el anciano.
Darclan tragó saliva de nuevo. Aquellas palabras no eran propias de alguien ajeno a lo que estaba ocurriendo en las calles de Cair Galad.
El señor Hossack parecía tener contactos con alguien de la Orden y, por el modo en que hablaba, también con los Revelados.
¿Acaso guardaba alguna clase de relación con Raynear Nightingale?
—¿Cómo lo sabe, señor Hossack?
Heron bajó la mirada, pero su voz no titubeó.
—Porque ya no confiamos en la Orden desde hace tiempo, Darclan. Ni en sus líderes. Y no somos los únicos, como podrás imaginar. Hemos tenido noticias de un caballero aliado de los Revelados: sir Nightingale.
Heron apoyó una mano en el brazo de Darclan con un gesto sorprendentemente paternal.
—¿Ygwen y tú sois Revelados?
El anciano Hossack esbozó una mueca.
—Hay muchas personas en Cair Galad que son contrarias a la Orden y al emperador.
Personas que ven lo que está pasando. Personas que quieren cambiar las cosas y que trabajan desde las sombras para desmantelar todo este sistema corrupto.
Para derrocar al emperador y a esas líderes que han envenenado la fe de todos con mentiras.
Darclan se quedó completamente inmóvil y su corazón dio un vuelco.
Ante él se abría una posibilidad de poder actuar, tal y como le había prometido a Albion.
Tal vez, con ayuda de los Revelados, podría encontrar el modo de impedir que Hemera, Sinistra y Aurelyan se salieran con la suya y obligasen a la dama Celestia a fabricar una nueva Alkahest .
—Si trabajáis directamente con ellos, me gustaría que me llevases ante su líder —le dijo Darclan sin dudarlo.
—No lo hacemos directamente —aclaró Heron—.
Pero los conocemos y simpatizamos con su causa.
Hemos sido sus ojos cuando ha sido necesario.
Y mi esposa y yo creemos… —lo miró fijamente— que tú podrías ayudarlos.
Has sido un miembro importante de la Orden y sabes muchas cosas...
Tu conocimiento le servirá de mucha ayuda a Colton Maskwell, el líder de los Revelados.
Los Revelados habían sido rebeldes sin rostro cuya existencia siempre había sido tratada como un rumor o una amenaza abstracta.
Y, sin embargo, allí estaba el nombre de su líder…
en boca de una persona que había vivido en su casa toda su vida y en la cual confiaba.
Si Heron Hossack y su mujer creían en su causa, ¿por qué no podía hacerlo Darclan también?
—¿De verdad cree, señor Hossack, que yo podría serles de utilidad?
—Tú has visto lo que ocurre dentro de la Orden.
Sabes más que cualquier Revelado, incluso que sir Nightingale, quien espía para Maskwell desde hace tiempo.
Además, tienes algo que muy pocos tienen: tu capacidad de proyectarte astralmente.
Algo que ni la Orden ni el emperador podrán controlar nunca más.
—Heron añadió con voz grave—: Con tu ayuda, Darclan…
podrían llegar a donde siempre han querido.
Podrían exponer la corrupción. Podrían romper el dominio del emperador.
Y podrían salvar a todos aquellos que están siendo usados… como tu hermano Jetson.
Darclan apretó los puños.
—Y como a Albion —susurró él.
El mundo que conocía se tambaleaba a cada frase que el señor Hossack pronunciaba. Él, recién expulsado, recién humillado públicamente… ¿convertirse en pieza clave de una rebelión? Debía hacerlo por la verdad. Por aquellos a quienes amaba, su familia y sus amigos. Por Albion y por él mismo.
El silencio se hizo más profundo todavía allí en el vestíbulo, con la mirada esperanzadora de Heron Hossack y el credo de los Revelados invadiendo sus mentes. La casa, la lluvia y el pasado entero parecían contener la respiración, esperando su respuesta.
Darclan asintió y el señor Hossack le dio unas palmaditas en el hombro lleno de orgullo.
Y allí, entre sombras viejas y secretos nuevos, Darclan Registhorn, antiguo caballero luminoscuro, sintió que algo dentro de él —un fuego reprimido durante años, quizá desde su infancia— empezaba a despertar poco a poco.
—Te llevaré ante Colton Maskwell y te presentaré a los Revelados. Pero será tarea tuya convencerles de que puedes ser un aliado válido. ¿Crees que podrás hacerlo? —le preguntó el anciano.
—Creo que tendré algo de ayuda... —masculló él—, una amiga está con ellos también. Su nombre es Zelmira.
—Ahora será mejor que descanses y repongas fuerzas, le pediré a Ygwen que suba a prepararte un baño caliente en cuanto termine de atender a tu padre. Me alegra que hayas vuelto a casa... —le dijo Heron.
—Gracias, señor Hossack. Heron. Es bueno… volver a ver rostros familiares.
II
Los planes de Hemera Morningstar y Sinistra Von Dusk seguían su curso a pesar de los recientes contratiempos, por lo que el momento de obligar a Celestia a crear la nueva piedra alcahestal no tardaría mucho en llegar.
Pero antes de que eso ocurriese, debían poner otros asuntos en orden.
Y uno de dichos asuntos era ocupar el puesto vacante que había dejado Darclan Registhorn.
Con la mayor celeridad que habían podido, dispusieron todo lo necesario para trasladar al escudero Luther Quellcrist de la torre de Alabashtra a la torre de Obssidyan con la promesa de convertirlo en caballero.
Evidentemente, los primeros sorprendidos ante este cambio fueron los propios escuderos de la Fuerza Tenebris, en especial Cassien Valentine, quien esperaba ocupar el lugar de Darclan tras su excomulgación.
Nunca antes en la historia de la Orden un escudero de otra Fuerza había sido nombrado caballero.
Para los escuderos de la torre de Obssidyan era un insulto, algo que creó tensión en las plantas inferiores de la torre, tanto en la escudería como entre las novicias leales a la Fuerza Tenebris.
La sorpresa también había sido mayúscula para el propio Luther cuando el Gran Maestre Moonstone en persona le comunicó la noticia.
Por supuesto, Luther no se pudo negar y aceptó cambiar de Fuerza si con ello conseguía ser juramentado como caballero de la orden, algo que llevaba ansiando desde hacía mucho tiempo.
Entre sus compañeros de la Fuerza Lux, la sorpresa también fue notable, especialmente para su amigo Elian Risewind, que una vez más, se quedaba solo como escudero de la torre.
Que Luther pasara de una torre a otra fue una decisión totalmente estratégica, ya que esperaban que Quellcrist fuese leal a la Orden y, sobre todo, a la oscuratriz.
Tras el nombramiento del nuevo caballero, a cuyo ritual del Velo solo acudieron sus compañeros de Tenebris en la cima de Obssidyan —orden directa de Sinistra para intentar acelerar las cosas todavía más—, los ánimos en Alabashtra estaban demasiado tensos, especialmente entre Albion e Ivoriel, que se habían enemistado profundamente tras la acusación formal del senescal.
Desde la expulsión de Darclan, Albion apenas le había dirigido la palabra y los días fueron pasando sin que ninguno de los dos acercaran posturas.
Ivoriel creía fervorosamente en que había hecho lo correcto, sin embargo, Albion no le perdonaba haber sido el causante de la desgracia de Darclan por mucho que él dijese que solo se había limitado a cumplir con su deber.