DIEZ #6
Celestia puso un pie fuera y las piernas le temblaron.
Siempre se había considerado una mujer valiente, o al menos así se sentía estando en su torre de Hyperion, en su hogar.
Pero allí, tan lejos de casa, solo era una pieza más en el intrincado plan de aquellas mujeres y su emperador.
Fuera como fuese, tenía que conseguir aliados en Obssidyan, de lo contrario, se quedaría atrapada entre aquellas gentes para el resto de su vida y, para una alquimista como ella, eso podía ser mucho tiempo.
La oscuratriz Sinistra fue la última en abandonar el carruaje.
Las dos fueron directas a las puertas de la torre oscura y se pararon delante de los tres escuderos, tres mozos jóvenes que esperaban ansiosos poder ocupar algún día el lugar de alguno de los caballeros.
Y, al lado de ellos, estaba una novicia con el pelo oscuro y mirada perdida.
—Mi señora... —le dijo ella.
Sinistra le lanzó una mirada y le hizo un gesto para que se acercara.
—Esta es la novicia Lilia Noctis, será quien te enseñe toda la torre... —le dijo Sinistra.
—Encantada —le dijo Lilia—. No tengas miedo, la torre es muy acogedora cuando la conoces. Celestia se acercó a la muchacha y sintió cierto alivio al ver que no parecía ser una criatura cruel como la oscuratriz—. ¿Cómo te llamas?
—Stella Noctis —le dijo Celestia.
—Mi señora Von Dusk me pidió que preparase una alcoba para la nueva novicia, ¿quieres verla? —le preguntó Lilia ciertamente emocionada.
—Eso me complacería mucho —afirmó Celestia.
Lilia la cogió de la mano y la invitó a seguirla hasta el interior de la torre bajo la atenta mirada de los tres escuderos de Tenebris, que no podían disimular su interés por la nueva incorporación a la Fuerza a la que servían.
Celestia echó un vistazo atrás y vio el rostro de Sinistra escrutándola severamente.
—¿La oscuratriz siempre es así? —le preguntó Celestia a la novicia Lilia cuando estuvieron ya lo suficientemente lejos para que no las escuchase.
—Siempre y a veces incluso peor. Pero con un poco de suerte no la verás demasiado.
La señora Morningstar y ella siempre andan ocupadas en sus asuntos y rara vez descienden de las plantas superiores de sus respectivas torres para mezclarse con nosotras o los escuderos.
Debes saber que hay una jerarquía. Primero está la líder, luego el Gran Maestre Moonstone, al que ya conoces, después de él está el senescal Umbert y luego los caballeros.
—Conozco a los hermanos Registhorn —intervino Celestia.
—Y además de ellos está sir Nightingale. Cuando lo conozcas verás que es muy tímido, pero en mi opinión, es el más amable de todos.
—¿Y qué opinión te merecen Darclan y Jetson? —quiso saber ella.
Al escuchar sus nombres, Lilia se ruborizó al instante.
—Bueno... supongo que son dos jóvenes muy atractivos.
Celestia podía aparentar ser joven, pero su sabiduría era comparable a la de los Amos de la Alquimia. No hacía falta ahondar mucho en Lilia Noctis para saber que la opinión que tenía de los hermanos Registhorn prefería guardársela para ella.
—¿Qué me dices de Darclan? ¿Crees que es alguien confiable? ¿O dirías que su hermano Jetson lo es más?
—¿Es que acaso sientes algo por alguno de ellos?
Si es así... —le dijo Lilia—, deberías saber que...
bueno... yo y... —Lilia sentía mucha vergüenza al confesarle aquello a una desconocida, pero al fin y al cabo iba a ser una novicia como ella y debía asegurarse de que no se acercara más de la cuenta a Jetson—.
Jetson y yo nos amamos —declaró finalmente.
No me gustaría que te fijaras más de lo debido en él —le advirtió la novicia sin andarse con rodeos.
Celestia esbozó una sonrisa maliciosa.
—No te preocupes, es Darclan quien realmente me interesa —le confesó Celestia—. Creo que tiene aptitudes que pueden ayudarme a sobrevivir en esta torre.
—¿Sobrevivir? —se extrañó Lilia—. ¿Es que acaso no quieres estar aquí?
Las dos novicias se miraron la una a la otra.
—En absoluto. Este es el último lugar en el que me gustaría estar —repuso Celestia.
Estaban en el zaguán de la torre cuando, finalmente, una cara amiga apareció por la escalera al saber que la oscuratriz Sinistra había regresado y, por tanto, su señora también.
—¡Mi señora! —exclamó Zelmira bajando a toda prisa por la escalinata.
—¡Zelmira! —Celestia fue directamente hacia ella y las dos se fundieron en un abrazo—. ¡Cuánto me alegro de ver que estés bien!
—Creo que la oscuratriz no sabe que estoy aquí aún... —le dijo Zelmira.
—¿Has venido con una doncella? —se sorprendió la novicia Lilia.
—Ven, Lilia... quiero presentártela. Ella es mi doncella Zelmira, una amiga. Me acompañará durante mi estancia en la torre —le explicó Celestia.
—Pero novicia Stella... aquí no se permiten doncellas que no sean novicias. No creo que la señora Von Dusk la deje quedarse...
Celestia y Zelmira se miraron la una a la otra.
—Intentaré negociar con la oscuratriz para que no te eche... No sé qué iba a hacer sin ti aquí, Zelmira —se preocupó ella.
Lilia arqueó una ceja y se tragó sus palabras. Si algo molestaba más a las novicias o a los escuderos era el trato preferente por alguno de ellos y, al parecer, Stella Noctis ya estaba recibiendo beneficios que a nadie más les habían concedido.
—La presencia de una doncella aquí puede suponer una alteración de la jerarquía —citó Lilia—. No debería haber venido contigo... No debería haber cruzado las puertas... —empezó a decir ella.
Pero ni Celestia ni Zelmira le hicieron caso, de momento, estaban juntas y eso era lo que importaba.
—Todos los caballeros han ido a descansar, puede que mañana podamos hablar con alguno de ellos y establecer un plan —le susurró al oído Zelmira.
Las dos empezaron a subir por las escaleras en dirección a los dormitorios de las novicias, seguidas muy de cerca por Lilia Noctis, que no dejaba de mascullar oraciones luminoscuras que hacían alusión a la presencia de la doncella Zelmira en la torre de Obssidyan.
—Blasfemia... —susurró Lilia finalmente, pero ni Celestia ni Zelmira la pudieron escuchar.