Los Caballeros de Galanthus CINCO #7
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CINCO #7

Ninguno de los dos sabía qué era lo que les había pasado a aquellas novicias o a qué se referían al decir que nada era lo que parecía, aunque podían hacerse una idea. Eran prácticamente las mismas palabras que había dicho Cloud antes de morir.

Albion apretó la mandíbula. Algo en la sede de Glassbury estaba profundamente mal y aquellas novicias, incluso muertas, habían venido a asegurarse de que ellos no lo ignorasen. Y la única que podía saber lo que les había ocurrido era la hermana Morna.

La noche, que debería haber sido de descanso, se convirtió así en un nuevo misterio.

Uno que, lejos de frenar su misión, la envolvía en un oscuro presagio: la cruzada no solo trataba de salvar a la Mesías…

sino de enfrentar lo que ya estaba corrompiendo el camino hacia ella.

Y, al parecer, comenzaba con aquella lúgubre casona.

Alertados por el estruendo de Darclan al caer sobre el suelo, los Grandes Maestres irrumpieron en la habitación y se encontraron a los dos caballeros en el suelo, Albion rodeando con los brazos a Darclan.

—¿Se puede saber qué ha ocurrido aquí? —quiso saber Erebus.

Darclan miró a su maestro y logró explicarle lo ocurrido:

—Auras... Las he absorbido. Eran novicias muertas.

—¿De qué está hablando sir Registhorn? —quiso saber Endymion, dirigiéndose a Albion.

—Aparecieron demandando nuestra ayuda, sir Registhorn usó su emanación para liberarlas, pero creemos que alguien las mató. La novicia Morna Noctis.

Al escuchar aquello, los dos Grandes Maestres se miraron el uno al otro y se echaron las manos a sus espadas. La verdad se había revelado como un crimen atroz, pues en aquella sede jamás debería haber habitado una única novicia, sino muchas otras.

—¿De veras la crees capaz? —dudó sir Moonstone.

—Los muertos de espíritu son capaces de cometer cualquier atrocidad —masculló sir Braithwhite.

Los dos hombres salieron apresuradamente en busca de la novicia Morna y, aunque registraron toda la casa, no la encontraron por ninguna parte.

—¿Qué ocurre? —salió a preguntar Jetson.

—Busca a la hermana Morna... Creemos que ha sido la causante de la muerte de las otras novicias que debían estar aquí —le ordenó Erebus.

—¿Cómo ha dicho, mi señor? —dijo Luther, que acudió raudo a ver lo que pasaba.

—¡Ya lo habéis oído, moveos los dos ahora mismo! —les gritó Endymion ante la tensión de la situación.

Jetson cogió su rifle y una espada y cruzó el pasillo, pasó por delante del dormitorio de Albion y Darclan y los encontró a los dos en el suelo.

Sabía muy bien lo que le ocurría a su hermano cuando hacía uso de su emanación y, por su expresión, era evidente que acababa de absorber unas cuantas auras.

Allí tendido en el suelo, rodeado por los brazos de Albion, Darclan se sintió muy afortunado de tenerlo a su lado en aquel momento.

En ocasiones anteriores, cuando había hecho uso de su don, acababa tendido en el suelo solo, sin nadie que lo sostuviese.

Por fin, tenía a alguien que se preocupaba realmente por él y eso le hizo sentirse muy bien.

—¿Serías capaz de absorber una proyección astral como la que mató a Blanchester? —le preguntó Albion.

—No lo sé... Nunca lo he probado. Pero has de saber que las auras son puras, tanto las que envuelven de forma invisible a los vivos como las que dejan atrás los muertos. En cambio, una proyección astral puede ser corrupta y dudo mucho que mi emanación pueda hacer algo contra una.

—Estaba dispuesto a desenvainar mi espada porque el hierro consiguió afectar a la proyección astral cuando me enfrenté a ella en las ruinas de Amberdeen. Aunque no sirvió de mucho porque igualmente no conseguí rescatar a Cloud.

—No sé de dónde pudo salir, pero no temas. A mi lado, si una proyección astral vuelve a aparecer, estarás a salvo.

—Acabas de decir que dudas de si tu emanación sería capaz de absorber una proyección astral de ese tipo —se extrañó Albion.

—Solo quería que supieras que haría lo que fuera por evitar que te pasara algo malo —reconoció Darclan.

Albion sintió una punzada en el corazón. Era la misma extraña sensación que había tenido al verlo por primera vez, como si a primera vista se hubiesen encontrado dos personas que llevaban mucho tiempo buscándose sin ni siquiera saberlo.

—¡No hay rastro de la novicia Morna! —exclamó Jetson tras hacer una batida por las plantas inferiores y por los aledaños de la sede.

—Por aquí arriba tampoco está —confirmó Endymion.

—Ha debido huir cuando todos estábamos en nuestras alcobas, por eso las auras de las novicias que mató se han manifestado ante Darclan —supuso el Gran Maestre Moonstone.

—Vieron una oportunidad de comunicarse ante el único que podía ayudarlas —añadió Jetson.

—Será mejor que intentemos dormir un poco lo que queda de noche, haremos turnos de vigilancia, empezaré yo —propuso el Gran Maestre Braithwhite.

Erebus regresó a su dormitorio, igual que Jetson y Luther. Por su parte, Albion ayudó a levantarse a Darclan y a meterlo en la cama.

—Quédate cerca de mí —le dijo este a su amigo.

—No pienso irme a ninguna parte —le aseguró Albion.