Los Caballeros de Galanthus CUATRO #4
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CUATRO #4

Albion le lanzó una mirada furtiva y le devolvió la sonrisa.

—Simple interés académico... Alimentar la mente para ser mejor caballero —le respondió.

—Ya veo... ¿y por qué los tratados de alquimia han sido tu primera elección? No es una lectura muy ligera que digamos —comentó Seraffyn.

No tenía ni la menor idea de lo que decirle a su compañero, pero nombrar a Blanchester podía poner en peligro su investigación, así que sin pensárselo mucho le respondió:

—Sir Darclan Registhorn me recomendó que empezase por ellos —mintió descaradamente.

—¿Sir Darclan? ¿Cuándo has tenido ocasión de hablar con él? ¿Y por qué te recomendó la alquimia como lectura iniciática? —se extrañó sir Lushienn.

—Vino a verme, la Fuerza Tenebris había empezado una investigación propia sobre la muerte de Blanchester y una autopsia del cadáver. Quería que le aclarase algunos detalles de su muerte... —le confesó Albion, al menos aquello sí que era verdad.

Había aprendido que las mentiras más creíbles son aquellas que están disfrazadas con verdades.

—Así que los de Tenebris tienen su propia opinión al respecto —masculló Seraffyn—, pues creo que no debería ser así, Blanchester era uno de los nuestros y nos debería haber correspondido a los de Lux realizar la autopsia —se quejó él.

A Albion le sorprendió comprobar cómo aquello había molestado a su compañero, así que no desaprovechó la oportunidad y le preguntó:

—¿Por qué crees que podríamos haber sacado algo en claro de su autopsia?

—Bueno... Como eres nuevo, todavía no conoces todas nuestras emanaciones, pero debes saber que yo mismo poseo el don de la bio-comunicación, puedo comunicar y sincronizar mi propio cuerpo con organismos cercanos: plantas, bacterias, hongos, incluso minerales.

Si quedaba algún resto de vida en Blanchester, yo hubiese podido encontrarlo —declaró Seraffyn para sorpresa del propio Albion.

—En ese caso, sí que hubiese tenido más sentido que nos confiaran su cuerpo a nosotros y no se lo quedasen ellos —admitió Albion.

—¿Y por qué estás leyendo estos libros? ¿Es que acaso sir Registhorn te dijo que habían encontrado algo sospechoso en el cuerpo?

Albion tenía dos opciones, mentir y obviar el hecho de que Seraffyn parecía interesado en todo aquel asunto también.

O decirle que habían encontrado ectoplasma y traicionar el trato que había hecho con Darclan.

No quería cargar solo con todo aquello, pero tampoco podía confiar a ciegas en sir Lushienn sin asegurarse previamente de que él no estaba involucrado en la muerte del caballero caído.

—Darclan me dijo que había escuchado al Gran Maestre Moonstone nombrar algo relacionado con la alquimia, tenía que ver con el maná —mintió nuevamente.

Seraffyn arqueó una ceja y se sentó al lado de Albion.

—¿Por qué estaría relacionada la alquimia con el maná ? —se interesó el caballero.

Albion acababa de complicar las cosas aún más, no sabía cómo deshacerse de sir Lushienn, pero tampoco le resultaba descabellado que él le ayudase a hacer algunas averiguaciones, aunque no supiese los motivos reales de su investigación.

Podía usarlo como peón y valerse de su experiencia como caballero de la Orden.

Tal vez, Seraffyn sabía algo que pudiese esclarecer lo ocurrido a Blanchester.

Los dos empezaron a leer juntos el Corpus Alchemicum y, por un momento, Albion no se sintió tan solo.

Había cambiado la compañía de Darclan por la de Seraffyn, aunque prefería mil veces más estar con el primero que con el segundo.

¿Cuánto tiempo iba a pasar hasta volver a verle?

¿Hasta volver a hablar con él? Aquella incertidumbre lo mataba, solo quería compartir lo poco que había averiguado con su nuevo amigo, pero en lugar de eso se tenía que conformar con sir Lushienn.

—¿Alguna vez te has preguntado de dónde surge el maná cuando bebemos del Sagrado Grial? —le preguntó Albion.

Seraffyn lo miró de soslayo y entornó los ojos.

—Es un milagro de Deus , Albion... Es su poder Dual, su capacidad divina es la que nos otorga las emanaciones y hace brotar maná de la copa —le recordó él, como si fuese una verdad absoluta e incuestionable.

Albion se iba a arriesgar mucho diciéndole aquello, pero tenía una oportunidad para sembrar la semilla de la duda en Seraffyn, aunque no se sintiese muy orgulloso de ello, y no la iba a dejar pasar:

—¿Y si alguien ha manipulado la reliquia y ha forjado falsedades en torno a ella para sostener su poder sobre nosotros...? ¿Y si el maná no proviene de Deus y están experimentando con ciencia prohibida, alquimia, disfrazándola de milagros provenientes del Absoluto y Todopoderoso?

Aquella declaración tan blasfema y sacrílega podía meter en serios problemas a Albion si iba compartiéndolas con los demás caballeros como se había arriesgado a hacer con Seraffyn.

—Mucho cuidado, Soligant... Eso suena a herejía y podría costarte tu puesto —le advirtió el caballero con el semblante serio—, no habrá tenido nada que ver Darclan Registhorn con todo esto, ¿verdad?

—No... Él no ha tenido nada que ver —lo protegió inmediatamente—, solo son cosas que se me han ocurrido... En fin, eso es lo que tiene leer, ¿no?, despierta el pensamiento de uno y le hace tener sus propias ideas.

Albion tragó saliva, se había arriesgado demasiado al sugerir tal locura, la misma que había acabado con Cloud, pero, allí en la oscuridad de la biblioteca, en la penumbra de los libros de alquimia, pudo percibir un pequeño atisbo de duda en Seraffyn Lushienn.

Una duda que lo corrompería inevitablemente a partir de ese momento.

—Las ideas son peligrosas cuando pueden poner en peligro la fe —le dijo sir Lushienn—, pensar por uno mismo es el primer paso para acabar loco, mira lo que le pasó a Blanchester.

A los caballeros de Luxtenebris no se nos permite tener estas ideas, así que será mejor que no vuelvas a decirlas en voz alta. Es mejor que te las guardes para ti.