DOS
De cuando un nuevo caballero es elegido y
se realizan investigaciones en torno a una muerte.
I
La llegada a la torre de Alabashtra no estuvo exenta de problemas para Albion, Luther y Elian, especialmente cuando los tres escuderos volvieron con el cuerpo carbonizado de sir Cloud Blanchester envuelto en una capa aludiendo que lo habían encontrado ya así.
El primero en recibirlos fue el Gran Maestre, al que acompañaba su senescal, el caballero Ivoriel Edelweiss, su mano derecha.
Al principio, ninguno se atrevió a preguntar qué era lo que había ocurrido, pues los rostros enjutos de los tres muchachos evidenciaban un horror indescriptible y no parecían estar muy dispuestos a hablar en un primer momento.
Sin embargo, al día siguiente de su llegada, Endymion Braithwhite y el senescal Edelweiss los mandaron llamar para una entrevista preliminar.
En dicha entrevista, Albion, Luther y Elian expresaron lo que habían acordado previamente antes de partir del castillo de Amberdeen.
—La escena es difícil de describir, mi señor —le dijo Albion.
—Lo imagino, escudero Soligant, pero debe hacerlo. La luminatriz no se conformará con tan poca información —le advirtió él.
—Intentaremos ser lo más claros posibles —añadió Luther.
La sala de reuniones en la que se encontraban, construida en piedra antigua y teñida por la luz vacilante de las lámparas, evocaba cierto aire de solemnidad.
Albion se imaginó a los caballeros allí reunidos, debatiendo el futuro de la Fuerza Lux y eligiendo al pobre escudero que sustituiría al caído en desgracia Cloud Blanchester.
Su techo abovedado, sostenido por vigas ennegrecidas por el paso del tiempo, devolvía un eco tenue a cada palabra pronunciada por él.
En el centro, reposaba una mesa circular de madera maciza, marcada por hendiduras y cicatrices que hablaban tanto de incontables deliberaciones como de espadas apoyadas con demasiado ímpetu.
Alrededor, altas sillas de respaldo tallado aguardaban a los presentes como silenciosos jueces.
Los tres escuderos, exhaustos por el viaje de ida y vuelta y con la mirada velada por la culpa o el duelo, habían ocupado sus asientos alrededor de la mesa.
Frente a ellos, en la silla que dominaba la estancia, se encontraba el Gran Maestre, con las manos entrelazadas y la expresión pétrea.
Sus ojos recorrían uno a uno los semblantes marcados por el cansancio de Albion, Luther y Elian, buscando fragmentos de verdad antes siquiera de formular la siguiente pregunta.
A su lado, Edelweiss tomaba notas de toda la entrevista, disimulando para que no pareciese un interrogatorio como tal.
—¿Cómo dieron con el caballero Blanchester? —quiso saber Endymion Braithwhite.
El silencio previo al interrogatorio era casi insoportable.
Y Albion sabía que su futuro dependía de lo creíbles que fuesen sus respuestas.
Endymion no era cualquier caballero, se había convertido en Gran Maestre por su intachable temple y por su buen hacer.
Aquella sala, antaño espacio de camaradería y honor, había adquirido en ese instante el carácter de un tribunal.
Y mientras las sombras danzaban sobre los muros de piedra, parecía que el espíritu mismo del propio Cloud Blanchester les observaba, esperando que la verdad emergiera de entre el miedo, la lealtad y el dolor.
—La luminatriz Morningstar nos indicaba en el pergamino que nos entregó el destino al que se dirigía el caballero Blanchester —respondió Albion con total veracidad—: Amberdeen.
—Es cierto —corroboró Luther, haciéndole entrega de dicho pergamino, que el Gran Maestre no había tenido ocasión de leer todavía y pudo repasar brevemente en aquel preciso momento.
—Antes de su partida, les dije que no conocía el contenido del pergamino, por lo que podrán intuir que la luminatriz no me dijo en ningún momento que el criminal del imperio era sir Cloud Blanchester.
¿Qué hicieron cuando supieron que se trataba de él?
¿Que su misión era ir tras su pista? —quiso saber el Gran Maestre, mientras veía que Edelweiss tomaba notas en un libro.
—Seguimos adelante, mi señor —respondió Elian—, sin dudar ni un ápice de nuestro cometido.
—Eso es muy honorable por su parte, señor Risewind —le dijo el caballero Ivoriel sin levantar la vista de sus notas.
A diferencia de Endymion, cuya presencia era bastante intimidante, Ivoriel Edelweiss era totalmente distinto.
Era un caballero delicado y extrañamente afeminado para haber alcanzado el puesto de senescal.
Tenía el pelo rubio oscuro y largo, sus ojos eran castaños y tenía un fino bigote encima de sus delicados labios y una perilla que peinaba cuidadosamente.
Sin duda, Ivoriel no era un caballero común, pero era mucho más agradable de tratar que el Gran Maestre, al menos por el momento.
—Prosigan, escuderos... —insistió Endymion.
—Llegamos a Amberdeen y nos detuvimos a preguntar en una taberna llamada «El Cordero Descarriado», tuvimos que pagar cinco monedas de plata por la información, pero una joven nos aseguró haber visto a sir Blanchester dirigirse a las ruinas del castillo —siguió narrando Albion.
—¿Y creyeron las palabras de una muerta de espíritu? —se extrañó el Gran Maestre.
—No tuvimos más opción que creerla, mi señor —intervino Luther—, los lugareños no nos veían con buenos ojos y notábamos su hostilidad hacia nosotros. Creímos oportuno seguir las indicaciones de la muerta de espíritu e ir a las ruinas del castillo en busca de Blanchester.
—Está bien —aceptó Endymion—. ¿Y qué pasó después?
Albion debía sonar creíble, así que observó el rostro impávido de su maestro y le respondió con la mayor certeza que pudo disimular:
—Encontramos a Blanchester muerto, calcinado por las propias llamas de su hoguera. Había quemado las reliquias robadas que decía la luminatriz y no hubo nada que hacer para poder salvarlas.
—Murió arrepintiéndose de su herejía —añadió Elian rápidamente.
—Sin ningún lugar a dudas —repuso Ivoriel, mientras tomaba notas aceleradamente en su libro.
—¿Y creyeron que lo mejor era traerlo de vuelta, no es así? —les preguntó Endymion.
—¿Qué otra cosa podíamos hacer, mi señor? —le respondió Luther.
—Podrían haberlo lanzado a la Fosa de los Espíritus. Supongo que vieron a nuestros hermanos caídos allí, ¿no es cierto? —les espetó el Gran Maestre.
—Supongo que podríamos haberlo hecho, pero no consideramos que fuese un acto muy honorable por nuestra parte —le rebatió Albion sin dudarlo—. Si trajimos a Blanchester de vuelta fue porque creímos que merecía una sepultura digna.
—¿Una sepultura digna para un traidor a la Orden? —se extrañó Endymion.
Albion desconocía el código de honor de los caballeros, al fin y al cabo, él no era uno de ellos, pero le pareció muy cruel que alguien como sir Cloud Blanchester, que había dedicado su vida a la Orden de Luxtenebris, no tuviese derecho a una sepultura digna, como cualquier otro.
¿Cómo podía hablar de ese modo el Gran Maestre?
¿Es que no sentía ni un ápice de pena por su caballero?
—Creo que el muchacho tiene razón, mi señor —le dijo Ivoriel deteniendo su escritura—.
Sir Blanchester cometió un terrible error al escapar y dejar la Orden que había jurado proteger, pero no podemos borrar todas las cosas que hizo en nombre de la doctrina Luminoscura y nuestro señor Deus no vería con buenos ojos dejar que su cuerpo se pudriese sin darle una sepultura digna, ¿no cree?
El senescal Edelweiss parecía tener alguna clase de influencia en el Gran Maestre, que cambió su expresión al instante y se relajó. Tal vez, Albion tenía razón y los motivos que los habían llevado a traer de vuelta a la torre el cuerpo de Blanchester fuesen realmente honorables.
—¿Y quién tuvo la idea de traer su cuerpo? —quiso saber Endymion.
Luther y Elian miraron a Albion y este reconoció que fue él.
—Yo... —susurró.
—Fue un acto piadoso por su parte, escudero Soligant. Y, por ese motivo, le propondré para ocupar el lugar de sir Blanchester como caballero de la Orden —le dijo el hombre, completamente serio—. ¿Está de acuerdo con mi decisión?
Albion tragó saliva, miró de soslayo a sus compañeros y vio la expresión de satisfacción de Elian, al mismo tiempo que la cara de envidia de Luther.
Por fin había conseguido su deseo más anhelado, el poder convertirse en caballero y tener la oportunidad de darle una mejor vida a su hermana Alva.
Sin embargo, las circunstancias de su logro no estaban libres de mentiras y secretos inconfesables.
¿Cómo iba a revelar a su maestro lo que realmente había ocurrido sin asegurarse previamente de que él no había tenido nada que ver?
Hasta donde sabía, Endymion Braithwhite poseía una poderosa emanación que le permitía controlar y manipular ilusiones, ¿y si aquella proyección astral era una simple ilusión enviada por él?
Para poder averiguarlo, para poder descubrir la misma verdad que había llevado a Blanchester a la locura, debía ser nombrado caballero.
Solo de ese modo, estaría más cerca de los otros caballeros, tanto de los de la Fuerza Lux, a los que ya conocía, como de los de la Fuerza Tenebris, que jamás había visto en persona.
Los escuderos de ambas torres nunca se mezclaban con otros caballeros que no fuesen de su misma Fuerza, así que Albion se moría de ganas de saber quiénes eran los que habitaban la torre de Obssidyan y si alguno de ellos podía haber enviado una proyección astral a matar a Blanchester.
—Creo que sí, mi señor. Estoy dispuesto a convertirme en caballero de la Orden —declaró Albion con cierta satisfacción y orgullo.
—Pues que así sea, Soligant. La entrevista ha finalizado, pueden regresar a la escudería a la espera de una decisión formal por parte de la luminatriz Morningstar.
—Habéis cumplido la misión con valentía y honor —les dijo Ivoriel—, buen trabajo, muchachos... —les felicitó.