UNO #2
El Gran Maestre les entregó el rollo de pergamino sellado y Luther se lo arrebató de las manos a Albion antes de que este pudiera hacerse con él.
—Creo que yo debería llevarlo —masculló el escudero Quellcrist.
Albion le lanzó una mirada de soslayo y no replicó en presencia de su maestro, ya tendría ocasión de hacerlo durante la misión. Tanto Luther Quellcrist como Elian Risewind sabían que Albion era su favorito y que esperaba que algún día se convirtiese en caballero.
—Confío en vosotros para cumplir con la voluntad de la luminatriz —les dijo el Gran Maestre—. Yo mismo desconozco el contenido de este pergamino, pero la sabiduría de nuestra señora es magnánima y ninguno podemos dudar de ella, ¿entendido?
—Sí, maestro —le dijo Albion, mientras que Luther y Elian asentían con sus cabezas.
—Dicho esto, debéis saber una cosa, la misión tiene por objetivo dar con un criminal del imperio que ha cometido un acto de herejía contra nuestra orden.
Demostrad que sois dignos de Luxtenebris —les dijo él—.
Id con la luz, escuderos de la Fuerza Lux.
«La luz purifica, aunque queme» —citó a modo de despedida.
Cuando por fin sonó la campana de la torre Alabashtra —una sola nota grave que resonó como un juramento—, los tres montaron en sus respectivos caballos y las sillas de montar crujieron, los caballos piafaron, y durante un instante todo el patio pareció contener el aliento.
Luego, al abrirse el portón principal, el estruendo de los cascos sobre la piedra rompió el silencio, y los tres jinetes cruzaron el umbral, llevando consigo los detalles de la misión secreta que solo descubrirían una vez hubiesen salido de la fortaleza del emperador y alejado lo suficiente para poder romper el sello del pergamino.
Albion sujetó con fuerza las riendas de su caballo y lo atusó para que corriese más rápido.
Luther y Elian le seguían de cerca, aunque varios metros por detrás.
Como en tantas otras cosas, al escudero Soligant se le daba mejor montar a caballo que a los otros dos, así que tras una marcha larga y prolongada que los alejó de la fortaleza del emperador, y una vez hubieron dejado muy atrás Cair Galad, se detuvieron cerca de un arroyo para llenar sus botas de agua fresca.
—No puedes evitarlo, ¿verdad? —le espetó Luther a Albion—, siempre tienes que hacer algo para demostrar que eres mejor que nosotros.
—Es que lo soy —le aseguró Albion.
—Parad los dos de una vez, por favor —intervino Elian—, si queremos cumplir con la voluntad de la luminatriz, debemos unir fuerzas y dejar a un lado nuestras diferencias, empezando por las estúpidas rivalidades que hay entre nosotros.
—Yo no me comportaría así si vosotros no me dejarais de lado siempre —se defendió Albion.
—Y nosotros te trataríamos mejor si fueses más amable —le espetó Luther.
—No se trata de amabilidad, se trata de que somos compañeros y que la razón de que nos hayan elegido a nosotros en lugar de a los caballeros está en ese rollo de pergamino —les dijo Elian, que parecía el más sensato de los tres.
—El Gran Maestre Braithwhite dijo que íbamos tras la pista de un criminal, quizá la luminatriz nos haya indicado quién es... —supuso Luther.
—Rompamos el sello y averigüémoslo antes de seguir a ciegas —propuso Albion.
Los tres escuderos se juntaron en torno al arroyo y Luther rompió el lacre de cera con extremo cuidado. Extendió el pergamino y comenzó a leer la carta que les había escrito Hemera Morningstar:
«En el nombre de nuestro Altísimo y bajo el sello de la Orden de Luxtenebris, a los escuderos Albion Soligant, Luther Quellcrist y Elian Risewind:
Por mandato de la luminatriz Hemera Morningstar y con la aprobación debida de la autoridad que le compete, se os encomienda una empresa de gravedad y secreto.
Sabed que el caballero sir Cloud Blanchester, otrora hermano de nuestra Orden y guardián del voto de la luz, ha quebrantado su juramento.
En acto de sacrílega desobediencia, abandonó nuestra sagrada torre durante la noche pasada, llevándose consigo armas consagradas y un códice prohibido de los archivos del priorato, secretos que jamás pueden ser desvelados a quienes no forman parte de nuestra comunidad.
Seguramente se dirigirá al norte, por los caminos que conducen a las ruinas de Amberdeen, donde seguramente buscará amparo entre gentes excomulgadas y falsos profetas. Su acción, revestida de herejía, amenaza no solo el honor de la Orden, sino la pureza de nuestra causa.
Vuestra misión es clara: partid al alba y traedlo de vuelta con vida, para que se enfrente el juicio de los suyos y el castigo que le depara su destino. Si ofreciera resistencia, no dudéis en emplear la fuerza necesaria, pues quien traiciona el juramento ha renunciado al amparo que éste concede.
Aquel de entre vosotros que muestre mayor valor, discernimiento y lealtad durante esta empresa será ascendido a caballero, ocupando el puesto que el traidor ha dejado vacío. Considerad, pues, que no solo perseguís a un hombre, sino que ponéis a prueba vuestro espíritu ante Deus y ante la Orden.
Que la luz no se aparte de vuestros pasos».
Albion le cogió el pergamino a Luther de entre las manos y se lo guardó enseguida en el bolsillo de su levita.
—Ya sabemos a lo que nos enfrentamos, el caballero Blanchester ha quebrantado su juramento, por eso no han querido enviar a otros caballeros a por él. Hubiese sido un conflicto para ellos. Nosotros no tenemos nada que perder y mucho que ganar —les dijo a sus compañeros.
—Uno de nosotros tres ocupará su lugar —masculló Luther.
—Eso no debe importarnos ahora —les dijo Elian a los dos—, si no unimos fuerzas, no podremos enfrentarnos a un caballero y ganarle. Sir Blanchester posee una emanación divina, y nosotros solo somos simples escuderos... —se temió el muchacho.
—Con emanaciones o sin ellas, Cloud Blanchester es un hereje y lo llevaremos ante la ley y la justicia de nuestra señora la luminatriz Morningstar —sentenció Albion.