CAPÍTULO 100
C uando Renata volvió de entrenar, le sorprendió encontrar el cabello aún en su sitio.
Tenía la clara sensación de que la estaban vigilando, pero ahora empezaba a preguntarse si de verdad corría algún peligro.
Quizá no era más que una sospechosa entre tantas que el FBI estaba investigando.
Mucha gente navegaba, jugaba al golf y montaba en bicicleta.
¿Y qué? Eso no significaba nada. ¿Qué pruebas reales podía tener el FBI para demostrar que había matado a alguno de esos hombres, aunque supieran que había coincidido con ellos?
No había habido testigos. Y estaba segura de no haber dejado huellas dactilares salvo con los hermanos Baylor y Alec Holvik, cuyas muertes se habían considerado accidentes.
Las huellas que pudiera haber dejado allí habrían desaparecido hacía mucho.
Aquel razonamiento le devolvió la confianza.
«Has llegado hasta aquí» , se dijo. «No te dejes distraer. Sigue con el plan y termina el trabajo».