Los asesinatos dominó (Los 4 episodios) CAPÍTULO 86
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CAPÍTULO 86

A la tarde siguiente, la agente especial del FBI Savannah Sturgeon llegó a la escena del crimen en el guardamuebles de Boston.

A principios de semana, había volado a Nueva York para investigar el asesinato de Leo Grimaldi, a quien aparentemente habían obligado a saltar desde la terraza de su ático.

El asesinato había sido la comidilla de la ciudad durante un par de días.

No porque nadie conociera a Grimaldi —era prácticamente invisible—, sino por lo insólito del caso: caer cincuenta y dos pisos desde su propio apartamento y morir.

La policía de Nueva York atribuía ahora el asesinato a una mujer joven aún sin identificar.

Había entrado en el edificio disfrazada de anciana canosa y había salido convertida en una morena de veintipocos años, lo que la policía suponía que era su aspecto real, salvo por el pelo, que podía ser una peluca, y las gafas, que podían no tener graduación.

Debido a todo el maquillaje que llevaba al entrar y a la visera larga que llevaba al salir, las imágenes de las cámaras de seguridad resultaban inútiles para los sistemas de reconocimiento facial.

Habían intentado rastrear sus movimientos antes y después del crimen con otras cámaras del barrio, pero hasta el momento sin éxito.

Ahora parecía que había matado a dos hombres más en Boston, con el mismo disfraz de «anciana».

Todos estos hombres fallecidos, adinerados y muy discretos, estaban conectados entre sí.

Conexiones tenues y difíciles de rastrear, pero cada uno de ellos tenía algún vínculo empresarial o filantrópico con los demás.

O compartían asiento en consejos de administración o donaban grandes sumas a las mismas organizaciones benéficas.

Las grandes incógnitas que rondaban a Savannah eran: 1) ¿era esta chica realmente la misma que había matado a los seis hombres: Ethan Baylor, Thomas Baylor, Alec Holvik, Leo Grimaldi, Trevor Barclay y Abdul Laghmani?

Y 2) ¿quién demonios era?

Savannah creía estar muy cerca de descubrir la respuesta a la primera pregunta.

Unas horas antes había recibido varias grabaciones de la Policía de Boston procedentes de la cámara de seguridad del guardamuebles, que mostraban distintas tomas de la «anciana» caminando con su bastón: del día en que alquiló el trastero y del día en que mató a los dos hombres.

Esas grabaciones se enviaron al Laboratorio de Análisis Forense de la Marcha del FBI en Washington D.C.

, junto con otras cinco: una de la «anciana» entrando en el edificio de Nueva York, otra de la mujer más joven saliendo, y tres de la mujer conocida como Madison Brown caminando con su bicicleta por el aparcamiento del Club Náutico de Coral Gables.

El análisis de la marcha era un método de identificación forense bastante nuevo.

La forma de caminar de cada persona, su postura y sus movimientos corporales al andar, son tan únicos como las huellas dactilares.

Ni siquiera intentar caminar de forma diferente o usar un bastón u otro accesorio altera significativamente el patrón de la marcha.

Estas características pueden analizarse con ordenadores, pero requieren un procesamiento de datos mucho más intensivo que el reconocimiento facial digital, porque no se trata de fotos fijas sino de vídeo, con miles de fotogramas que procesar.

El laboratorio había recibido todas las grabaciones varias horas antes. Le habían prometido a Savannah que tendría una respuesta antes de que acabara la jornada.

Mientras tanto, quería echar un vistazo a la escena del crimen en el trastero, que aún estaba relativamente fresca, por si encontraba algo más.