CAPÍTULO 77
T ras dos largas horas, Renata detectó movimiento en las puertas principales de la mansión: una de ellas empezaba a abrirse hacia el interior de la propiedad.
Unos segundos después, un largo coche antiguo de color verde salió por la entrada, se detuvo en la carretera y se incorporó al tráfico, alejándose de ella. El morro era mucho más largo que la parte trasera, con una pesada parrilla cromada en el frontal y algún tipo de emblema en lo alto.
No era ninguna experta en coches, pero le pareció un viejo Rolls Royce o un Bentley.
Desde luego, parecía el tipo de coche que conduciría alguien asquerosamente rico, o en el que un chófer lo pasearía.
Renata arrancó y salió tras él.