Los asesinatos dominó (Los 4 episodios) CAPÍTULO 51
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CAPÍTULO 51

E n cuanto terminara su entrenamiento matutino con Michael Yoo, pensaba ir a casa y de ahí directamente al aeropuerto. Tenía todo preparado, listo para partir, incluido el equipo de camping que había comprado en California.

—Renata —dijo Michael—, has progresado más en los últimos dos meses que la mayoría de mis alumnos en un año.

—Bueno, la mayoría de tus alumnos no entrenan contigo de forma individual.

Ella y Michael todavía llevaban puestos los uniformes. Él se secó la cara sudorosa con una toalla mientras la observaba. Tenía una mirada extraña en los ojos.

—Pero es más que eso, ¿no?

—¿A qué te refieres? —preguntó ella, nerviosa.

Él empezó a decir algo, cerró la boca y luego dijo:

—Vamos a mi despacho y te doy el contacto en Florida.

Ella lo siguió hasta el pasillo. Le había preguntado si conocía a algún instructor de artes marciales con quien pudiera seguir entrenando mientras estuviera fuera, como había hecho en San Francisco.

Michael rebuscó en su escritorio, encontró una tarjeta de visita y se la entregó.

—Este tipo es bueno, Rafael Montero. Es cubano. Pero necesito quedarme con la tarjeta...

Renata le hizo una foto con el móvil.

Michael se quedó allí, mirándola otra vez de aquella manera extraña.

—Renata, me dijiste que querías seguir con tu entrenamiento de artes marciales para defensa personal. Pero, la verdad, pareces más interesada en las técnicas ofensivas.

—¿Eso parece? —dijo ella sin inmutarse.

De repente, Michael hizo una reverencia ante ella, y Renata se cuadró y le devolvió el saludo.

—Aunque ahora estés aprendiendo muchos movimientos de Krav, sigo considerándote alumna de Taekwondo, porque esa es tu base. Recitemos juntos el juramento del estudiante, ¿te parece?

—De acuerdo...

Juntos, recitaron:

— Observar los principios del Taekwondo .

— Respetar a todos los superiores e instructores .

— Nunca hacer mal uso del Taekwondo .

Al terminar esta frase, Michael hizo una pausa de un segundo y la miró fijamente a los ojos.

— Ser un campeón de la libertad y la justicia .

— Ayudar a construir un mundo más pacífico .

Volvieron a hacerse una reverencia mutua.

—¿Pasa algo? —preguntó ella, inquieta.

—En absoluto —Michael sonrió—. Que tengas buen viaje a Florida. Y dale recuerdos a Rafael de mi parte.