CAPÍTULO 52
C uando Renata aterrizó en el Aeropuerto de Miami, cargó el equipaje en un carrito, lo sacó a la calle y pidió a un taxista que la llevara a la tienda de artículos deportivos más cercana.
Mientras él esperaba, compró una bicicleta plegable y después le pidió que la acercara a un cruce cerca del Manatee Campground.
El campamento estaba cerca de la bahía de Biscayne, a unos ocho kilómetros del Club Náutico de Coral Gables. Renata sabía que si llegaba en bicicleta, con todo el equipo y la ropa a la espalda, el único registro de su estancia sería la información de su carné de conducir.
La semana anterior había vuelto a ver al húngaro en Stockyards y había conseguido un carné de conducir falso nuevo.
Este tenía formato de Illinois y estaba a nombre de Madison Brown.
Para la nueva identidad y la foto, se había comprado una peluca nueva: más larga, rojiza, con trencitas y cornrows.
El peinado más «salvaje» la hacía parecer aún más distinta de su disfraz anterior, al menos a sus propios ojos.
Había decidido que no podía arriesgarse. Había comprado el billete de avión en efectivo con la documentación de Madison Brown, y esperaba no tener que usar su identidad real hasta estar de vuelta en Cleveland, sana y salva.