Capítulo 94
F airweather esperó su respuesta con las manos entrelazadas ante sí.
—No —dijo Yorke.
Fairweather no se movió.
—No puedo hacer eso —añadió Yorke.
Alson habló por primera vez.
—¿Cuál es la alternativa, inspector jefe Yorke?
Yorke entornó los ojos en dirección al abogado; el muy cabrón estaba disfrutando con aquello.
—¿Qué tal si utilizo todas las pruebas de este maletín para meter a Neville en la cárcel? —Volvió a mirar a Fairweather—. ¿En vez de dejarte marchar impune y que encima te concedan algún maldito título de caballero?
Fairweather regresó junto a la ventana.
El abogado suspiró y tomó notas.
Debieron de transcurrir tres minutos. Yorke sentía una mezcla insólita de furia y desesperación.
Al final, Fairweather dijo:
—¿Por qué sigue aquí, inspector jefe Yorke?
—Maldito seas, Neville.
Las palabras quedaron suspendidas en la estancia.
—Mike —dijo él, volviéndose—. Eres un buen hombre.
Yorke respiró hondo y lo fulminó con la mirada.
—Significa mucho viniendo de ti.
—COLSIS es un pez gordo —dijo Fairweather—. Uno de los más gordos. Acepta lo que te ofrezco.
—Atrapar a un pez gordo a cambio de dejar escapar a otro aún mayor.
Fairweather volvió a formar la pirámide con las manos.
—A veces debemos elegir. ¿Cómo puede una decisión necesaria convertir a alguien en una persona inmoral? Se hará justicia. Lo único que ocurre es que no puedes tener ambas cosas.
—Esto es un soborno —dijo Yorke.
—No estoy de acuerdo. No es dinero, sino la vida de una persona.
Seguro que ves la diferencia. SEROCU es buena, pero no disponéis de los recursos, la información ni el alcance necesarios para derribar a esta organización.
Créeme, quienes buscan a Emma sí cuentan con las tres cosas, y llevan décadas haciendo esto.
Si sales de esta habitación sin mi ayuda, Emma Gardner morirá.
La encontrarán y terminarán lo que empezaron.
No quiero que eso ocurra. —Sostuvo la mirada de Yorke—.
De verdad que no, al margen de lo que decidas creer sobre mis motivaciones.
—Pues hazlo de todos modos —siseó Yorke—. Si tus motivaciones son tan admirables, sálvala.
—Lo he estado intentando. Con todas mis fuerzas. De verdad que he hecho cuanto estaba en mi mano. Ya tendré que pagar un precio muy alto por haber llevado esto tan lejos. Esta es la última vía, la solución definitiva: acabar con COLSIS.
—Pues acaba con ellos de todos modos. Dame a COLSIS y deja que Aegis se venga abajo con la demolición.
Fairweather negó con la cabeza.
—No puedo hacer eso. Y tampoco puedo esperar que entiendas por qué. Este país es más seguro gracias a mí y seguirá siéndolo. Nunca te permitirás verlo. Pero los hechos no cambian.
—He dicho que no —dijo Yorke.
Fairweather asintió.
—Entiendo por qué, pero aceptarás el trato.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque no puedo ceder primero. Nunca lo he hecho. No está en mi naturaleza. La muerte de Emma me atormentará, pero ni siquiera así sería capaz de ceder.
Yorke aferró los brazos de la silla. Quería abalanzarse sobre la mesa. Quería hundirle el puño en la cara al hombre que acababa de reducir la vida de Emma Gardner a una baza negociadora.
En lugar de eso, cerró un instante los ojos y respiró hondo varias veces.
Fairweather miró a su abogado.
—Frederick, ¿tiene el acuerdo de inmunidad?
—Aquí... —Alson se levantó, se acercó y dejó el sobre delante de Yorke.
—Mira, soy plenamente consciente de que tendrás que llevártelo para que lo aprueben, y estoy seguro de que introducirán algunos cambios..., pero el acuerdo es sólido. Toda la información sobre la organización de Eric Maitland y plena inmunidad para mí por todo.
Eric Maitland.
Accionista mayoritario de COLSIS.
—La inmunidad abarcará todo lo anterior a este momento —dijo Yorke, arqueando una ceja—. A este preciso instante. No permitiré que sigas haciendo lo que haces sin afrontar las consecuencias.
—Todo lo anterior al momento en que firmemos —dijo Fairweather con un asentimiento.
Yorke negó con la cabeza.
—No lo sé.
—Luchas contra lo inevitable mientras alguien que nos importa a los dos está en peligro.
Yorke se frotó las sienes.
—Tú no empezarías siquiera a comprender lo que significa preocuparse por alguien.
En el fondo, Yorke sabía que iba a ocurrir algo así. Al venir allí ese día, ¿qué podía esperar en realidad?
Pero ahora que lo tenía delante, lo sacudió hasta lo más hondo.
—Me lo das todo. —Su voz sonaba serena. Profesional.
La voz de un hombre que negociaba, no que se rendía—.
Nombres reales. Direcciones. La estructura completa de la organización: todos los nombres, todos los nodos, todos los canales financieros.
Y pruebas. No información de inteligencia.
Pruebas. De las que meten a la gente en la cárcel.
—Está todo en los documentos de mi abogado, y lo que recibirás hará que eso... —señaló el maletín— parezca una multa de aparcamiento.
—Y me das la ubicación de Emma.
Fairweather levantó un dedo.
—No exactamente. No revelaré nada sobre Emma hasta que sepa que esta organización ha dejado de ser una amenaza.
De verdad que eres todo un personaje.
—¿Cómo sé que puedo confiar en ti?
—En el fondo, lo sabes.
—Si muere, Neville, no habrá lugar en la Tierra donde no vaya a encontrarte. Ni abogado, ni casa de campo, ni acuerdo de inmunidad podrán protegerte de mí. Estoy dispuesto a sacrificar mi propia vida con tal de acabar con la tuya.
Fairweather sonrió.
—Te creo —dijo—. Es la única razón por la que he decidido negociar contigo. A este nivel, solo las personas fieles a sus convicciones pueden colaborar.
—Para que quede claro: odio esto y te odio a ti.
Fairweather asintió.
—Lo entiendo. Y, si te sirve de consuelo, creo que estás siendo más que justo.
—No me sirve.
Yorke se marchó aferrando el acuerdo. La grava crujió bajo sus pies. Metió el maletín en el coche. Se sentó al volante. Apoyó las manos en él y permaneció así durante un tiempo indeterminado.
Había salido con todas las pruebas que había llevado consigo. No importaba. Fairweather no necesitaba las pruebas. Iba a conseguir que las invalidaran. Iba a quedar en libertad.
Todo lo que Hollow había tardado quince años en reunir. Todo aquello que Gardner había arriesgado la vida para descubrir.
El precio por recuperar a Emma era alto.
Pero él habría pagado cualquier cosa.