Capítulo 49
G ardner no las había sentido venir.
Se detuvo en lo alto de la calle de Barry y las lágrimas empezaron a brotar sin más.
Fue algo totalmente inesperado: se sentía tan animada.
Estaba claro qué canción las había desencadenado.
Last Christmas .
Cuando acababa de llegar a Knaresborough, Gardner tenía la costumbre de pasarse el día entero sin comer si estaba metida de lleno en un caso.
Lucy la había apoyado desde el principio y le dejaba barritas de cereales en el escritorio siempre que tenía ocasión.
En vísperas de su primera Navidad en Knaresborough, Lucy le había dejado en el escritorio un paquete de pastelitos de fruta.
Al terminar el turno, Gardner la había llamado a su despacho. —Lucy, no tenías por qué...
—Lo sé.
Juntas, se habían comido los seis mientras escuchaban Last Christmas .
Incluso ahora podía ver a Lucy mirándola fijamente, con aquellas miradas largas y sostenidas.
¿Sabía entonces lo que sentía por mí?
En cierto modo, sí, pero Riddick la había tenido demasiado absorbida como para darse cuenta de verdad.
Se miró en el retrovisor. Ojos enrojecidos. La piel cubierta de manchas. El fantasma de la mujer que había sido le devolvía la mirada.
Oyó la voz de Lucy. —Serénate, Emma. Tus hijos te están esperando.
Asintió.
Pensó en Rose, en cuánto necesitaba a una madre. En cuánto necesitaba aquella mañana de Navidad perfecta.
En cuánto la necesitaban todos.
Inspiró hondo. Y otra vez. Se miró la cara en el retrovisor. Se secó las últimas lágrimas.
¿Estás bien? , preguntó Lucy desde algún lugar en lo más profundo de su ser.
Estoy bien.
Se apartó del bordillo y empezó a bajar por la calle de Barry.