Capítulo 48
C raig volvió a encender la radio.
«Last Christmas».
Otra canción que le recordaba a Cecilia.
Sobre todo porque a ella le encantaba George Michael.
Cantaba fatal mientras bailaba por la cocina, paño de cocina en mano, cantando que iba a entregar su corazón a alguien.
Solía reírse de su propia falta de ritmo, y ahora él también se echó a reír.
Era la primera vez que se reía desde hacía muchísimo tiempo, y se sintió culpable. Apagó la radio, cerró los ojos y suspiró.
Dejó que el silencio se asentara a su alrededor y permitió que su mente vagara hasta la casa de campo.
El lago. El aislamiento. La garza.
Sin prismáticos. Sin vigilancia. Sin su hermano.
Solo la garza en la orilla y la fría y límpida nada.
Podría haber pasado la mañana de Navidad contemplando cómo se alzaba la bruma del lago.
Podría haber escuchado el viento entre los árboles.
Abrió los ojos y vio a Keith salir del coche.
Fue tan repentino e inesperado que creyó que el corazón se le había parado. Se llevó una mano al pecho.
Su hermano cerró la puerta del coche tras él. Mientras se ajustaba la chaqueta, miró a ambos lados, pero no para comprobar si venía algún vehículo.
Buscaba posibles testigos.
Pero la calle estaba desierta. Todo el mundo estaba dentro de sus casas, con sus familias, sus regalos y la cena de Navidad en el horno.
Nadie que pudiera verlo.
Nadie que pudiera detenerlo.
Keith caminó hacia la casa.
Craig alargó la mano hacia la guantera y sus dedos se cerraron en torno a la pistola.