Capítulo 34
C raig siguió el consejo de Fiona y fue al Drover’s Rest.
Un hombre como usted.
O, mejor dicho: el hombre que podría llegar a ser.
El Drover’s Rest era un edificio bajo y encalado, con cestas colgantes de flores marchitas en el exterior, mucho después de acabada la temporada. Dentro: vigas oscuras, adornos de latón con motivos ecuestres, olor a madera vieja y cerveza derramada.
Pintoresco.
Tal como Fiona le había prometido.
Había un hogar de piedra, pero aún hacía demasiado calor para encenderlo. Aun así, se sentó a su lado con un whisky de malta, imaginándose cómo sería aquello en invierno.
Hizo girar el vaso entre las manos. El líquido ambarino se arremolinó.
Pensó en Keith y en que llevaba dos semanas sin verlo.
Era la vez que más tiempo habían estado separados desde Bosnia.
Bebió el whisky.
Después de Harold Crabtree, habían pasado unos días juntos en un hotel, a la espera de que el encargo contra Emma Gardner pasara por fin de pendiente a activo.
No había ocurrido. De hecho, había sucedido algo muy peculiar: había bajado de nuevo a vigilancia.
Al cabo de una semana vigilándola, había quedado claro que Gardner había dejado de hacer averiguaciones sobre Neville Fairweather, Aegis Dynamics, COLSIS Ltd y los objetivos recientes.
¡Había desistido!
Era lo más sensato. Por lo visto, ya había enviado a sus hijos a vivir temporalmente con Barry hasta que ella estuviera a salvo.
Craig se alegraba y, por él, la inspectora jefa Emma Gardner podía desaparecer de aquella lista cuanto antes.
Keith, en cambio, estaba decepcionado.
Nunca lo dijo. No era propio de él. Pero Craig lo sabía.
El cambio en el comportamiento de su hermano había sido evidente.
Y un día, dos semanas atrás, Keith se había puesto en contacto con Control y había aceptado otro proyecto, dejando a Craig la tarea de vigilar a Gardner.
Antes de marcharse, Keith le había pedido a Craig que se pusiera en contacto con él cuando el caso de Gardner volviera a escalar.
La posibilidad de que eso no ocurriera no parecía entrar en sus cálculos.
Lo último que dijo Keith antes de emprender el viaje por su cuenta fue:
—No creo en dejar asuntos a medias.
Más te vale creer, hermano, había pensado Craig.
Sí. Gardner lo había dejado correr. Y era algo maravilloso. Había elegido a sus hijos por encima de la obsesión que la consumía. Para eso hacía falta fortaleza.
Verdadera fortaleza.
Y significaba que no faltaría mucho para que pudiera retirarse.