Capítulo 6
B arry Gardner había tenido muchos defectos durante su matrimonio, pero, en lo que a exmaridos se refería, probablemente era uno de los mejores.
Nunca se había quejado de tener también a Rose, la sobrina de Gardner, durante las semanas que le correspondía estar con Ana.
La mayoría de los exmaridos habrían puesto reparos a cuidar de la hija de un sociópata que ni siquiera era de su propia sangre.
Gardner levantó la mano y se tocó la cicatriz que tenía bajo la línea del cabello, la que le había hecho Jack, su hermano, cuando solo tenía ocho años. Con una piedra.
¿Había querido matarla?
Probablemente no, pero desde luego sí había querido hacerle daño. Mucho daño.
Su carácter frío lo había acompañado toda la vida, y sus intentos de hacer de padre de Rose habían sido ambiciosos y, a la postre, habían fracasado.
Gardner sí creía que Jack había querido a Rose a su manera.
Significara eso lo que significase.
Desde luego, era una forma de querer que solo él entendía.
En cualquier caso, Jack ya no estaba. Había desaparecido. Rose había recibido una postal anónima desde Brasil, así que creía que seguía vivo.
Eso le proporcionaba cierto consuelo, pero el daño ya estaba hecho.
Alzó la mirada hacia el entramado de la pared y hacia la fotografía de su hermano, con aquellos ojos vacíos.
Resultaba surrealista.
Aun así, la línea que lo conectaba con Fairweather, en el centro, lo anclaba a la realidad.
Jack había trabajado para él tiempo atrás.
Había hecho cosas para él.
Teniendo en cuenta su carácter y su historial, no hacía falta ser un genio para deducir en qué habría consistido probablemente su trabajo.
A veces, cuando se sentía especialmente desesperada y perdida, se preguntaba qué papel habría desempeñado él en la muerte de sus amigos. Al fin y al cabo, su desaparición había coincidido con aquellos trágicos sucesos.
Pero enseguida lograba sobreponerse repitiéndose que tal vez incluso él considerase que aquello era ir demasiado lejos. Al fin y al cabo, ella estaba cuidando de su hija.
¿Por qué iba a querer destrozarla con semejante tragedia?
Esperaba de verdad que no fueran meras ilusiones.
A veces se preguntaba si aún había esperanza para Barry y para ella.
Él le había sido infiel, sí, pero ella se había mostrado distante; distante hasta el punto de estar en la otra punta del país.
Y, mientras tanto, había empezado a sentir algo por Paul Riddick, unos sentimientos por los que nunca se había dejado llevar, pero que Barry había percibido de todos modos.
Tal vez no estuviera en posición de reprocharle nada.
Aun así, era poco probable.
Le tenía cariño, pero sus sentimientos ya no eran tan intensos.
También se preguntaba si el comportamiento altruista de Barry había sido realmente algo bueno.
Al llevarse también a Rose, le había dado a Gardner espacio para respirar, sí.
Pero también le había dado espacio para pensar.
Y esos pensamientos no habían tardado en volverse voraces, en devorarla, hasta que la obsesión había hecho metástasis y se había convertido en un entramado que cubría toda la superficie de la pared, del suelo al techo.
Era la obsesión hecha materia.
Y ahora sabía que no se detendría, que jamás podría detenerse.
No hasta que Fairweather estuviera bajo custodia.
O hasta que ella estuviera muerta.