Los años dormidos CAPÍTULO VII #2
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CAPÍTULO VII #2

Luego fueron a dar un paseo al barracón, iba a dar una vuelta hasta que volviera su hermano y ella fue con él.

Al acabar tomaron algo en la cocina del barracón y un café y se fueron a la casa grande.

Él tenía despacho, llevaba un manojo de facturas y demás.

Ella se echó en el sofá cuando se dio una ducha y se cambio de ropa él fue a su cabaña y se vi no en chándal.

Y la vio tirada en el sofá…

-¡Qué vaga eres!

-Aún tengo sueño acumulado.

-¿Te ha gustado la yegua?

-Sí, le voy a poner Blanca.

-Es blanca

-Por eso.

-¡Cómo eres. Mujer! Voy a trabajar un poquito, pongo el aire que va haciendo calor.

-Me quedo aquí. Luego pondré mis libros en la sala y el pc.

-Vale. Te conectaré la impresora. Mamá te ha comprado carpetas y se ha traído media librería. La niña mimada.

-Soy la niña mimada. ¿Tienes celos?

-No precisamente de ellos.

-Ni de nadie.

-Está bien, dame un beso que me entretienes.

-Mira quien habla…

…

Cuando volvieron sus padres, ella estaba terminando de colocar los libros en su estantería y Luca conectándole la impresora. Habían terminado de su precioso despacho junto a la ventana.

Su sala preciosa.

Los oyó entrar.

-Papá, mamá…

Y se abrazaron fuerte.

-Perdona mi niña, tuvimos que ir a un cumpleaños

-No pasa nada, he estado con Luca.

-Y aquí estoy- dijo Jeremy y la cogió en alto abrazándola y besándola.

-¡Estás loco!, bájame anda.

Luca no le gustó demasiado.

Pero volvían a ser esa familia que soñaron sus padres siempre.

La cena fue preciosa. Ella les contó todo de nuevo. Que iba a descansar unas semanas, que estaba derrotada que su madre le debía unas compras, que iban a ir a la peluquería y a todo. Un día de chicas.

Que iba a comprase un coche y todos le dijeron qué coche debía comprarse.

Jeremy habló de los pastos del norte.

Y los padres querían hacer una barbacoa un domingo por la mañana con sus amigos más íntimos para celebrar su vuelta.

Todo era maravilloso.

Y todo se cumplió en una semana.

Hasta la barbacoa en que se lo pasó estupendamente.

Y a veces, menos iba a la cabaña de Luca y hacían el amor. Varias veces.

Intensamente.

Apasionadamente.

Como furtivos.

Reían.

Se conocían.

Jugaban.

Le enseñó a montar a caballo.

Poco a poco.

Se abrieron las piscinas.

Se bañaba en casa de sus padres, en la de los gemelos los tres y se lo pasaban bien.

Hasta que Jeremy al mes de llegar ella, supo que había pasado algo entre ellos…

CAPÍTUO VIII

Jeremy encontró a Luca sentado en el porche de su cabaña cuando el sol comenzaba a caer sobre el rancho.

Se sentó a su lado. Serio él siempre que era el más simpático.

-¿Piensas decírmelo tú o voy a tener que seguir fingiendo que no veo nada?

Luca levantó la vista lentamente.

-No sé de qué hablas.

Jeremy soltó una carcajada.

-Por favor, somos gemelos. Te conozco desde que estábamos en el vientre de nuestra madre, fuese quien fuese. Sé cuando mientes, cuándo estás enfadado y cuándo te has enamorado.

Luca apartó la mirada.

-No me he enamorado nunca y no lo estoy.

-Claro, y yo soy astronauta.

Un silencio incómodo se instaló entre ellos.

-La vi salir de tu cabaña la otra noche- dijo Jeremy finalmente.

Luca tensó la mandíbula.

-No digas nada.

-¿Desde cuando?

-Da igual.

-¿Desde cuándo Luca?

Su hermano suspiró.

-Desde antes de irse y volver. Surgió, sin más.

Jeremy se pasó una mano por el pelo.

-Mamá y papá van a perder la cabeza cuando se enteren.

-Por eso nadie tiene que enterarse. Es pronto aún.

-Es nuestra hermana.

-No es nuestra hermana.

Jeremy abrió la boca para responder, pero se quedó callado.

Era cierto.

Sira no compartía sangre con ellos. Había aparecido en sus vidas apenas unos meses antes. Sin embargo, tras tantos años buscándola, David y Hellen la habían recuperado como a una hija.

-Para ellos sí lo es.

-Lo sé.

Aquella respuesta salió demasiado rápida, demasiado cargada de culpa.

Jeremy observó a su hermano durante unos segundos.

-¿La quieres-

-Mas de lo que debería.

Por primera vez, Jeremy dejó de bromear.

-Entonces esto va en serio.

Luca asintió.

-Y eso es precisamente lo que me preocupa.

El viento movió las hojas de los árboles cercanos.

-¿Y ella?- preguntó Jeremy.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Luca.

-Ella también.

Jeremy resopló.

-Tenías que complicarnos la vida.

-No fui yo quien apareció en Texas veintidós años después.

-No, pero sí el que decidió enamorarse.

Luca se encogió de hombros.

-Créeme, no estaba en mis planes enamorarme.

Jeremy permaneció en silencio unos segundos antes de darle una palmada en el hombro.

-No voy a decir nada.

Luca levantó la cabeza.

-¿En serio?

-Eres mi hermano.

-Gracias.

-Pero si la haces sufrir, te rompo la cara.

Luca soltó una carcajada.

-Buena suerte.

-Te recuerdo que nací siete minutos antes que tú- dijo Jeremy.

-Y yo te recuerdo que sigo siendo más fuerte.

Jeremy sonrió.

-Ya veremos.

Durante unos instantes volvieron a sentirse como los niños que habían llegado al rancho juntos muchos años atrás.

Pero cuando Jeremy se dio la vuelta para marcharse, se detuvo.

-Luca.

-¿Sí?

-Ten cuidado.

Porque los dos sabían que el verdadero problema no era el secreto. Era lo que ocurriría cuando David y Hellen lo descubrieran.

Durante más de un mes, la vida fue maravillosa en el rancho.

Septiembre llegó casi sin darse cuenta.

El verano que Sira había imaginado como una breve visita se había convertido en algo más profundo. Había pasado más de dos meses en el rancho Allen, el doble de la meta que se puso para encontrar trabajo, y por una vez después de meses sentía que pertenecía a algún lugar.

Había mañanas en las que acompañaba a Hellen a Austin para perderse entre tiendas, cafeterías y librerías. Otras veces era Jeremy quien se empeñaba en sacarla del rancho para enseñarle algún rincón nuevo de Texas. Siempre entre bromas y carcajadas.

David, por su parte, aprovechaba cualquier excusa para compartir tiempo con ella- un paseo a caballo, revisar una cerca, una comida improvisada bajo los árboles. Veintidós años después, seguía intentando recuperar cada minuto perdido..

Y luego estaba Luca.

Su secreto.

Su refugio.

Su mayor felicidad.

Nadie sabía que, salvo Jeremy, algunas noches, cuando habían cenado, se iba con ellos a charlar la porche los hermanos. Jeremy se retiraba y ellos se metían a hacer el amor, besarse, acariciarse, un par de horas antes de ir a dormir.

Habían dejado de fingir que aquello era algo pasajero.

Se habían enamorado.

Y precisamente por eso cada vez resultaba más difícil ocultarlo.

Pero septiembre también traía consigo la realidad.

Una mañana después del desayuno, Sira apareció en la cocina con su portátil. También le dedicaba a repasar el derecho mercantil, una hora al día. A cómo será ser abogado en Austin, como funcionaba allí todo, algunas leyes distintas. Se puso al día.

Así que cuando apareció delante de su madre con el pc bajo el brazo…

-Creo que ya es hora.

Hellen levantó la vista de su café.

-¿Hora de qué hija?

-De buscar trabajo.

David frunció el ceño.

-Pensé que aún ibas a trabajar unas semanas más.

-Llevo más de un mes descansando, papá.

La palabra seguía emocionándolo cada vez que la escuchaba.

-Además no he venido para convertirme en una princesa del rancho.

Jeremy que entraba en esos momentos soltó una carcajada.

-Una lástima. Ya te veía conduciendo un tractor con corona.

-Cállate.

-Jamás.

Sira abrió el portátil.

-Soy abogada mercantil. Tendré que empezar a mover currículums.

-Pues no te va a faltar trabajo en Austin- comentó David.

Y tenía razón.

Durante toda la mañana revisó ofertas. Grandes firmas, despachos medianos, asesorías jurídicas corporativas. Hasta que una llamó especialmente su atención:

Harrison, Cole & Whitman LLP.

Uno de los bufetes mercantiles más prestigiosos de Austin.

Más de cien abogados.

Clientes nacionales.

Especialistas en fusiones empresariales, contratos internacionales y derecho corporativo.

Justo su campo.

Sira leyó la oferta dos veces.

-Esta me gusta.

Jeremy se inclinó por encima de su hombro.

-Suena importante.

-Lo es.

-Entonces manda el currículum.

-No es tan sencillo.

-¿Por qué?

-Porque seguramente recibirán cientos.

David observó la pantalla.

-¿Y?

-¿Y qué?

- Que tú has elegido casos mercantiles en Sevilla. Has llevado empresas internacionales. Hablas dos idiomas. Y eres una cabezota.

Jeremy asintió.

-Eso último debería darte puntos extra.

Hellen le dio un golpe cariñoso en el brazo.

-Haz caso a tu padre.

Sira sonrió.

Quizá tenían razón.

Abrió el correo.

Adjuntó el currículum.

Añadió su experiencia profesional.

Y, tras unos segundos de duda, pulsó enviar.

El mensaje desapareció en la pantalla.

Ya estaba hecho.

-Bueno- dijo cerrando el portátil- ahora toca esperar.

Lo que ninguno de ellos sabía era que, tres días después, recibiría una llamada del propio socio director del bufete.

Y que aquella entrevista iba a cambiar muchas más cosas de las que imaginaba. Entre ellas, el futuro que esperaba construyendo en Texas… y el secreto que compartía con Luca.

Tres días después, Sira estaba ayudando a Hellen a colocar unas plantas nuevas junto al porche cuando sonó su móvil.

Miró la pantalla.

Número desconocido de Austin.

-¿Sí?

-¿La señorita Allen?

-Soy yo, sí.

- Mi nombre es Richard Cole, socio director de Harrison, cole& Whitman.

Sira se incorporó de golpe.

Hellen observó unos metros más allá.

-Sí dígame.

-Hemos revisado su currículum. Francamente nos ha impresionado su experiencia en Sevilla. Nos gustaría entrevistarla.

Sira intentó mantener la calma.

-Por supuesto.

-¿Podría venir mañana a las diez?

-Sí claro.

-Perfecto, la esperamos mañana.

La llamada terminó.

-¿Sira?- preguntó Hellen.

Ella sonrió.

-Tengo entrevista mañana. Con ellos…

Hellen lanzó un pequeño grito de alegría y la abrazó.

-¿Lo sabía!

Aquella noche todo el rancho se enteró.

David abrió una botella de vino para celebrarlo.

Jeremy aseguró que ya veía a su hermana convertida en una poderosa ejecutiva.

Luca permaneció más callado, aunque cada vez que sus miradas se cruzaban veía el orgullo reflejado en sus ojos.

…

A la mañana siguiente, Sira salió temprano en su monovolumen.

Había elegido un traje azul marino elegante y discreto, el mismo que utilizaba para reuniones importantes en Sevilla.

Austin bullía de actividad cuando llegó al distrito financiero.

El edificio del bufete ocupaba veinte plantas de cristal y acero.

Imponente.

Respiró hondo.

-Vamos allá.

La recepción era tan elegante como esperaba.

Una asistente la acompañó hasta una sala de reuniones en la planta diecisiete.

Cinco minutos después, entraron tres personas.

Un hombre de unos sesenta años.

Una mujer rubia de mirada afilada.

Y un abogado más joven que parecía rondar los cuarenta.

-¿Señorita Allen?-dijo el hombre estrechándole la mano- soy Richard Cole.

Las siguientes dos horas fueron intensas.

Hablaron de operaciones empresariales.

De conflictos societarios.

De contratos internacionales.

De negociación.

De gestión de crisis.

Sira respondió con seguridad.

Aquella era su terreno.

Su mundo.

No necesitaba fingir.

Al terminar, la mujer cerró la carpeta.

-Tengo una ultima pregunta.

-Claro.

-¿Por qué abandonar y vender una empresa consolidada en España para venir a Texas?

Por primera vez la respuesta no estaba en ningún currículum.

Sira guardó silencio unos segundos.

-Porque encontré a mi familia.

Los tres entrevistadores intercambiaron una mirada.

-Es poco habitual.

-Mi vida cambió hace unos meses.

-¿Y no piensa volver a España?

-No.

Por primera vez estaba segura, completamente.

-Mi hogar está aquí.

Cuando salió del edificio se sentía satisfecha.

Había dado lo mejor de sí.

No podía hacer más.

Pero mientras esperaba el ascensor, escuchó una voz detrás de ella.

-¿Señorita Allen?

Era Richard Cole.

-¿Sí?

El socio director sonrió.

-Normalmente esperamos varios días antes de tomar decisiones.

Sira notó como el corazón le golpeaba el pecho.

-Pero en ocasiones, no es necesario.

-¿Qué quiere decir?

-Que nos gustaría que se incorporara al bufete.

Sira se quedó inmóvil.

-¿Perdón?

-El puesto es suyo si lo quiere.

Por primera vez en toda la entrevista se quedó sin palabras.

-¿Tan rápido?

Richard soltó una carcajada.

-Llevamos meses buscando a alguien con su perfil.

Le entregó una carpeta.

-Encontrará dentro la propuesta económica y las condiciones.

Sira sonrió. Y estuvo a punto de atragantarse.

Era casi el doble de lo que ganaba en Sevilla.

-Además seguro médico, bonus anual y participación en beneficios ¿Qué le parece?

Ella levantó la vista todavía incrédula.

-Creo que necesito sentarme.

Richard volvió a reír.

-Tómese el fin de semana para pensarlo.

Pero mientras regresaba al rancho con la oferta sobre el asiento del copiloto, Sira ya sabía la respuesta…

Y esa vez sí que lo celebraron con causa.